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Gloria Bravo, apoderada y abuela:

“No sé qué pasaría si no existiera esta sala cuna en La Pintana”

Hace 30 años que está vinculada a la sala cuna Monseñor Santiago Tapia, ubicada en una de las comunas con mayores índices de pobreza en el país. Primero, como madre, hoy como abuela y tutora de sus nietos. Es hincha número del establecimiento y de sus  “tías”, que fueron el gran apoyo para ella y muchas familias en los momentos más crudos de la pandemia. Esta es su historia.

Por María Luisa Galán

“La señora Gloria lleva muchos años junto a nosotras. Es la abuela de varios niños que han estado acá y con una situación bien compleja en todo aspecto. Cultural, emocional, económica. Es de las personas que uno piensa y dice ¿por qué hay algunas personas a las que les toca tan dura la vida?”, comenta Sara Miranda, directora de la sala cuna Monseñor Santiago Tapia, ubicada en La Pintana.

Gloria junto a uno de sus nietos.

Habla de Gloria Bravo (65), una vecina del sector de El Castillo, la población donde se creó la sala cuna hace treinta años.  Su vida no ha sido fácil. Tenía cuatro hijos cuando se separó. No tenía trabajo ni quién cuidara a sus hijos. Hasta que encontró la sala cuna, un espacio que fue creado a fines de los años 80.

“Llegué a esta sala cuna cuando mi hija tenía seis meses. Tenía que trabajar porque estaba criando sola a cuatro hijos. No hallaba qué hacer con los menores y lo único que había era esta sala cuna y el jardín de allá adelante. Nada más. Y ahí empecé a trabajar”, recuerda hoy Gloria sobre esos días en que empezó a trabajar barriendo calles.

Actualmente es la jefa de hogar de una familia compuesta por catorce personas. “Vivo con tres hijos y sus esposas. Yo soy la que mando. Mi hijo mayor tiene un niño, mi hija está con sus tres niños, y mi otro hijo, que es deficiente mental, tiene a sus tres hijos en la casa”.

-¿Su casa es chica o es que vive en ella mucha gente?

-Mucha gente. Mi casa no es chica. ¿Chicas como las de ahora? No. Es porque hay muchos, por eso se hace chica. Es grande porque cada uno tiene su pieza, como corresponde. Mi hija ocupa la más grande, porque tiene tres hijos. Después yo, mi hijo y mi otra nuera. Pero todos tienen sus dormitorios.

La pandemia no fue un periodo fácil para ella. Además de sufrir la pérdida de su mamá y de su ex marido, sus hijos quedaron sin trabajo. Resistieron gracias al trabajo de su yerno, la pensión de invalidez de su hijo y la que recibe ella.

Gloria recibiendo donación de yogur de Soprole y caja de alimentos en julio de 2020.

“Sobrevivimos con la cajas de los colegios y la mercadería de la sala cuna. Y mi hijo mayor haciendo pegas por aquí y por allá. Mi hija mayor, que es técnico en párvulos, no encontraba porque no recibían a nadie. Nos tocó muy dura la pandemia. Ahora recién mi hija está trabajando en San Bernardo y mi hijo lleva 8 meses trabajando. Yo estoy jubilada, pero la pensión no alcanza. Recibía, cuando trabajaba, 80 mil pesos semanales. Hoy recibo 137 mil mensual. No alcanza para nada. Y recibo la pensión de mi hijo enfermo, que son como 120  mil. Con esos subsistimos durante la pandemia”, comenta.

-¿Fue muy dura la pandemia, muy inesperada? 

-Para nosotros fue más carencia que nunca. Mucho más. A veces los niños quieren algo y uno no se los puede dar. Los niños querían un dulce pero no se lo podíamos comprar porque no había plata para comprar nada, sobre todo la leche para los gemelos que nacieron prematuros. No hallábamos cómo conseguirla, porque no les podíamos dar cualquier leche. Venía a la sala cuna a buscar las canastas y la tía me preguntaba: ¿tiene leche para los niños? Ahí tiene dos o tres tarros. Siempre estuvieron con nosotros. Con balones de gas, mercadería.

