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Cristián Albornoz, montajista:

El cuasi artista del Metro

Un trabajo a cargo de la artista Beatrice di Girolamo que involucró a vecinos de la comuna Estación Central y tomó casi 4 años, está pronto a ser inaugurado en la estación de Metro San Alberto Hurtado. En un año de pandemia y enormes restricciones económicas, este hito contó con la invaluable experiencia de un montajista de obras de gran dimensión.

Por María Teresa Villafrade

Al diseñador industrial Cristián Albornoz (38) lo golpeó primero el estallido social, que echó por tierra el proyecto de remodelación de la estación Universidad Católica que venía trabajando, y después la pandemia, que lo obligó a cerrar su taller RAS Color de pintura electroestática, que se aplica a los objetos que están al aire libre como los juegos infantiles.

Sin embargo, no se queja para nada. Gracias a su experiencia y vínculo de más de 20 años con Metro Arte de Santiago, pudo “estirar el chicle” en los meses de pandemia. “Me llamaron para instalar protección en las obras que están en el metro Baquedano, fue un trabajo que yo llamo de mantención, para cuando volviera a abrirse al público”, explica.

Recién, en la misma semana en que la Región Metropolitana retrocedió a Fase 2, concluyó con éxito el trabajo de instalación de la obra de Beatrice di Girolamo en la estación San Alberto Hurtado. Se trata de un proyecto de renovación artística que consta de cuatro esculturas de la artista que están inspiradas en los pensamientos sociales de Alberto Hurtado y que muy pronto serán presentadas al público. Famosa por su trabajo con maderas recicladas, la artista contó con la participación de los vecinos de la comuna, quienes donaron los más diversos objetos –muebles, puertas, palas, marcos– para las obras.

Cristián Albornoz y su equipo RAS Color trabajaron intensamente durante cuatro semanas en horario nocturno, desde las doce de la noche hasta las cuatro y media de la mañana, para instalar las esculturas de gran tamaño, la especialidad de este joven diseñador industrial que ya tiene una docena de estas obras en el cuerpo.

“Este montaje tiene la novedad de incorporar también nuevas materialidades y volúmenes, cosas cotidianas que entregan una frescura especial a la estación San Alberto Hurtado”, señala. Para él fue un gran alivio recibir el llamado de Beatrice para reactivar el montaje. “Nunca había tomado tanto descanso en mi vida”.

Para él, el trabajo nocturno es muy bueno porque le da libertad sicológica y tranquilidad. “Pero lamentablemente las noches en Metro son cortitas, porque en rigor en vez de una jornada de 8 horas tienes solo cuatro horas por noche. Tienes que estar atento a todo, porque si algo te falla no tienes a quién recurrir en ese horario, si algo se te queda, sonaste. Se te quiebra alguna pieza, en la noche no tienes ferreterías, nada a qué echar mano”.

UNA ARTISTA “APERRADA”

Cuenta que se produjo un gran fiato entre su equipo y la artista, lo que permitió que se avanzara muy rápido y que en ninguna jornada se llegara al extremo del tope de hora. “Siempre terminábamos antes y como no teníamos zona de guardado, todo lo que se llevaba tenía que quedar instalado. Partimos con dos módulos al día, después hasta cuatro, siempre fue un trabajo bastante cómodo. Así pudimos sacar un mural por semana, cuando creíamos que iban a ser dos semanas por mural. En total, fueron cuatro intensas semanas”, recalca.

Cristián Albornoz destaca la preocupación que notó en todas las partes involucradas en el proyecto, tanto de la artista como del Hogar de Cristo y de la Fundación Alberto Hurtado. “Yo me vine a involucrar al final en un equipo técnico que llevaba 4 años trabajando. Ellos fueron muy profesionales, se armó un whatsapp grupal donde se hacían las consultas, teníamos reuniones online por Zoom, y siento que desde el principio confiaron en mí”.

