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17 relatos de amor incondicional:

“Cuídame, que yo te cuido”

Así se llama el conmovedor conjunto de relatos de las experiencias de cuidadoras del Programa de Apoyo Familiar (PAFAM) de Maule. A pocos días de la Navidad, en el libro “Cuídame, que yo te cuido” ellas reflexionan sobre su trabajo asistiendo a otros. Fe en Dios, coraje, pero también codependencia emocional, cansancio y baja autoestima son rasgos habituales, exacerbados por la falta de reconocimiento y apoyo en su labor.

Por Matías Concha P. 

27 Diciembre 2023 a las 19:37

Según la OMS, el “cuidador” es la persona del entorno del enfermo que asume voluntariamente el papel de responsable y está dispuesto a tomar decisiones por y para el paciente, y a cubrir sus necesidades. Una de ellas, María Hernández (73), cuidadora de Marlon Martínez, comparte en este conjunto de 17 relatos, llamado “Cuídame, que yo te cuido” su desgarradora experiencia al criar a su nieto con muy poco apoyo. “Hay días en que él es muy atento, pero en ocasiones se pone agresivo y no sé cómo tratarlo. Hay veces en que me da mucha pena, porque él no pidió venir al mundo con problemas y a mí, como adulta mayor, me cuesta el doble atenderlo”.

-¿Hay alguien que los apoye?

-Yo lo amo mucho y estamos los dos solos, pero tenemos familia alrededor que nos apoya, ya sea con cariño y también con apoyo económico. No estamos desamparados. Tenemos varias redes de apoyo en el sistema, como el Hogar de Cristo y el Pago Asociado a Diagnóstico (PAD) de Talca, que están ciento por ciento con nosotros. Yo les agradezco mucho, porque no sería capaz de seguir adelante sin el apoyo que nos dan. Con tantas muestras de aprecio y ayuda, a veces con pequeñas cosas que nos sirven mucho, y le dan sentido a todo esto.

María pertenece al grupo de cuidadoras del Programa de Apoyo Familiar (PAFAM) de Maule, que decidieron plasmar sus experiencias en el libro  “Cuídame, que yo te cuido”. Son 17 relatos que resumen la silenciosa labor de las cuidadoras.

Ramona Gatica (60) es otra de ellas. Principal cuidadora de su hija con síndrome de Down, revela la principal dificultad que le ha tocado sobrellevar: “El principal desgaste que puede llegar a sentir una cuidadora es cuando los médicos le dicen a una que ya no hay nada por hacer con la persona que tiene a su cargo. En mi caso, a mi hija la han desahuciado varias veces, y me sentido morir”.

-¿De dónde sacas la fuerza?

-Una se aferra a la súplica a Dios para que te dé las fuerzas de seguir adelante. Llevo 35 años siendo cuidadora de mi hija. Y antes fui cuidadora de una persona con cáncer terminal. Créeme: Dios sí da fuerzas. Acá sigo cuidando a mi hija. Al principio, no entendía mucho qué significaba el síndrome de Down y más cuando el médico me dijo que mi hija no viviría más de cinco años por haber nacido así, pero, gracias a Dios, ella hoy tiene 35.

En Chile, el 72% de quienes cuidan a personas postradas, con discapacidad o dependientes son mujeres, la mayoría de ellas tienen más de 60 años.

Es el caso de Margarita Reyes (67), quien, tras perder a su esposo, enfrentó otro golpe: su hijo, Gustavo, fue atropellado en el puente Llacolén, en Concepción, cambiando su vida por completo.

-¿Gustavo logró sobrevivir?

-Sí, gracias a Dios. Pero me lo entregaron y mi hijo había vuelto a ser un bebé que no sostenía ni siquiera el cuello. En ese momento se me vino el mundo encima, pues estaba sola en una ciudad desconocida.

-¿Cómo salieron adelante?

-Me aferré a mi fe en Dios y le pedí que me iluminara para sacarlo adelante, ya que por su estado no podíamos regresar a nuestra casa en Linares. Con la misericordia de Dios, Gustavo muy pronto empezó con terapias y de a poco inicio su avance. Prueba de ello es que hoy está en silla de ruedas y tratando de valerse por sí mismo.

Esa fe incondicional se refleja en cada uno de los relatos del libro, generando conciencia y motivando a la acción. ‘Cuídame, que yo te cuido’ es precisamente eso: una colección de relatos sobre el amor, la necesidad y el cuidado. No te lo pierdas. Puede descargarse digitalmente desde aquí.

 

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