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2020 en la Hospedería de Valparaíso:

Mucho aprendizaje en medio del dolor

Es difícil hacer un recuento de un año marcado por la pandemia, en especial cuando la muerte se hizo más frecuente aunque no necesariamente por causa del Covid-19 sino por consecuencias asociadas a ella. La jefa de la Hospedería de Valparaíso, Daniela Moreno, y la encargada de pastoral de la zona Valparaíso Costa, Sara Iturriaga, cuentan aquí cómo vivieron el 2020.

Por María Teresa Villafrade

El capellán general de Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck sj, quiso acompañar este lunes 21 de diciembre, a la Hospedería del Hogar de Cristo en Valparaíso, con la celebración de una Misa de Navidad. Ubicada hace 8 años en la calle Retamo 839, a escasas cuadras de la céntrica Avenida Colón, el lugar con capacidad para acoger a 50 hombres y mujeres en situación de calle tiene ahora sólo 20 participantes debido a la larga cuarentena que debió enfrentar el equipo que lidera la joven trabajadora social, Daniela Moreno (35), quien junto a la encargada de pastoral, Sara Iturriaga, planificaron la ceremonia en detalle.

“Con mucha pena hicimos la lista de los difuntos por la que rezamos en la misa, en este año especialmente doloroso. A lo largo de estos meses, nos preocupamos de acompañar a muchos de ellos en la despedida para una cristiana sepultura, ya sea que hayan sido conocidos o no por nosotros, porque las personas en situación de calle lo merecen”,  dicen ambas.

Recuerdan especialmente a Aladino Mendoza, ex usuario de la Hospedería que había ingresado al programa Vivienda con Apoyo, y que fue el único que falleció a causa del Covid-19 a raíz de un contagio en el hospital. “Él tenía varias enfermedades crónicas desgraciadamente. Era un artista, cuando estuvo con nosotros nos pintó un mural precioso que está en el comedor principal llamado el árbol de los sueños y es el recuerdo que más atesoramos de él”, revelan.

Dicen que en invierno, una semana tras otra, recibían noticias de fallecimiento de personas en situación de calle a las que ellas acudían a despedir con dignidad. Recientemente las impactó el femicidio del que fue víctima Katherine Ayala (38), ex usuaria de la hospedería que las visitaba con cierta regularidad. “Hace poco nos había venido a ver y era muy cariñosa, lo último que me dijo fue ´tía, la quiero´. Era una mujer que entregaba mucho amor y estaba muy agradecida del Hogar de Cristo”, señala Daniela Moreno.

Pese a todo el dolor, ella y su equipo lograron en un contexto adverso y con pocos recursos, enfrentar los cuatro meses de cuarentena con entereza, ingenio y creatividad, para brindar protección, seguridad y apoyo a los participantes que aceptaron quedarse 24×7.

“Fue todo un desafío, porque en los 10 años que llevo trabajando aquí nunca me había tocado enfrentar una situación igual con la pandemia y todo el protocolo sanitario que aún tenemos que mantener. Piensa que veníamos saliendo de un estallido social tremendo, en donde las personas en situación de calle sintieron invadido su espacio habitual de subsistencia, con barricadas y actos de violencia. Ellos sintieron mucha rabia en ese momento, porque no podían trabajar ni dormir tranquilos”, recuerda.

-Y después llegó el encierro y la cuarentena…

-“Así es, yo agradezco mucho a mi equipo que estuvo siempre muy bien dispuesto en momentos de mucha incertidumbre, no fue fácil la verdad”, responde Daniela.

BUENAS PRÁCTICAS NACIDAS EN PANDEMIA

Hubo mucho aprendizaje también. Sara Iturriaga cuenta que el hecho de estar día y noche en la hospedería, despertó en los acogidos el interés por conocerse más. “Junto a la conversación, al abrazo, se dio la posibilidad de brindarles un acompañamiento espiritual y nacieron historias muy bonitas de conocerse más íntimamente, de respetarse como personas y dejar de hacerse daño. Hubo algunos que lograron superar sus problemas de consumo de drogas o alcohol, finalmente salieron a trabajar, lograron arrendar o se reencontraron con sus familias, fue algo muy potente verlos salir a ver a sus amigos que están en calle, darles una esperanza de que eso posible para ellos también”, explica.

Daniela Moreno ratifica que quieren validar esos espacios de reflexión y de sentido de la vida, por la relevancia que tienen en las intervenciones. “La pandemia nos hizo darnos cuenta de que una hospedería funciona desde los objetivos de inclusión y promoción de los derechos y la justicia, pero también nos faltaban esos espacios para conocer más de sus vidas. El hecho de que las personas puedan conocerse a sí mismas nos abre muchas posibilidades y es un fortalecimiento del vínculo que nos permite empatizar más e ir resignificando sus experiencias de vida que son tan dolorosas”.

Sara Iturriaga y Daniela Moreno, jefa de la hospedería de Valparaíso.

En el trabajo diario de sistematización que elabora con su equipo y con otros compañeros de la línea, de Arica a Punta Arenas, han compartido las buenas prácticas que se dieron en pandemia: “De alguna manera, estamos actualizando los objetivos de las hospederías, porque siempre es necesario mirarse y remirarse, replantearse los objetivos y prestaciones que entregamos. Las hospederías en todo Chile, son un espacio muy significativo, sin duda, porque para muchas personas en situación de calle es el único hogar, su casa, su familia. Tratamos de acoger sus biografías, sus historias de vida para ayudarles a fortalecer sus capacidades y empoderarse, de manera que tengan autonomía y tomen sus decisiones”, agrega Daniela.

Gracias al fin de la cuarentena, poco a poco van volviendo las redes de apoyo que existían habitualmente en el puerto. “La solidaridad que se vive en calle es impresionante, ellos entablan lazos nuevamente con la comunidad, con el kioskero de la esquina, con las ollas comunes. Son reacios a volver a la hospedería porque temen encerrarse. Hemos encontrado cierta resistencia, pero es válido, la calle ha sido por largos años su modo de vida. Felizmente la mayoría no se ha contagiado”.

Felices con la Misa de Navidad que el capellán general de Hogar de Cristo celebró en la Hospedería, Daniela Moreno y Sara Iturriaga piensan que independiente del credo de cada persona, la instancia ayudó a sanar las heridas de un año difícil junto a una bebida y un pan de Pascua.

“Siempre seguíamos las misas online que empezó a dar el Capellán en pandemia, de alguna manera despertó necesidades espirituales. Por lo tanto que haya querido compartir la Navidad con nosotros nos dejó muy contentas, él siempre ha estado muy pendiente de nosotros y de lo que hacemos, aconsejándonos y apoyándonos, especialmente a los participantes, que son lo más importante. Estas fechas son muy tristes para algunos, pero ellos sienten al Hogar de Cristo como su familia es lo que más nos gratifica”, señala finalmente Sara Iturriaga.

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