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Enrique y su nueva vida en Viviendas con Apoyo: “Estoy como niño con juguete nuevo”

Tras 9 meses de rehabilitación, este hombre logró superar 20 años de un consumo problemático que lo dejó en la calle. Hoy sueña con dar charlas motivacionales, escribir un libro y recuperar la confianza de su familia.

Por Daniela Calderón

Hace pocos días, la vida de Enrique Cea (61) dio un giro en 180 grados y se convirtió en lo que siempre había soñado. Tras casi 20 años en situación de pobreza, exclusión social y largos periodos viviendo en situación calle, tomó sus escasas pertenencias y empezó una nueva vida en el programa de Viviendas con Apoyo del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, Senda, en la ciudad de Coronel.

Todo comenzó 9 meses antes, en septiembre de 2019, cuando Enrique decidió dar inicio a su rehabilitación en el programa Terapéutico Residencial Villamávida de Hogar de Cristo, en la región del Biobío. En este lugar y en menos de un año, les demostró a todos que, con perseverancia y fuerza de voluntad, todo se puede. Gracias a su trabajo, logró mantener abstinencia del consumo de sustancias, recuperar su dignidad, mejorar su autoestima y habilidades sociales y recuperar el vínculo con su familia, avances que hoy le permiten habitar una vivienda transitoria, donde podrá comenzar una vida independiente y autónoma, dejando atrás los oscuros y fríos días en calle.

“Antes, cada vez que iba a un supermercado y me pedían una monedita para colaborar con una fundación, le daba a Hogar de Cristo. Siempre pensaba, algún día voy a necesitar de esto. Después, cuando estuve en calle y pasaba hambre y frío, el Hogar de Cristo me tendió una mano. Felizmente hoy puedo decir que todo eso es parte del pasado. Estoy retomando mi vida en una vivienda donde tengo todas las comodidades”, cuenta orgulloso de ser uno de los beneficiados de su región.

A principios de agosto y tras ser comunicado, inició a esta nueva vida independiente en una casa que comparte con otro hombre, con quien se dividen las tareas domésticas cotidianas. “La persona que me comunicó sobre mi paso a estas viviendas es un ángel. Ese día salté como una langosta, le conté hasta al gato. Ahora tengo una camita limpia, mis alimentos, ducha, agua caliente y muchas ganas de trabajar. Estar acá es un nuevo mundo, todavía es algo nuevo, por eso estoy como niño con juguete nuevo. Para mí es un sueño mirar para afuera de la ventana y ver los jardines de los vecinos, gente en sus autos, es todo un nuevo mundo”.

En esta nueva etapa, no está solo. “Enrique sigue en atención remota, hay un equipo que se mantiene en contacto todos los días con él para saber cómo va y mantener su proceso de rehabilitación. Ese equipo está compuesto por un técnico en rehabilitación, un psicóloga, educadores de turno noche y una trabajadora social”, cuenta Paola Rivas, Jefa del Programa Terapéutico Residencial Viillamavida, enfocado en la rehabilitación de personas con consumo problemático de alcohol y drogas.

Pero Enrique no se conforma. A esta nueva vida decidió sumarle un nuevo desafío y, como una forma de contarle al mundo sus experiencias, empezó a escribir una serie de cuentos que en un futuro espera convertir en un libro. En ellos relata las historias que conoció mientras vivía en calle. “He escrito tres, las escribo en un cuaderno común y corriente, son como de 40 páginas. Sé que debo mejorar la ortografía, estoy aprendiendo de comas, pero me han dicho que las historias son bonitas. Una de ellas es sobre un caballero que trabajaba en ferrocarriles, otra de una mujer que es prostituta y trabaja en los cerros de Valparaíso. Creo que en otra vida fui investigador, me resulta bien comunicarme con otras personas. Por eso, cuando todo esto de la pandemia termine me gustaría dar charlas a los niños, para contarles que este mundo es bonito y que hay alejarse de las cosas malas”, cuenta.

Paola Rivas y todo el equipo de Villamávida están muy satisfechos con sus avances. “Con 61 años, él creía que se iba a morir en una hospedería y hoy se da cuenta que lo mucho que todavía puede hacer. Gracias a su historia, hoy podemos demostrar que el consumo de sustancias no define a las personas sino que es solo una etapa de sus vidas. Todos pueden desarrollar habilidades y ser salir bien de un proceso de inclusión, prueba de ello es lo que ha ocurrido con Enrique”.

Hoy, aparte de querer publicar un libro, Enrique busca una nueva oportunidad laboral que le permita continuar avanzando en su proceso de rehabilitación, pero sobre todo para demostrarse a él y a su entorno que nunca es tarde para cambiar de rumbo y dar un giro a la vida. “El Enrique de antes era desorientado, lo pasaban a llevar. Ahora quiero ser una persona útil para la sociedad, buscar trabajo, retomar la comunicación con mi madre y mis hermanas, ellas ya me perdonaron por estar más de 20 años metido en las drogas. Ahora ando bien vestido, sé hablar y, sobre todo, ahora me estoy queriendo”.

 

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