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El histórico triunfo del Liceo de Curepto

El equipo ganador del interescolar de debates cuenta cómo lograron triunfar en una final en donde su rival era un equipo con alta experiencia. Esta es la historia de un grupo de jóvenes, profesores y apoderados que a pesar de la poca conectividad y escasa tecnología lograron sortear las vallas y coronarse como campeones.

Por María Luisa Galán

 

Apenas recibieron la invitación para participar en Jugaos, el interescolar de debates organizado por Hogar de Cristo y fundación Padre Hurtado, los profesionales del Liceo Luis Edmundo Correa Rojas de Curepto, región del Maule, se arremangaron las mangas y comenzaron a armar el equipo. Buscaron seis estudiantes, podían ser cuatro, pero prefirieron seis por si acaso. Convocaron a los más participativos del colegio, los que coincidentemente tenían buenas notas y la beca Presidente de la República. Algunos eran de segundo medio, otros de tercero. Así, el sexteto estuvo compuesto por: Catalina Guerra, Valentina Besoain, Carlos Pacheco, Noelia Acevedo, Esperanza Rojas y Catalina Díaz.

Faltaba el profesor guía, el director técnico de la selección, y saltó el nombre de Gustavo Rivera, el joven docente de química y biología que llevaba un poco más de un año en el colegio. “Acepté porque es una buena instancia para que los chicos desarrollen nuevas habilidades”, cuenta el profesor.

El equipo nunca estuvo sólo, tras ellos había un grupo de profesionales del Liceo, apoderados y algunos invitados externos que los apoyaron en todo, incluso autoridades locales. Carmen Fuenzalida es trabajadora social del colegio y, a la vez, la mamá de Carlos Pacheco, el único hombre del sexteto de alumnos. Ella fue parte del equipo organizador y hoy dice: “Participar en Jugaos fue una actividad muy hermosa que se vivió en tiempos de pandemia, en que estamos la mayoría del tiempo encerrados en la casa, trabajando desde ahí, con los niños solos, completando las guías porque no pueden estar en clases porque es mala la conexión a internet, así que todos involucrados con el debate”, dice al teléfono sobre la gran convocatoria que tuvo el torneo en la comunidad.

Ciertamente, hubo dificultades. Curepto es una localidad rural ubicada a 75 kilómetros de Talca, fuertemente afectada por el terremoto del 2010 y los incendios del 2017. “La conectividad acá no suele ser muy buena, sobre todo cuando llueve. Además, los jóvenes estaban trabajando en sus guías de estudio y yo preparando el material de trabajo. No todos disponen de un computador, algunos no tienen teléfono, sólo los apoderados, entonces haber llegado a esta instancia que permite dar a conocer Curepto, que es muy pocas veces mencionado, es un gran logro”, afirma Gustavo, que es parte del profesorado del único liceo del pueblo.

De los seis los estudiantes, sólo cuatro tenían que aparecer en cámara, así que acordaron que para la presentación y la conclusión se iban a rotar. Decidieron que las tareas de argumentación y refutación quedaran fijas porque consideraron que eran las posiciones claves. La preparación fue ardua. Se reunían dos veces al día, en la tarde, con invitados como abogados, psicólogos, profesores de lenguaje, historia, incluso contaron con la presencia de la directora del Liceo y el director de la Dirección de Educación de la Municipalidad. Debatían entre ellos, tres contra tres o, a veces, contra un equipo externo de invitados.

Su primer debate fue sobre si el mito “las personas bien vestidas son más confiables” estaba presente en la sociedad; a ellos les tocó estar a favor de esa postura a pesar de creer todo lo contrario. Sin embargo, se empoderaron e incluso ese día se vistieron con sus uniformes escolares para reforzar sus argumentos. Así, sin pensarlo, fueron pasando etapas. Sin embargo, les preocupaba el no poder sobrepasar los 200 puntos que les asignaban los jueces. “El Everest 211 y los otros igual, pero nosotros siempre 200, excepto el último día. Veíamos la rúbrica para ver en qué estábamos estancados. Una fue las frases del padre Hurtado y ahí nos pusimos de cabeza a buscar”, relata Carmen, quien conoce el backstage de la competencia.

El profesor Gustavo repasa lo que fueron esas semanas: “Lo particular de estos jóvenes es que son muy centrados. Ellos siempre estuvieron con las ganas de participar, pero tranquilos. Eso los caracteriza, su tranquilidad, su amabilidad. Desde la primera instancia hubo un avance significativo, fueron creciendo, aprendiendo a desarrollar preguntas, respuestas y a controlar su inseguridad y nerviosismo. En cada paso que daban, decían: ‘Podemos mejorar esto o podemos ocupar esto para seguir mejorando como grupo’”. Y agrega: “Es un orgullo inmenso lo que ellos lograron. Haberlos acompañado fue muy gratificante porque me permitió conocerlos un poco más, más allá del estudiante y ver las personas particulares que son cada uno y es gratificante ver cómo lograron ampliar su capacidad verbal para dar argumentos y también su lenguaje corporal”, dice Gustavo.

El trabajo en equipo, compromiso y dedicación fueron la clave para llegar a la final y triunfar. Hoy, después de esos intensos días, Carlos Pacheco, el único hombre del grupo de debatientes recuerda: “Fue muy divertido participar, cada día me sentía más feliz y contento por la experiencia. Además, tenía un muy buen grupo de compañeras”, cuenta sobre su primera vez en un debate de magnitud nacional. Para él, la dificultad estuvo en sus oponentes y dice que los nervios recién se asomaron en la semi final y la final. “Sinceramente, con ganar un debate me iba feliz, pero con lo que logramos estamos más que felices. Cuando empezaron los debates dije: ‘Me quiero encontrar con el Everest porque son buenos y quería ir contra ellos’, y bueno, el sueño se hizo realidad”, relata Carlos, que está en tercero medio y aún no decide si quieres estudiar Derecho o Pedagogía en Lenguaje.

Fue tal la algarabía por el triunfo, que Curepto les organizó una ceremonia de reconocimiento. Se realizó por Zoom y asistieron el alcalde, René Concha, quien rescató el valor del trabajo en equipo, y la directora del Liceo, Mónica Márquez, quien les agradeció haber puesto el nombre del colegio y del pueblo en lo más alto. ¿Qué se viene? Por lo pronto está la idea de armar un grupo de debate, invitar a más compañeros y que otros establecimientos se sumen.

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