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Cristina Díaz, profesora del Colegio Padre Álvaro Lavín:

“Aquí los estudiantes son el foco, no nosotros los profesores”

La profesora de la escuela de reingreso ubicada en Maipú y Coordinadora Académica de Educación Básica, cuenta lo duro que ha sido lograr que los alumnos vuelvan a clases después de la pandemia. “Traerlos hasta media jornada ha sido súper difícil y más complicado aún, decirles que vuelvan hasta las cuatro de la tarde con el mismo panorama que tenían antes del Covid 19”.

Por María Teresa Villafrade

Cristina Díaz  (41) ha sido doblemente nominada este año. Primero como “Mujer Bacana” del Hogar de Cristo y recientemente, elegida entre sus pares del colegio de la Fundación Súmate para el Global Teacher Prize Chile.

“Me sentí muy halagada porque me eligieron entre mis propios colegas. Sentir ese reconocimiento es una responsabilidad porque siento que de alguna manera los represento a todos. No es un trabajo solo mío sino de todo el equipo”, afirma.

Madre de dos hijos, de 17 y 14 años, lleva ya una década trabajando en el Colegio Padre Álvaro Lavín de la comuna de Maipú, dedicado a reingresar a niños, niñas, adolescentes y jóvenes que han estado fuera del sistema de escolar por distintas causas.

“Yo no me imagino trabajando en otro lugar, porque aquí siento que puedo entregar todo lo que tengo. Los niños necesitan mucho apoyo en lo emocional, en lo socio afectivo. Acá es donde uno puede hacerlo y entregarles de la manera más adecuada para cada uno ese apoyo que necesitan. Me gusta que lo primordial de mi trabajo en este colegio sea precisamente la parte socio afectiva. Cuando uno adquiere un vínculo con ellos, es más fácil enseñarles y que aprendan. Eso es lo que más me mantiene aquí”, agrega.

Recalca además que el ambiente laboral es muy solidario y grato. “Nos llevamos bien todos los colegas, podemos compartir ideas, trabajábamos todos bajo el mismo foco. Aquí, los estudiantes son el foco, no nosotros los profesores”.

LA COCINA FUE SU PRIMERA SALA DE CLASES

La profesora de educación básica con mención en trastornos del aprendizaje dice que su caso es especial porque ella esperó a que sus hijos estuvieran en el colegio para empezar a trabajar. Un día vio un aviso que decía: “Se necesita profesora de educación básica con conocimientos de gastronomía” y ella de inmediato se vio ahí.

“Cocinar es uno de mis hobbies, entonces mandé altiro mi currículum y me aceptaron. En 2012 me hice cargo del taller de gastronomía en la escuela Padre Álvaro Lavín, claro que no existía la infraestructura de ahora. Era un taller pequeñito. En este tiempo solo había básica en el colegio y yo impartía el taller a todos los niños por niveles, desde sexto a octavo básico”, recuerda.

Por el rezago escolar que la mayoría arrastraba, sus edades fluctuaban entre los 14 y 18 años. Cristina les enseñaba a hacer pan amasado, sopaipillas, queques y panqueques. “Era el taller más exitoso, porque ellos podían comerse todo lo que preparaban. Obviamente el poder ver algo concreto, terminado, les daba mucha satisfacción y ese era el objetivo primordial del taller”, confirma.

El 2016 le pidieron que asumiera la jefatura  del curso 5° y 6° básico, por lo que debió dejar el taller por falta de tiempo. Era unidocente, es decir, enseñaba todas las asignaturas: lenguaje, matemática, ciencia e historia. “Desde entonces no he salido más de las salas de clase”, dice.

Actualmente está a cargo del segundo nivel (3° y 4° básico), pero con el cambio estructural del colegio debido a la baja matrícula, su curso es multi-nivelador y abarca de 3° a 6° básico. “Doy clases de matemática y además, soy la Coordinadora Académica de Educación Básica. También veo todas las materias que tienen que ver con lo formativo: consejos de curso, tutorías, círculo motivacional”.

-¿Qué ha pasado que los niños no quieren volver a estudiar?

– Hay una desmotivación muy importante en lo que tiene que ver con la relación entre pares, estuvieron tanto tiempo encerrados que se acostumbraron a estar solos, a no compartir. Se les hacen muy difíciles las relaciones interpersonales, para ellos es más fácil estar encerrados en sus casas haciendo nada. Lamentablemente los que antes faltaban porque trabajaban, porque tenían que ayudar a sus familias, ahora no. Sus familias están preocupadas, nos preguntan qué hacer que el niño o la niña no quiere ir al colegio. Hay una especie de fobia social, se sienten enfermos.

