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Capellán Orlando Contreras

“Nuestro rol tiene que ser al lado de los más marginados”

Hace dos meses, el jesuita Orlando “Nano” Contreras dejó atrás 25 años de trabajo parroquial para incorporarse como capellán Región Metropolitana de Hogar de Cristo. Fanático de la “U” y nacido hace 66 años, el día de la Virgen del Carmen, en las pampas salitreras, se refiere a su nueva labor y al siempre vigente llamado de Alberto Hurtado que decía: “el pobre es Cristo”.

Por María Teresa Villafrade

Es el quinto de 12 hermanos, de los cuales sobreviven 10. Si bien nació en las pampas salitreras, cuando tenía 4 años su familia se trasladó a Arica y fue allí que decidió entrar a la Compañía de Jesús, a los 23 años. Dice que su mamá se complicó un poco al principio, pero después fue su principal aliada. Y su papá solo le preguntó: ¿cuánto te van a pagar?

Orlando “Nano” Contreras sagradamente visita a su familia una vez al año, y fue párroco en dos parroquias ariqueñas (Parroquia del Carmen y Parroquia Santa Cruz), entre el 2004 y 2012. Por eso es que en la caricatura que le acaba de obsequiar el equipo de Pastoral y Capellanía de Hogar de Cristo, se ve el morro de Arica y su última parroquia: la de San Ignacio de Loyola, en la comuna de Padre Hurtado, además de lucir con orgullo la camiseta de la “U”, el club de sus amores.

“Siendo párroco traté de ser profeta en mi tierra, hicimos varias cosas buenas con mis compañeros de ese entonces: Jorge Díaz, Cristián Rodríguez, Nelson Peña, desde las parroquias, con los bailes religiosos y tratando aliviar los problemas de la triple frontera: Bolivia, Perú y Chile, para tratar de responder evangélicamente a esas dificultades”, relata.

De vuelta en la capital, a cargo de la parroquia Jesús Obrero, fue colaborador del nacimiento del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), del cual fue director durante tres años. “A la parroquia, que está ubicada en la estratégica comuna de Estación Central, llegaron jóvenes voluntarios de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) para ayudar a los migrantes, principalmente peruanos, en temas sociales y legales. Primero, se llamó Pastoral de Inmigrantes Pedro Arrupe (PIPA) y después pasó a ser SJM. En Arica también se abrió posteriormente una oficina, y eso que todavía no ocurría la masividad de migración de estos últimos años”, recuerda.

LA VACA SE OLVIDÓ QUE FUE TERNERA

-¿Algo no estaba rimando con “y verás como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero”?

-Tal como decía mi papá, sufrimos el mal de la vaca que se le olvidó que fue ternera. Chile es hijo de la migración, es cosa de mirar la historia del país y todas las figuras desde Bernardo O´Higgins, y de personajes de los últimos años: Bachelet, Kreutzberger, Piñera. En todos los ámbitos de la vida del país, hay muchos descendientes de migrantes. Por algo existen las colonias: española, argentina, italiana. En primer lugar hay una pérdida de la memoria, de no reconocer que nuestros bisabuelos fueron migrantes y se nos olvidó que los años posteriores al golpe de estado, muchos chilenos tuvieron que salir escapando y después con la crisis económica de los 80, otras más emigraron también. Se nos olvida, cual más cual menos, que todos hemos tenido que migrar.

-¿Qué es lo más valioso de su trabajo como sacerdote?

-Lo fundamental es ver, creer, confiar y experimentar que Dios actúa en la historia de la humanidad, en la historia personal, del país y familiar. En la medida que estamos lúcidos de esa presencia de Dios y que la vamos experimentando como una buena noticia en la vida, se convierte en algo que le da sentido a nuestra existencia y nos invita a sacar lo mejor de nosotros mismos para los demás. Siento que el Señor me ha llamado a ser parte de esta Iglesia, de esta comunidad, de esta Compañía, para colaborar en lo que él va haciendo en la historia, y ahora el Hogar de Cristo. Lo esencial es eso. Partimos de la base de lo que el padre Hurtado decía “el pobre es Cristo” y lo vivo así y lo siento así, más allá de los problemas que hemos tenido en los últimos años: los abusos de poder, de conciencia, sexuales, lo que Dios hace en la historia de las personas sigue teniendo vigencia.

-¿Cómo ha vivido interiormente esta crisis tremenda de la Iglesia?