Según la CASEN hecha en pandemia en 2020, la pobreza en Chile alcanzó al 10,8% de la población. Y de acuerdo a un análisis más profundo hecho por Fundación Sol, sin considerar los subsidios y transferencias del Estado, esta cifra aumenta a un 17,4%. Y otro dato que aporta Comunidad Mujer, en su estudio “¿Cuánto aportamos al PIB?” del 2021, donde describe el escenario de mujeres como Gloria, señala: “Más de un tercio de las mujeres inactivas se encuentran fuera del mercado laboral debido a la carga de trabajo de cuidados no remunerados que asumen dentro de sus hogares (36% en 2019; 34,6% en 2020; y 37,3% en 2021, sumando las responsabilidades familiares permanentes y temporales), lo que les impide generar ingresos por trabajo y contribuir a sus jubilaciones. Por el contrario, entre los hombres, solo una mínima fracción declara a las responsabilidades familiares como la razón para no participar del mercado del trabajo (2,2% en 2019; 7% en 2020; y 5% en 2021)”.

Mamás y abuelas de La Pintana

La sala cuna Monseñor Santiago Tapia tiene una capacidad de 60 niños y niñas, 20 en sala cuna menor y 40 en sala cuna mayor y su funcionamiento es vía convenio de transferencia de fondos desde JUNJI. Está dividida en 3 salas. Una para los más pequeños, para las guaguas entre los 3 y 12 meses. Y otras dos salas, donde están los más grandes, los que dan sus primeros pasos y balbucean sus primeras palabras. Todo es gratuito.

Es de construcción modesta pero acogedora. Hay educadoras que llevan casi treinta años, otras que recién están comenzando su carrera. Pero más allá del tiempo de trayectoria de las profesionales, en todas se nota su vocación. Los niños llegan a las 8:45 y desde ahí, cada sala tiene una rutina hasta las cuatro de la tarde, todo bajo la metodología Montessori. Juegan, cantan, se les estimula en cada momento. Duermen en pequeñas colchonetas con sus respectivas sábanas y frazadas, con una cálida melodía de fondo. Comen tres veces al día: desayuno, almuerzo y once. Cada niño, según su edad, recibe el alimento que le corresponde. Papilla, molido o más sólido.

Pero la sala cuna es mucho más que un recinto de estimulación y desarrollo integral de párvulos, es también un lugar que apoya a 60 familias que viven en un territorio con las mayores tasas de pobreza en la Región Metropolitana. De acuerdo a la CASEN de 2017, un 14,14% de los pintaninos vive en situación de pobreza por ingresos. Muy por encima del 8,6% del nivel nacional o 5,4% metropolitano. Y si se mira la pobreza multidimensional, esta se empina a los 32,74% en la comuna, también muy arriba del 20,7% en Chile o el 20% en Santiago. Otro dato. A diciembre del 2020, el Ministerio de Desarrollo Social estimó que el 4,8% de los habitantes de La Pintana carecen de servicios básicos y un 22,3% vive hacinado.

“Acá asisten niños y niñas desde los 3 meses a los dos años aproximadamente. Son niños que viven junto a familias que necesitan la sala cuna. Sobre todo madres, padres o cuidadoras que requieren trabajar o necesitan el cuidado y la protección que brindamos a la comunidad”, comenta Sara, directora desde hace diez años de la sala cuna. Y agrega: “Tenemos madres jóvenes, adolescentes, padres y bastantes abuelas que colaboran a su hija o simplemente son las tutoras legales por situaciones con tribunales y necesidades extremas”.

Gloria es la tutora legal de tres de sus siete nietos.

Desafortunadamente, a uno de ellos le detectaron un cáncer ocular. “Yo en estos momentos estoy yendo y viniendo con mi nieto que tiene cáncer. Entonces los niños están aquí para poder ir a los hospitales, así no estoy pendiente con quién y dónde los dejos. Están todos aquí en la sala cuna mientras una va al hospital. Ayuda bastante, en ese sentido”, cuenta. Y dice, además, que por cada sesión de quimio terapia en el hospital Calvo Mackenna, gasta 25 mil pesos en un auto privado, porque el niño no puede exponerse a microbios.

“No sé qué pasaría si no existiera esta sala cuna. Las salas cunas son caras y los sueldos no alcanzan para pagar una particular. Por aquí no hay salas cunas, hay jardines pero no salas cunas. Esta es la única en la que confío desde que estoy aquí. A mí esta sala cuna me ha ayudado mucho, imagínese con todos los que tengo, sobre todo con los gemelos”, dice Gloria.


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