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Margarita Sanhueza, Padam Estación Central:

La Navidad es un tributo a su madre

Desde los 8 hasta los 15 años, debió vivir junto con sus hermanos en la casa de su abuela en el campo porque el trabajo de su madre no alcanzaba para mantenerlos a todos. “No tengo buenos recuerdos de ese tiempo”, reconoce hoy, a sus 71 años. Todo cambió cuando, por fin, la familia volvió a reunirse.

Por María Teresa Villafrade

A Margarita no le gusta recordar esas navidades de su infancia en la casa de su abuela materna en San Vicente de Tagua Tagua. Cuenta que un día, uno de sus tíos prendió el árbol de pascua y terminó incendiándose y ella con su cara quemada.

“Debo haber tenido unos cinco años y yo, de pura copuchenta estaba metida al medio. Recuerdo que mi mamá lloraba mucho y me ponía cosas en la cara para que no me quedaran cicatrices. Me cuidada”.

Cuenta que su mamá se separó de su padre y le tocó trabajar para mantenerlos a ella y a sus otros tres hermanos. Sin embargo, el dinero que ganaba no le alcanzaba y tuvo que tomar la dolorosa decisión de separar a la familia.

Margarita Sanhueza durante un paseo al cerro San Cristóbal con otras personas mayores del Padam de Estación Central.

“Me mandaron a vivir con mi abuelita al campo, campo, en San Vicente de Tagua Tagua. Ella no era de celebrar la Navidad, con arbolito ni nada, todo era trabajo, trabajo, nada más. Mi abuelastro tenía panadería y ellos se dedicaban a eso. Mi abuela era la que abría la panadería, la que vendía, no había tiempo para los niños. No tengo recuerdos de navidades alegres”, agrega.

REGALOS GUARDADOS

Desde los ocho hasta los 15 años, los únicos momentos agradables para Margarita eran cuando su mamá viajaba a verlos y les llevaba regalos a ella y sus hermanos.

“Ese día todo era lindo, pero mi mamá se iba y los regalos se guardaban, ya no jugábamos más con las cosas que nos traía la mamá. Me acuerdo de una preciosa muñeca de loza que ella me regaló, mi abuela me la pasaba para que yo jugara cuando mi mamá llegaba a vernos, pero apenas ella se iba, mi abuela la guardaba, así era de triste todo”.

Todo cambió cuando por fin le entregaron a su mamá el departamento en que vive actualmente en la Villa Portales de la capital.

La mamá de Margarita Sanhueza amaba la Navidad.

“Volvimos a vivir todos juntos con ella y empezamos a disfrutar de las mejores pascuas. Ella era fanática de la Navidad, le encantaba armar el árbol de pascua con pino natural. Nos mandaba a buscar tierra para rellenar el tarro donde iba a instalarlo y nosotros íbamos felices. Después ella llegaba con el pinito y lo armaba precioso, yo nunca he podido armar uno tan lindo como el que ella hacía”, dice con nostalgia ya que hace dos años murió su mamá.

La cena familiar era sagrada e incluía de entrada, palta reina, y de plato principal, pollo o carne al horno, con todo tipo de ensaladas y las infaltables papas con mayonesa. “Preparaba mucha cantidad y pasábamos tres días comiendo lo mismo”, recalca sonriente.

A las 12 de la noche en punto, los mandaba a salir de paseo a la calle porque iba a llegar el Viejito Pascuero. “Entonces ella ponía todos los regalos al pie del árbol de pascua y cuando llegábamos, nos mostraba todo lo que el Viejito nos había dejado. Era puro gozar la Navidad con mi mamá”.

-¿Y pudiste continuar con tu propia familia esa tradición?

-No tanto, porque cuando me casé nos fuimos a vivir con mis suegros y la cosa cambió. Mi suegro era gruñón, se preparaba la cena y se armaba el árbol de pascua pero ya no era lo mismo. No había ese entorno familiar de mi hogar, ya teníamos dos niños, se cenaba y calabaza, calabaza cada uno para su cama.

Margarita Sanhueza tuvo cuatro hijos y nunca fue propietaria de una casa propia. Hoy vive de su pensión básica solidaria en el departamento que era de su madre, a quien ella cuidó con esmero hasta que falleció a los 91 años.

En ese período conoció al equipo del Programa de Atención Domiciliaria Adulto Mayor (PADAM) de Hogar de Cristo en la comuna de Estación Central, que la empezó a acompañar a ella y a su madre. “Me ayudaron mucho, porque mi mamá estaba postrada, me traían pañales, útiles de aseo, y ahora me cuidan a mí porque soy adulta mayor que vive sola, se preocupan harto y siempre me llaman por si necesito algo”.

Generalmente, Margarita pasa Navidad o Año Nuevo en casa de su hija Silvana. “Ella nunca me deja sola ningún año. Lo pasamos súper bien, alguien se disfraza de Viejito Pascuero y también va mi consuegra”, precisa.

Su pensión alcanza para pagar las cuentas de luz, agua, gas y el internet, porque a ella le gusta mucho la informática. “Hace cinco años mi hija me regaló un computador y lo tengo conectado a la tele, entonces veo lo que quiero y lo ocupo todos los días. También me compra los remedios y mercadería”.

De sus cuatro hermanos, una falleció el 2010 y solo quedaron tres. Un hermano vive en el norte y el otro en el sur. “Yo vivo aquí con el consentimiento de ellos. Me dicen ´negra, vive tranquila´”.

Lo que eso sí Margarita nunca ha dejado de hacer cada Navidad es armar el árbol de pascua en honor a su mamá. “Lo hago solo para ella”, admite.

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