En su trayectoria ha interactuado con numerosos artistas y encuentra que Beatrice es muy flexible y colaborativa. “Es una persona muy fácil para llegar a acuerdos, hubo una fase de trabajo en terreno en que ella fue muy aperrada, prácticamente estaba todas las noches. Hace tiempo que no me tocaba ver una artista con tanto terreno, con su casco y overol, trabajando codo a codo con nosotros. Estuvo el 95 por ciento del tiempo, de principio a fin, viendo todos los detalles de su obra y eso se agradece porque de repente uno queda muy solo y corre con colores propios en decisiones que son artísticas”.

Califica la experiencia muy positivamente aunque en lo económico él tuvo que hacer un esfuerzo para ajustarse a un presupuesto estrecho. “Yo sabía que todo esto era a través de donaciones y en un año híper complicado para todos, se hizo un esfuerzo para cuadrarnos con lo que existía para montar y se logró. Esto me tiene súper contento ya que Beatrice se ganó también el cariño del equipo que se ofreció a acompañarla en los últimos retoques artísticos de su obra. El Hogar de Cristo y ella se lo merecen, por la forma en que nos trataron. Son voluntades que se ganan por ambos lados”.

BAUTIZO CON FUEGO

Cristián Albornoz ha trabajado en más de 20 estaciones de metro, pero dice que está presente en muchas más porque él es el encargado de fabricar y diseñar las cajas que contienen los dioramas de Zerreitug (nombre artístico de Rodolfo Gutiérrez). Se trata de representaciones en miniatura, que están ubicadas en más de 24 estaciones dando cuenta de hechos y personajes históricos de nuestro país.

“Yo siempre digo que la mejor herencia que me dejó mi padre fue el contacto con Javier Pinto, el director de Metro Arte, él me conoció desde antes que terminara mis estudios de diseño industrial en la Universidad Andrés Bello. Mi papá tenía la empresa de maestranza Raúl Albornoz Sepúlveda, y, tras su muerte, yo la modifiqué usando sus iniciales en RAS Color”, cuenta.

Tenía 23 años cuando participó en el montaje de la obra “Verbo América” de estación Quinta Normal. “Fue un bautizo con fuego porque al tratarse de un mural de Matta avaluado en un millón de dólares, nunca se nos permitió trabajar con el original sino con una copia. Una vez que estuvo lista la etapa previa, pudimos trabajar con el original, que se te cayera una pieza o pasara algún accidente con una de esas piezas era un tema. Me tocó difícil, pero me gané la confianza de las personas de Metro Arte, porque quedé bien catalogado, todo estuvo bajo las órdenes de la empresa de mi padre pero yo estuve a cargo del diseño, le tomé el gusto a que algo tan básico como una estructura metálica podía estar al servicio del arte. Me entusiasmó este nicho”, dice.

Luego vino “Vía Suecia” en el túnel que conecta la estación Los Leones de línea 1 con la Línea 6. “Se llama así porque la embajada de Suecia patrocinó este trabajo. Fue la primera vez que trabajé desde la génesis del proyecto con el artista, Luciano Escanilla, y en pleno proceso de construcción del túnel. Vía Suecia es un recorrido por la historia de Suecia a través de un rollo fotográfico fotoiluminado, de vidrio. Fue súper importante y estuve dos años involucrado, fue muy gratificante. El manejo del color del artista y el trabajo del vidrio con gráficas retroiluminadas le da un color que habitualmente no se ve en las estaciones de metro”.

Montajes de gran envergadura como el de Beatrice di Girólamo tiene unos 10 en el cuerpo. Para este joven profesional en el que se haya hecho en un año de pandemia y con las restricciones económicas y sanitarias que marcaron el 2020, sin duda, constituye otro hito en su trayectoria.

“Esperemos que marque un buen comienzo para el 2021 ya que hay varios planes en carpeta pero todo sujeto a las donaciones culturales. A mí lo que me mueve es ser parte de la cadena que permite que el arte se acerque a un público que normalmente no va a un museo o a una galería de arte. Son personas comunes y corrientes que en su desplazamiento del día a día se nutren de algo distinto, de estética. Para mí es un desafío que cada una de esas obras sea presentada dignamente en el Metro y con total seguridad”.

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