-La crisis que estamos viviendo en la Iglesia que ciertamente ha sido muy dolorosa y penosa, sin embargo, también está teniendo frutos muy positivos. En primer lugar porque nos obliga a salir de nosotros mismos y ponernos en el lugar de las víctimas de los abusos de poder, de conciencia y sexuales. Nos obliga a mirar todo desde ahí para entrar en un proceso de reparar el daño que hemos causado, hacernos cargo de preguntas esenciales de ¿por qué pasó esto? Todo esto nos ayuda a que exista una nueva manera de hacer Iglesia en la que los laicos tengan un mayor protagonismo en la conducción y en la toma de decisiones, en la que nos experimentemos más como pares, curas, laicos y obispos, en la que también pueda surgir una Iglesia que no anda apuntando con el dedo sino una Iglesia que es compañía, que camina junto a la periferia, a los que más sufren. En medio de esta crisis social, sin duda, que nuestro rol tiene que estar al lado de los más marginados y desde esa periferia podemos seguir ayudando a que Chile sea mejor, y la Iglesia sea un espacio de mayor humanidad, de mayor contención y donde se vive la alegría del Evangelio para darlo a conocer.

-¿Cómo ha sido el cambio de párroco a capellán?

-He sido párroco casi 25 años, y las diferencias con mi actual labor de capellán en Hogar de Cristo son muchas. De partida soy parte de un equipo de profesionales en donde ya no soy el jefe como cuando era párroco sino que tengo jefe. En una comunidad parroquial, todos tienen fe. En Hogar de Cristo esto no necesariamente es así: lo principal es que los beneficiarios están sufriendo, pertenecen a los más vulnerables, no se discrimina a nadie. Los profesionales y voluntarios, todos conectan con algo esencial que es Cristo, porque tal como decía Alberto: el pobre es Cristo.

-Agosto, Mes de la Solidaridad, ¿notó algún cambio este 2021?

-Es inevitable no comparar porque fui párroco de la parroquia Jesús Obrero antes de que Alberto Hurtado fuera beatificado primero, canonizado después. También fui rector del Santuario, entonces antes era mucho más masivo, más juvenil, la caminata que se hacía, es inevitable ver que ahora todo está en un tono muy menor, muy para adentro, es una nueva faceta. Este cambio no necesariamente es malo, simplemente constatar que algo pasó, y tiene que ver con los abusos, con el tema país que ha cambiado, el estallido social, la nueva Constitución y la crisis sanitaria. Hogar de Cristo trata de incidir en la sociedad con propuestas concretas. Estamos aprendiendo a revincularnos. Yo mismo he estado muy limitado por la pandemia.

-¿Es optimista respecto al futuro?

-Tengo un principio básico que está muy ligado a mi experiencia religiosa: mi futuro siempre será mejor que mi presente. No creo aquello que todo tiempo pasado fue mejor. Es innegable que el país ha avanzado en todos los ámbitos de la vida y hoy estamos en un tiempo en que explotó algo porque no se escuchó. A nivel educativo el primer signo fuerte de la crisis fue en 2006 con los pingüinos, y no los escucharon y el 2011 volvió a explotar con más fuerza. Después salieron a la luz pública los abusos económicos, recuerdo que viví el tema de las tarjetas de crédito que eran una estafa para los más pobres, el 2010, se repartían a toda la gente pobre y era una manera de esclavizarla, engañándola con ilusión de que tenían plata. Se van sumando una serie de cosas, y después el tema de la Iglesia, todo explotó y por falta de escucha. Pienso que la Convención Constitucional es algo bueno para el país, y también viene de antes, pero nunca escucharon. Es la primera vez que se escribirá esto con la participación ciudadana. Pienso que las crisis son oportunidades de crecimiento. Desde la perspectiva de la fe es Dios que está conduciendo la historia. Así lo creo. Mi optimismo tiene su punto de partida en Dios. El proyecto del Reino revelado en Jesucristo. El cristiano es una persona confiada y con esperanza, muy unida a la experiencia del amor revelado en Jesucristo. La famosa frase de Alberto Hurtado: dar hasta que duela es darse hasta que duela, darnos, entregarme, entregarnos.

Para Nano Contreras, la vida es como el Metro. “Usted se sube al Metro y éste siempre avanza, vayamos como vayamos, riendo, callados, apretados, llorando, discutiendo, pero siempre avanza, no retrocede. Yo creo en eso también, que Dios en la historia siempre avanza y la diferencia es cómo nos conectamos con este ciclo de la historia. Cómo lo descubrimos”.

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