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La granja de Laguna Verde

Los redimidos de Cristián

Cristián Soto Alfaro fue una persona en situación de calle y estuvo un par de años en la hospedería del Hogar de Cristo en Valparaíso. De su difícil etapa de recuperación al consumo de alcohol aprendió que muchos como él necesitan un lugar para alejarse y sanarse. Ahora dirige un centro de acogida donde los que no tienen recursos ni familia llegan en busca de ayuda. 

Por María Teresa Villafrade

“Teniéndolo todo, lo perdí todo”, dice Cristián Soto Alfaro (48) al recordar cómo llegó a ser una persona en situación de calle por causa del alcohol, pero más allá de eso “porque había mucha mentira en mí”. Hace tres años fue un usuario más de la hospedería del Hogar de Cristo en Valparaíso en donde reconoce que recibió ayuda de todo tipo: psicosocial, material y espiritual.

“Estuve muy bien, hice cursos y me perfeccioné, sin embargo, recaí. Me pude volver a levantar con mucho esfuerzo y en mi corazón quedó el anhelo de poder ayudar a otros que como yo llegan a tocar fondo en sus vidas”, agrega.

A poco andar, se acercó a un pastor del Ministerio de Restauración Cristiano a quien le planteó la idea que tenía de abrir un centro de acogida para personas en situación de calle que necesitaran alejarse de las drogas, del alcohol y del entorno en que viven. Gracias a una herencia que recibió, pudo adquirir una parcela en Laguna Verde donde levantó una casa de dos pisos para dar estadía a 37 jóvenes y adultos.

“Lógicamente yo acepté a Cristo en mi corazón, en el plano netamente espiritual, por eso la residencia se llama Los Redimidos de Jehová, pero no existe obligación ninguna de confesar la fe a quienes llegan acá. Recibimos a personas en situación de calle que nadie acoge y permanecen un año para descontaminarse de las adicciones, pero no tenemos psicólogos ni terapeutas, porque esto es totalmente gratuito, no se cobra nada. Sólo tienen que ayudar en el aseo y la mantención de la granja, que funciona como una terapia para mantenerse activos en el día a día”, señala Cristián Soto.

Si bien es un lugar sin fines de lucro, a quienes desean quedarse más tiempo en la granja se les da la posibilidad de trabajar. “Gracias a eso, podemos financiar en parte el centro y también recibimos ofrendas de las familias de algunos residentes que han restaurado sus lazos. En este momento hay muchos hombres que están recuperando sus familias, sus esposas y sus hijos han vuelto a creer en ellos. Entonces nos aportan un dinero que no es mucho, pero que sí sirve mucho”.

No reciben recursos del gobierno central ni del municipio. Sólo cuentan con profesores que apoyan en el ámbito educativo con cursos de perfeccionamiento en algunas áreas, charlas y estudios bíblicos, además de un culto de adoración al Señor. “Cuando los chicos caen en la droga, se pierden muchos valores, se pierde la dignidad, entonces nosotros les ayudamos a recuperar esos valores. Yo lo viví igual. Nos preocupamos mucho de la restauración espiritual. Tenemos normas, personalidad jurídica, todo en orden”, aclara e incluso cuenta que mantienen contacto estrecho con la policía local que está al tanto del trabajo que hacen.

RECONOCER ERRORES Y PEDIR PERDÓN

Cristián Soto tiene los mejores recuerdos de su estada de cerca de dos años en la hospedería de Valparaíso y elogia al equipo profesional que allí se desempeña. “Es un lugar de mucha bendición, ellos me inculcaron que yo podía”.

Si bien dice que al caer fuertemente en el consumo problemático de alcohol, perdió su trabajo, a su esposa e hijos, “mientras no reconocemos la mentira que hay en nuestras vidas, nunca vamos a poder cambiar, siento que encontrar la verdad es la mejor decisión de vida que un hombre puede hacer. Yo tuve que reconocer mis errores y le pedí perdón a mi señora por todas las veces que la culpé a ella de mis problemas”, dice el hombre que nació en Isla de Maipo, pero vivió mucho tiempo en Angol. “He sido multifacético, estuve en la milicia, trabajé en contabilidad, en seguridad y en empresas marítimas. Ahora estoy ciento por ciento dedicado al centro de restauración”.

Para él dar un abrazo a “un tatita” que está botado en la calle y decirle que hay un lugar digno donde puede sacar su vida adelante, vale más que todo el dinero el mundo.  “Desgraciadamente no existen muchos espacios gratuitos como el nuestro y son demasiadas las personas que necesitan ayuda, he sabido que el más barato cobra 280 mil pesos mensuales y eso no lo puede pagar una persona en situación de calle que más encima ha perdido todas sus redes de apoyo”, explica.

Lo único que se pide a los que ingresan es que tengan disposición de salir adelante. Para Cristián Soto, que de 100 personas que pasen por la granja, tres puedan ganar la batalla, lo deja satisfecho. “Estoy más que pagado con eso, son tres vidas, tres familias, esposas, hijos que vuelven a tener una estabilidad. Desde que partimos hace 3 años, 12 familias se han restaurado con jóvenes que han vuelto a sus casas, maridos que volvieron a ser padres y tienen buenos trabajos. Casi todos me llaman seguido o me vienen a ver”, agrega.

La granja ubicada en Laguna Verde ha recibido a personas que también han pasado por la hospedería del Hogar de Cristo. Rodeada de naturaleza y a solo 5 minutos de la playa, permite las visitas de las familias, pero el factor más importante es que está apartada de la ciudad. “No me gusta mucho hacer publicidad porque uno debe trabajar en silencio por el Señor, pero yo le debo mucho al Hogar de Cristo y por eso quise dar mi testimonio”, concluye Cristián.

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