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Patricio Rodríguez: “Los camiones tocan la bocina, pero no me saludan a mí, sino a San Alberto”

Por Daniela Calderón Poblete.

Partió como una invitación y con los años se convirtió en el voluntariado más importante que Patricio Rodríguez ha hecho en su vida. Cada vez que la camioneta verde, esa que usaba el Padre Hurtado para recoger a niños que vivían bajo los puente del río Mapocho, recorre las calles del país, este hombre se viste de blanco, monta su moto y sale a las calles como escolta para abrirle paso entre los automóviles. Lo hace como si detrás del volante aún fuera manejando el Padre Hurtado.

“Soy cuasimodista y siempre he usado mi moto para escoltar al Santísimo en la parroquia a la que asisto. Cuando me invitaron a escoltar al Padre Hurtado como voluntario lo tomé como una obligación. Así soy yo cuando me comprometo con algo”.

 

Durante los primeros meses, Patricio solo era escolta de la retaguardia de la camioneta. Al poco andar se había convertido en el líder las caravanas en las que participaba la camioneta verde, “Uno va pasando y mucha gente se persigna; ora, se acerca a tocarla. Se siente el cariño de la gente. Los camiones te tocan la bocina, desde los buses te saludan, pero no te saludan a ti, saludan a San Alberto, y esa es la parte bonita”.

 

La admiración de Patricio por el Padre Hurtado lo impulsa a salir, algunas veces a las 6 de la mañana, otras a medianoche, desde Maipú hasta Estación Central cada vez que la camioneta verde debe participar en alguna actividad. “Alberto Hurtado es uno de los chilenos más importantes de nuestra historia. Tener un cura así, con ese legado tan importante, es difícil de encontrar. Por eso, cuando salgo siempre lo llevo dentro mi casco y en mi moto. Incluso, como empresario, también me encomiendo a él cuando me falta pega”.

 

Durante los 6 años que ha escoltado la camioneta verde y en todas las fotos que guarda como una reliquia, se le ve vistiendo una impecable chaqueta de cuero blanco más botas y guantes del mismo color. “Me visto de blanco porque es el color de los cuasimodistas. El blanco te invita a que trates de volver a  ser como niño. Además, uso luces y balizas para que la camioneta se vea y se note que hay una presencia en la calle”.

Es esa misma presencia la que lo ha llevado a vivir anécdotas en cada una de sus salidas. “Teníamos que ir a La Pincoya un día después de una protesta importante. En la televisión mostraban que lleno de autos incendiados en las calles y teníamos que pasar por ahí con la camioneta del Padre Hurtado. Sin embargo, cuando entró San Alberto vimos que toda la gente estaba contenta, incluso saludando a carabineros y lo que pasó la noche anterior se había olvidado. Ahí te das cuentas del cariño que se le tiene”.

 

Cariño que, según Patricio, se ha visto reflejado incluso en su vida cotidiana. “Mi señora se da cuenta cuando salgo a escoltar la camioneta. Yo sufro de problemas igual que todo el mundo, pero cuando salgo con San Alberto, voy a misionar, eso es un servicio. Mi rostro cambia porque pasó algo bonito. Mi señora me dice que me cambia la cara, y es que a veces uno anda enojado pero cuando salgo me olvido de todos los problemas. Y como decía el Padre Hurtado, voy contento, señor contento”.

 

 

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