-¿Qué ha dicho el Ministerio de Educación frente a este problema?

-Hubo un interés por saber las razones, porque se hicieron varias encuestas antes de volver a clases presenciales, a fines del año pasado. Pero después no hemos sabido nada más. Desde el ministerio no se han mandado los resultados de esas encuestas. Tampoco han dado directrices para abordar los problemas que los estudiantes señalaron. Cada colegio está buscando sus propias herramientas para volver a atraer a los niños.

Cristina Díaz señala que faltó un plan de trabajo para el regreso al horario completo.

“Traerlos hasta media jornada ha sido súper difícil, decirles que vuelvan hasta las cuatro de la tarde con el mismo panorama que tenían antes de la pandemia, es mucho más complicado aún. No hay empatía con los jóvenes, no les han preguntado qué quieren, qué necesitan. Y a nosotros no nos han dado directrices tampoco desde el ministerio”.

-¿Cuál es tu fórmula como docente para atraerlos?

-Ser cercana, tratar de comprenderlos, ser empática con sus sentimientos, con su evolución. Si no llegan con ánimo de estudiar, de trabajar, no hay que retarlos ni cuestionarlos sino buscar otra manera de motivarlos. Encantarlos de forma que sienten que son ellos los que están logrando avanzar y no porque se lo imponen. Muchas veces conversando, dialogando después de clases, que ellos noten que hay preocupación y que no son un número más en el colegio. Darles seguridad de que pueden contar conmigo cuando tienen una dificultad.

BOOM DE LOS EXPERIMENTOS

Cuenta que hace cinco años, empezaron a aplicar la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) cuya finalidad es destacar las habilidades e intereses que tienen los estudiantes.

“La idea es que a través de una pregunta motivadora, ojalá globalizada y que tenga que ver con solucionar algún problema que puedan estar enfrentando en su vida o en su entorno, se logre motivarlos a investigar sobre un tema y hacer un proyecto concreto”, explica.

Este año y de manera sorprendente, casi todos manifestaron interés en hacer experimentos de manera que como resultado de esos trabajos se hará una feria científica.

-¿Habrá influido la pandemia por ese interés en experimentar?

-Creo que tiene mucho que ver con eso y con el uso de las tecnologías que se intensificaron Ellos han visto a youtubers que muestran experimentos y quieren saber si es verdad o no. Anteriormente han hecho proyectos de huertos y de inglés, porque los segundos niveles no tienen esa asignatura y para ellos era fome no aprender inglés mientras todos los otros cursos tienen esa materia.

-¿Alguno de tus hijos quiere seguir tus pasos?

-A mi hijo le gustaría pero encuentra que es muy sacrificado, me ha visto como profesora y además dice que ganamos muy poco. Entonces no lo ve como su proyecto de vida, él quiere estudiar Derecho.

-Parece que no se están formando los docentes que el país necesita, según las últimas cifras…

-Efectivamente, no hay mucho interés por estudiar pedagogía y yo creo que no se ha valorado esta carrera ni la han situado en el nivel que le corresponde, es demasiado sacrificio y poco sueldo. Ahora la vida lamentablemente tiene que ver mucho con lo económico. Sé de muchos profesores que dejaron de ejercer para dedicarse a otro trabajo más solvente.

-¿Qué debería hacerse?

-Hay que crear incentivos mejorando los sueldos y otorgando más becas de formación en otros países para compartir experiencias. Es fundamental que esa motivación nazca en los mismos colegios donde los alumnos se forman, porque si un colegio cambia la estructura que tiene y los niños ven en esos docentes con una manera distinta de educar, ellos van a querer ser profesores. El hecho de que muchos niños dejen de estudiar es por algo, porque no están encantados con la educación, menos con educar después.

Cristina Díaz dice que faltan talleres donde los niños puedan desarrollar habilidades artísticas y sociales.

“A nosotros nos gustaría hacerlo, pero no hay recursos ni infraestructura. Muchas veces de nuestro bolsillo solventamos actividades. La semana pasada celebramos los cumpleaños y todo lo hacemos nosotros: nos disfrazamos, decoramos, hicimos piñatas y juegos, a pesar de que son niños grandes, lo disfrutaron un montón. Ese día hubo mucha asistencia, porque ver que sus profesores se preocupan y se esmeran por hacer algo distinto para ellos, tiene mucho valor”.

Cuenta que todavía mantiene contacto con ex alumnos que llegaron al colegio con 16 años sin saber leer ni escribir. “Uno de ellos está estudiando para ser paramédico y hasta el día de hoy me pide que le revise la ortografía en sus trabajos. Me llena de alegría y satisfacción”.


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