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“Busco hacer visible y digno y bello al ser humano en su realidad”

Ximena Hinzpeter y su exposición Súper8M

Busco hacer visible y digno y bello al ser humano en su realidad”

Hoy Hogar de Cristo y la Corporación Cultural de Las Condes inauguran la muestra de 20 obras de la fotógrafa y periodista que recoge instantáneas de mujeres chilenas en situación de pobreza. La exposición y subasta de las fotografías está abierta a todos a partir de las 8pm de hoy, día en que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer.

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“A mi papá le gustaba la fotografía, sin dudarlo ese es el origen de mi amor por ella. A los 20 años tomé un curso con Bob Borowicz, luego tuve a Juan Domingo Marinello en Periodismo, y nunca más paré. Yo pasé del patio de la casa, de tomarle fotos a mis niños, a la calle. Ese fue el cambio y ocurrió recién este año que se acaba de ir, cuando mi papá perdió su cabeza y yo le robé su Canon. Ese fue el inicio de la serie Damas y Caballeros de Santiago. En esta exposición a beneficio del Hogar de Cristo hay sólo damas, para celebrar el 8 de marzo, Día internacional de la Mujer”, explica la periodista y celebrada fotógrafa Ximena Hinzpeter, quien durante el año 2017 se lanzó a retratar a los habitantes de Chile y a reproducirlo a través de su cuenta de Instagram.

Ahora, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, en colaboración con el Hogar de Cristo, expone 20 de esos retratos para relevar la condición de vulnerabilidad en que viven muchas mujeres en el país.

La exposición, que se inaugura este 8 de marzo y estará expuesta hasta el 18 de este mes en la sala del Pueblito de Los Dominicos de la Corporación Cultural de Las Condes, está abierta a todos. Esta noche a las 20 horas los invitamos a la inauguración en que se  subastarán las fotografías a beneficio de los programas sociales del Hogar de Cristo, centrados en mujeres en extrema vulnerabilidad, como las migrantes, las adolescentes que no estudian ni trabajan, las jóvenes excluidas del sistema escolar, las adultas mayores en abandono y precariedad económica.

Ximena, que en su foto, recoge las realidades de estas mujeres, explica qué la motiva a capturar estas instantáneas: “Es la condición humana lo que me conmueve. ¿Cómo se las arregla cada cual para vivir la vida? Para pasar este trance al que fuimos arrojados y que nos tiene perplejos como extranjeros aunque no lo sepamos. Eso busco en las calles, a las almas en pena que todos somos”.

La periodista, que toma por asalto a sus retratados, ya no recoge sus voces, porque en el tráfago de las calles, las ferias, los mercados por donde circula, la sordera que la afecta le impide escucharlos. Cuenta sobre este punto: “Trato de no hablar con las personas, además de que me cuesta entender lo que dicen por mi sordera, las expresiones siempre son más significativas cuando no saben que les estoy haciendo una foto. Pero a veces hablo y esa conversación, unos minutos en la calle entre dos extraños que nunca más volverán a encontrarse, generalmente es muy valiosa, en el sentido de verdadera. De todo el proceso lo mejor es sentarme en el computador a mirar lo que traje. La calle siempre te sorprende, el material que surge es siempre una novedad, la luz, los colores, el gesto. Nadie de cerca es normal, dice un cronista, creo que eso es lo que salgo a buscar. Busco hacer visible y digno y bello al ser humano en su realidad y, si tengo suerte por ahí derrito algún corazón desprevenido. Me parece que es un arte en el sentido de que nunca sabes si te va a volver a resultar”, concluye.

El trabajo de Ximena, que surgió de manera instintiva y medio desesperada, ha sido reconocido por todo el mundo, desde sus casi 8 mil seguidores en Instagram, hasta por los medios de comunicación que la han entrevistado profusamente y también por los especialistas en estética y arte. Así, reproducimos aquí la opinión de Pedro Gandolfo, crítico de arte de El Mercurio, señala: “Los rostros fotografiados por Ximena Hinzpeter son figuras marcadas por una fuerte corporalidad y sensualidad, existen de una manera muy concreta en el color y los rastros de su piel, en el diseño de sus caras, en la expresión de sus miradas, en sus resueltas actitudes y en sus maneras de vestir y ornamentar su cuerpo. Cada una de estas mujeres tiene una presencia en nada abstracta, de ninguna manera anodina, inhibida o vaporosa. Y, sin embargo, a pesar de todo ese vigor, lo que me sorprende es que lo que ellas apuntan es a algo que desborda esa corporalidad, son rostros que me interpelan, antes que a atribuirles cualquier significado, a reconocerlos como otros, unos, singulares e infinitamente valiosos. Son rostros que no se dejan cosificar, objetivar, que se yerguen frente a mí como otro yo, cuyo ser e identidad es inabordable por mis categorías. Son rostros construidos, en su fondo más profundo, de una materia escurridiza que es precisamente la que los hace humanos. Son rostros que guardan un ámbito que queda oculto a la mirada ya que, a despecho de su materialidad, retienen algo incorporal e intangible”.

La periodista especialista en artes plásticas Catalina Mena escribe sobre las obras de la muestra que estará expuesta desde hoy hasta el 18 de marzo en la sala de exposiciones del Pueblito de Los Dominicos: “Son mujeres, viejas, inmigrantes, pobres, callejeras. Cuando se habla de ellas, cuando se las describe desde el periodismo o desde el censo, de inmediato quedan atrapadas en el código de la marginalidad. También cuando se las retrata fotográficamente. Allí dónde actúa ‘el discurso crítico’, vuelven a ser arrastradas hacia los límites de la borradura. Suelen figurar sosteniendo un espacio que está el borde de cualquier efecto estético. Siempre ‘fuera de cuadro’, casi siempre en blanco y negro: ensimismadas, sufrientes, absurdas, descerebradas. Pero en las imágenes de Ximena Hinzpeter estas mujeres, viejas, inmigrantes, pobres,  callejeras, aparecen por primera vez. Desde algún lugar amoroso (que es difícil de imaginar), la fotógrafa consigue intercambiar con sus retratadas el poder de la mirada y devolverlas al mundo con la recuperada energía que el discurso les arrebató. Aquí son estrellas que brillan a todo color. Encarnan su propio código visual: son emocionales, pensantes, divertidas, están llenas de deseo y de rabia. Miran y hablan. Son cuerpos y rostros que interpelan impúdicos nuestra realidad: ellas se infiltran vitales y subversivas en la mundana contradicción”.

 

 

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