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Freddy Gutiérrez, médico:

Es su turno en el Hogar de Cristo

Hace dos meses que este joven doctor trabaja en el Centro Abierto Residencial para personas con discapacidad mental en Estación Central. Llegó a través de esmiturno.cl, una muy oportuna plataforma que permite adelantarse a los requerimientos de personal de recintos que acogen a personas en situación de vulnerabilidad social.

Por María Luisa Galán

 

Menos de dos semanas pasaron desde que Freddy Gutiérrez (30) postuló a un empleo como asistente de trato directo en el Hogar de Cristo a través de esmiturno.cl, sitio web que permite que instituciones que acogen a personas en situación de vulnerabilidad social se adelanten a sus necesidades de personal, hasta que estuvo trabajando. Ingresó sus datos, a los días lo llamaron para entrevista y el 27 de mayo ya estaba instalado en el Centro Abierto Residencial (CAR) de Estación Central. Un proceso ágil.

Es médico cirujano de la Universidad Central de Venezuela, “una de las principales del país”, según cuenta. En su país trabajó durante tres años en hospitales de la red pública, en las ciudades de Maturín y Puerto La Cruz, donde hizo residencia en cirugía, traumatología y ortopedia. “Es difícil trabajar de una manera correcta porque en la actual Venezuela uno practica una medicina de guerra. Había mucha deficiencia, pero seguía yendo a los hospitales. El sueldo que uno ganaba no alcanzaba ni para dos días de desayuno y almuerzo en el hospital, pero uno lo hacía de la mejor manera. Insumos no hay, no existen condiciones para practicar la medicina en mi país. En ninguna parte de Venezuela”, explica Freddy, quien en un principio entró a estudiar ingeniería mecánica, pero que después del primer semestre encontró más interesante la medicina.

Por la situación política y económica se vio obligado a salir de su país. Llegó a Iquique en noviembre de 2018. Ahí estuvo un mes para luego aterrizar en Santiago de Chile y prepararse para rendir el Eunacom, el examen de conocimientos de medicina que deben rendir todo los egresados nacionales y extranjeros. Pero no le fue como lo esperaba. No tuvo tiempo de prepararse por el cansancio de su empleo en una tienda de retail. Afortunadamente, en agosto comenzó a prepararse de nuevo a través de un curso impartido por la Vicaría de la Pastoral Social para rendir el examen en diciembre. Todo sujeto a cómo evolucione la crisis sanitaria.

Mientras, se dedica con pasión a su trabajo en el CAR como técnico en enfermería. “Postulé como asistente de trato directo. Quería colaborar, me parece que esta carrera es más allá de un sueldo, sino que a uno le motive a ayudar a los demás. Así es en mi caso. No postulé como médico, sino que para poder colaborar con la institución”. Su trabajo consiste en velar por el bienestar de 30 hombres y mujeres adultos con discapacidad mental. Cuenta que no es fácil, pero se arriesgó porque ya tenía experiencia en el sistema público de Venezuela. Para él han sido dos gratos meses, en donde se ha encariñado con los participantes.

-¿No temes al contagio?

-No tengo miedo al contagio. Me preguntaron si estaba disponible para trabajar con personas contagiadas y dije que sí. Es propio de nuestra carrera, nosotros nos arriesgamos para entregar una mejoría al paciente, una ayuda. Es parte de nuestro trabajo. Con el conocimiento que uno tiene, hay que disminuir el riesgo de contagio y utilizar bien los métodos de protección.

-Como diríamos en Chile, es ‘un gran poroto’ contar con un médico dentro del programa.

-Es bastante responsabilidad ser médico. Me comentaron que nunca habían tenido uno, entonces eso me llena de responsabilidad y me gusta asumirla. Sería bueno formar una unidad tanto médica como de enfermería más establecida, porque así los residentes se controlan mejor, con cosas pequeñas que se puedan resolver en la misma institución sin la necesidad de trasladarlos a sitios donde puedan tener riesgo de contagio.

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