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Caroline Sireau:

“Todas las ollas comunes que conozco son lideradas por mujeres”

Socióloga y funcionaria pública, además de dirigente gremial por tres períodos, describe la dura realidad que viven los habitantes de la provincia de San Antonio, donde después del estallido social se produjo un aumento de tomas de terrenos y de campamentos, y con la pandemia, una proliferación de las ollas comunes. Este es su relato.

Por María Teresa Villafrade

Después del estallido social del 18 de octubre, se produjo en la provincia de San Antonio un incremento notorio de tomas de terreno que quedó consignado incluso en la portada del periódico local El Líder, el mismo que fue incendiado y saqueado por encapuchados en esa álgida etapa.

Han sido tiempos muy difíciles de los que ha sido testigo la socióloga Caroline Sireau (44), quien vive en la zona desde que tenía 5 años. Como funcionaria pública y consultora, ha trabajado desde hace dos décadas con comunidades, organizaciones sociales, productivas, emprendedores y familias vulnerables. Además, es precandidata a alcalde de San Antonio por el joven partido de izquierda Comunes, en el que milita desde su conformación en 2019.

“Yo estudié en un colegio público municipal gratuito que se creó después del terremoto de 1985 y en el que siempre hubo diversidad social. Tenía compañeras que debían andar a caballo para poder llegar al paradero de la micro rural y también compañeros que eran hijos de los gobernadores militares. Tuve conciencia de realidades tan contradictorias y por eso estudié sociología, para tener herramientas y encontrar respuestas frente a la injusticia social que veía”, cuenta.

Dice que tras el estallido social se dio cuenta de que todo lo que había hecho en su vida, en lo gremial y en política, estaba dirigido a ese momento: “Era necesario que ocurriera, porque era una bomba de tiempo que se arrastraba y parecía que nunca iba a emerger ese descontento que yo veía en la vida cotidiana de las personas”, agrega.

-¿A qué atribuye la gran cantidad de tomas de terreno en la zona?

-Es el resultado de una muy mala política de vivienda en los últimos 10 años que ocasionó un déficit importante en la construcción de viviendas sociales. Hay quienes han entrado a la vía regular, crearon comité y obtuvieron subsidio y están esperando que esa vivienda se construya por años. Me temo que ahora con la pandemia serán muchos más porque en Vivienda se hizo un recorte de presupuesto gigante. En San Antonio hay tres proyectos aprobados de construcción de viviendas sociales y ninguno se ha ejecutado.

Según Caroline Sireau, entre las 6.000 familias que se tomaron terrenos en el área periférica de la comuna, muchas de ellas son las que quedaron en el limbo ya que nunca calificaron ni van a calificar para el subsidio habitacional. “Yo siento que hay que hacerse cargo de esta suerte de círculo vicioso de hacer que la gente postule para que entre en una burocracia en que pueden pasar montones de años esperando y para qué hablar de la cantidad de personas que postulan y no califican”.

Reconoce que le sorprendió la masividad del fenómeno, pero que desde el primer día se puso a trabajar para ayudarlos, tanto en orientación jurídica como en organización. “Conformamos un equipo dentro del partido, pero a la semana se duplicaba la cifra de las tomas, era impresionante. Les asesoramos en términos jurídicos porque cuando los terrenos son de particulares, hay quienes optan por comprar y entonces les decimos cómo deben formar una cooperativa. Hay otro grupo que opta porque el Serviu le construya, y eso es más difícil porque la institucionalidad no ha abierto un canal de comunicación formal”.

Dada la cantidad de gente involucrada se pidió conformar una mesa de trabajo en la que participaran el municipio, el Serviu, el Minvu y autoridades locales “pero no hubo respuesta hasta hoy, esas tomas todavía no son reconocidas como campamento”.

Otro trabajo que ella realiza es apoyar el fortalecimiento de la organización, por ejemplo, para que se escojan los dirigentes, los delegados por manzana, y así tengan vocería representativa cuando deban interactuar con los dueños de los terrenos o con la institucionalidad.

“San Antonio nació de tomas, muchas poblaciones fueron producto de ellas: 30 de Marzo, es la más grande, pero también Sor Teresa, Villa Primavera, El Carmen, Villa Génesis, Bellavista, El Coral en Cerro Alegre. Todas fueron tomas que se regularizaron en el mismo lugar. Cuando hablas con los dirigentes actuales ellos recuerdan que sus padres o sus abuelos vivieron eso mismo, es una identidad de lucha por la vivienda digna que les muestra que es posible concretarla”, señala.

LAS OLLAS COMUNES LAS NUTREN ELLAS

La pandemia, sin duda, ha golpeado a los campamentos que carecen de agua potable, alcantarillado y electricidad. “Antes de que nos fuéramos de cuarentena, en ese momento el municipio debió haber hecho un mapeo con las organizaciones sociales de base para poder identificar situaciones de mayor vulnerabilidad, por ejemplo, adultos mayores postrados o solos que no iban a poder salir. De no ser por el tema de las cajas de alimentos, que obligó a actuar y a movilizarse al municipio, no se habría hecho un barrido de la comuna para entregarles alimentos a todas las familias. Han tenido muchas dificultades en coordinación con los distintos territorios porque no estaban los vínculos previamente aceitados. Nosotros teníamos más información de las tomas que el municipio. Y si bien en un primer momento no se iba a ayudar con cajas a las tomas, hubo presión para que finalmente se hiciera. Lo que pasa es que para estar en el Registro Social de Hogares debes tener asociado un domicilio, y ellos no lo tienen al no ser reconocidos”, explica la socióloga.

Las ollas comunes en los campamentos han sido la respuesta a la apremiante situación económica que la pandemia ha traído consigo. “Hay una fuerza femenina sumamente grande detrás de ellas, las mujeres asumen la responsabilidad de ´nutrir´ al resto. Todas las ollas comunes que conozco son lideradas por mujeres”.

Para Caroline Sireau, la emergencia sanitaria ha obligado a activar mecanismos de ayuda tanto para las ollas comunes como para los campamentos. “Ahora ellos lograron que se instalen puntos de recolección de basura en los alrededores de las tomas. El paso siguiente es que se reconozca su existencia, porque una vez que admites esa realidad, tienes que hacerte cargo”, concluye.

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