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Voluntarios de la Región Metropolitana

se congregaron en especial jornada del Mes de la Solidaridad

Ni el frío ni la amenazante lluvia en Santiago, detuvieron a los casi cincuenta voluntarios del Hogar de Cristo de la Región Metropolitana que se congregaron el sábado en una jornada hecha para ellos en este Mes de la Solidaridad. Aquí te contamos sobre sus razones para servir al otro y seguir los pasos del Padre Hurtado, que fueron los principales puntos de reflexión esa mañana.

Por María Luisa Galán

“Me llena. A mi edad, que ya son 80 años, me cuesta llegar, pero hay algo dentro de mí que me levanto como sea y voy todos los martes”, cuenta María Angélica Araya, voluntaria desde hace 15 años en la Residencia Recoleta. Tampoco, a pesar del frío y la amenaza de lluvia, le impidieron llegar el sábado 6 de agosto al Santuario del Padre Hurtado para asistir a la jornada de voluntarios de la Región Metropolitana.

Acusaron recibo cerca de cincuenta personas. Todos felices y entusiasmados, capeando el frío con té, café y dulces. Cada uno proveniente de diferentes programas del Hogar de Cristo. Algunos con años de trayectoria, otros sólo meses, pero todos deseosos de aprender conceptos sobre pobreza y vulnerabilidad, y también de compartir sus experiencias.

María Angélica llegó a la Residencia Recoleta a través de otras personas. Ahí se encarga de la parte espiritual de los adultos mayores. Leen el evangelio y hacen responsos, por ejemplo. “Con los años, uno va conociendo a los adultos mayores, aprendiendo cómo es la vejez. Hay partes buenas y otras malas. En Recoleta, a muchos los han abandonado y tienen depresiones, lo que agrava sus  enfermedades. Hay otros que no, que pidieron ir ahí para no ser cachos de sus hijos. Uno aprende mucho. A escuchar, a compartir”, cuenta.

Alejandra Correa y Sandra Cárcamo están desde marzo como voluntarias en el Centro Diurno de La Granja. El espacio acoge a personas con discapacidad mental y ellas llegaron hasta ahí para hacer su práctica en terapia complementaria. Cuando terminaron, quisieron seguir desde el mundo del voluntariado. Cuentan que hacen yoga, auriculoterapia, reiki, terapia floral, meditación y arte terapia. Sobre el yoga, Alejandra cuenta: “Los ayuda a relajarse, a concentrarse. Al principio se aburrían un poco, pero después nos iban a buscar a nuestra sala. Si bien había algunos que se dormían en la meditación, después lograron ir más allá de una meditación consciente”. Sandra, agrega: “Carlos, el terapeuta ocupacional del programa, fue notando los cambios. Después de un par de talleres, se lograban concentrar más en lo que les pedían. A principio les costaba, pero después lo lograban, sobre todo en las meditaciones”, aclara Sandra.

Marjorie Leiva hace voluntariado en la Casa de Acogida Josse Van der Rest. Fue estudiante en práctica de terapia ocupacional y cuenta que fue tal el vínculo que generó con los adultos mayores, que decidió quedarse como voluntaria: “Me motiva conocer y trabajar con personas. Sobre todo con las más vulnerables. Conocer sus historias de vida, acompañarlos. No me quise separar de ellos y seguí yendo hasta que me invitaron a esta ceremonia. Ahí le tomé el peso a mi trabajo, porque para mí era compartir con personas queridas”.

Claudio Muñoz es uno de los voluntarios con más trayectoria en el Hogar de Cristo. Desde 1988, calcula él. Es, además, vecino de varios programas de la fundación en Estación Central y es un gran colaborador, especialmente cuando hay que convocar a la comunidad. Y, cómo no, estuvo presente en esta jornada. ¿Por qué? Así lo explica: “Me encanta, me siento bien haciéndolo. Sobre todo cuando se acercan las fiestas, como el 18 de septiembre. Ya estamos en campaña para celebrárselo a las personas en situación de calle y a los participantes del Hogar de Cristo. La fundación es como mi segunda casa”.

Los voluntarios son clave

Durante la jornada hubo una charla sobre la misión, visión y las causas del Hogar de Cristo. Luego se conversó sobre el statu quo del voluntariado y del enfoque de derechos. Se realizaron trabajos en grupo, para luego continuar con la presentación de la “Escuela de Formación Involucrados”, que es para voluntarios y es un símil a la que hay para trabajadores. Antes de cerrar la jornada, se realizó una ceremonia de reconocimiento a los voluntarios destacados por sus años de trayectoria, compromiso, trabajo en equipo, solidaridad, innovación y justicia.

Paz Mackenna, subgerente de voluntariado del Hogar de Cristo, dijo al respecto: “Creemos que para cumplir la misión del Hogar de Cristo y basados en la definición de pobreza que tenemos, el rol de los voluntarios y la comunidad es clave. Nuestro trabajo es la inclusión y para ello tenemos que convocar a otros; hacer que la causa de la justicia social sea compartida por todos y que eso vaya cambiando el sistema y las estructuras. La pobreza no sólo está en el pobre, sino en la forma en la que nos relacionamos. Por eso hay que luchar y transformar. El voluntariado es un encuentro transformador que busca romper la trayectoria del individualismo y de falta de empatía”.


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