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Centro Ambulatorio Providencia

“No podíamos dejar a las personas botadas”

El programa de salud mental del Hogar de Cristo que acoge a personas que no se atienden en la red pública, optó por continuar con sus servicios de forma online. Lo venían haciendo desde hace tiempo, con su programa especial de empresas y con casos puntuales, pero hoy es una necesidad imperiosa. Niños, adultos, familias, optaron continuar para no retroceder.

Por María Luisa Galán

 

“Nosotros tenemos atenciones telefónicas desde que existe el Programa Orienta, hace casi 10 años, que consiste en dar orientación y respuestas rápidas, en cinco o seis sesiones, a trabajadores de empresas en convenio. Hoy se reformuló ese proceso para darle continuidad porque en algunos casos los trabajadores están en cuarentena o no tenemos acceso a las organizaciones, que es donde los atendíamos a veces de forma directa. Entonces se abrió para ellos la posibilidad de conexión online”, cuenta Iván Muñoz, director de Asesorías y Servicios Clínicos del Hogar de Cristo. Y agrega: “Con el Centro Ambulatorio Providencia lo hacíamos mucho menos, pero hoy también estamos trabajando con la misma modalidad”.

La atención que prestan se relaciona con servicios terapéuticos a personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas, u otra condición de salud mental y que no se atienden en la red pública.

Tienen experiencia en atención remota, así es que el Covid-19 y la cuarentena los llevaron a reconvertir hacia esa modalidad todas sus atenciones. “No podíamos cerrar y terminar los procesos, lo peor que podemos hacer es dejar a las personas botadas. Hoy es necesario dar respuesta a quienes lo necesitan aún más: pacientes con trastornos de ansiedad, problemas anímicos y de alcohol y drogas que necesitan apoyo constante. Las familias son importantes, pero también el acompañarlos terapéuticamente ayuda en lo que se ha avanzado y no retroceder en sus objetivos”, afirma Iván Muñoz.

Eileen Nietzschmann es psicóloga y terapeuta familiar, con cerca de tres años atendiendo en estos programas en modalidad presencial y remota. Menciona el caso de las conexiones que tuvo con una familia en Chillán el año pasado y con otra pareja este año, a quienes, por desfases de horarios laborales, tuvo que realizar terapia online. “La gran ventaja de atender vía remota es que le podemos dar continuidad a los tratamientos que si no quedarían stand by. Retomar un proceso después de cuatro o cinco meses sería como empezar de nuevo, porque entre medio van a ocurrir muchas cosas, y tendrían que llegar a trabajar terapéuticamente cosas nuevas. En esta situación, que es nueva para todos, es probable que se den otro tipo de dinámicas relacionales en las casas. El estrés y la ansiedad que genera el encierro, deriva en irritabilidad y los seres humanos usamos la rabia como el mejor catalizador de angustia, entonces lo más probable es que haya más discusiones que lo habitual. Muchas personas necesitan apoyo y si se lo podemos ofrecer y continuar con sus terapias, aunque sea por esta vía, hay que hacerlo”, relata sobre sus actuales sesiones que realiza por medio de videollamada de WhatsApp.

Lo en línea tiene sus desafíos, como mantener la privacidad que hay en un box. Eileen recalca lo necesario de mantener ese ambiente. De hecho, una colega le sugirió, si es posible, que los pacientes se vayan al auto. Otra limitación: el lenguaje no verbal, ya que el terapeuta necesita ver la cara para poder leer las emociones de los pacientes. A veces la cámara no es suficientemente grande, clara. En su caso, que hace terapia con dos o más personas al mismo tiempo, necesita que todos estén en el mismo plano para ver sus expresiones. “Pasaba que las parejas o los papás me llamaban a través de un solo teléfono, entonces no siempre se veían bien, no quedaban bien enfocados o se acercaba uno y no veía al otro, entonces opté por pedirles que me llamaran cada uno por su teléfono. Son detalles, pero influyen cuando la conversación es importante y de tanta relevancia”, cuenta, añadiendo otra dificultad que debe enfrentar: “Cuando hablan todos juntos, se acopla el sonido. En sesión presencial los freno y modero para que no se atropellen al hablar, pero acá mi voz también se acopla”.

Rodrigo Báez, también psicólogo del Centro Ambulatorio Providencia, atiende a niños, jóvenes y adultos. Para él, si bien no es lo que más le acomoda, le ha dado buenos resultados y “ha sido interesante y desafiante”, especialmente en cuanto a la atención con niños. “El otro día, con un paciente de 6 años, pensaba cómo llevar a la práctica una sesión así, porque con ellos el juego es muy relevante. Pero después de saludarnos, me dijo: ‘Te estaba esperando’, lo que para mí fue muy significativo. Él me mostró su pieza, sus juguetes, me decía que tenía una alcancía que era de oro porque brillaba. Entonces se abrió un lugar distinto, con la misma hora de sesión presencial, en donde lo lúdico fue su espacio”, cuenta, haciendo hincapié en que a los papás se les mandó un instructivo diciendo que no podían estar junto al niño durante la terapia.

“Los adolescentes están más vinculados a este tipo de estrategias por lo que no les resulta extraño hacer este tipo de atenciones. Los adultos, hay quienes lo aceptan y otros no, pero quien lo necesita, lo recibe y lo agradece. Esto pretende mantener la conexión y el proceso, porque entre que no sigan de manera presencial y se haga una transmisión remota, mejor lo segundo”, cuenta Iván Muñoz.

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