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Marie Andy Sanozier, mujer líder 2020:

“El migrante tiene un doble sufrimiento”

El diario El Mercurio la escogió como una de las 100 mujeres destacadas por su aporte a la lucha contra el COVID-19 y la consecuente crisis social y económica. Trabaja en fundación Emplea, del Hogar de Cristo, y además en varias iniciativas enfocadas principalmente en ayudar a extranjeros. Su vocación y espíritu solidario es innegable. Aquí, descúbrela.

Por María Luisa Galán

Cuando Marie Andy Sanozier recibió el correo en donde le decían que había sido seleccionada entre las 100 líderes sociales 2020 de El Mercurio, no le dio mucha importancia. Su amiga colombiana, la médica Carolina Soto, fundadora de la iniciativa social “Dona tú copago” la había motivado a postular al premio. Lo hizo sin mucha expectativa. “Haitiana, persona negra”, creyó ella, pero como no quiso decepcionarla, aceptó. “Es mi naturaleza decirle que sí a la gente y total, no tenía nada que perder, pensé: ni siquiera van a ver mi postulación”, comenta, entre risas, Marie. La contactaron en junio, julio, no recuerda bien la fecha, para pedirle más documentación, luego lo olvidó por completo.

Marie lleva casi cuatro años en Chile. Es haitiana pero habla un perfecto español gracias a su paso por República Dominicana, donde estuvo 12 años. Vino a Chile a acompañar a su hermana y a probar suerte. ¿Por qué no?, se dijo. Hoy lleva un poco más de tres años en fundación Emplea, causa del Hogar de Cristo, en donde se desempeña como facilitadora intercultural.

A principios de septiembre pasado, Carolina le escribe un WhatsApp para decirle que revisara su correo. Marie le dice: “Sí, en un rato”. Pero su amiga insistió. “Ahí vi que estaba entre las 100 personas seleccionadas y la verdad es que no le tomé ningún peso. Dije: ‘¡ay, qué bueno!’, qué felicidad, aún salgo. No entendí que estaba entre las 100 últimas personas porque postularon más de seis mil personas”, cuenta. Cuando se percató que ese centenar de personas, entre los que estaba ella, eran los finalistas, se puso contenta. “Me sentí feliz por mi país, por mi gente. Este reconocimiento es gracias a la labor social que he estado haciendo no sólo con “Uno ayuda al otro”, sino que con las otras organizaciones en las que trabajo de manera interna, sin hacer tanto escándalo. Prefiero trabajar en el anonimato y llegar hacia donde tenga que llegar, sin tener que estar exponiéndome a las redes sociales”, dice.

Precisamente, su agenda es amplia. Además de su trabajo, colabora con varias iniciativas sociales enfocadas en el tema migrante. “Dona tu copago” y “Uno ayuda al otro”, son algunas de las tantas causas en donde apoya.

-¿Qué te mueve hacer ayuda social?

-Desde siempre, nací con ese deseo de ayudar a las personas, poder apoyar y compartir lo poco que tengo. Si no es con dinero, es con lo que sé; si no es con lo que sé, es con mi trabajo. Me gusta ayudar a la gente y no porque tengo, sino porque entiendo que darse a los demás te hace mejor persona. Es ponerse en el lugar del otro, qué me gustaría que hicieran por mí. Sólo busco eso. ¿Qué harías tú en mi lugar? Nada de lo que hago, lo hago esperando premio de nadie, ni el agradecimiento de las personas. La verdad que no. Cuando las hago es porque nacen de mí, porque me gusta hacerlo, porque siento que las personas merecen y necesitan a alguien que les dé una mano ayuda.

-De lo que has visto, ¿cómo les ha tocado esta crisis sanitaria a los migrantes?

-Me lo han confirmado personas que también viven afuera, que les ha tocado vivirlo desde el ángulo del migrante. Sí, les ha tocado más duro porque al estar en casa se te hace más fácil conseguir a alguien que te diga: ‘ven, almuerza conmigo o te llevo algo’. En caso de que no puedas pagar el arriendo dices: ‘me voy donde mamá unos días’. Pero estar en otro país es más complicado porque hay hacinamiento, tienes tus propios problemas, gastos, entonces no les es fácil decir: vengan a vivir conmigo, mientras pasa todo. Sobre todo teniendo que pensar en todos los que dejaron atrás, muchos tienen sus papás, hijos, esposa en el otro país, a quienes hay que enviarles dinero, porque con o sin crisis tienen que comer, pagar arriendo. Y cómo lo hace el que está acá si ni siquiera pueda pagar el suyo. Tienen un doble sufrimiento: no puedo pagar el mío pero el que está en mi país tampoco. Tengo que estar encerrado, pero ¿cómo lo hago si mi hija lleva dos días sin comer? ¿Si mi mamá no ha podido comprarse sus medicamentos? Es una crisis que no se sabe hasta cuándo. Hay personas que dejaron de trabajar el 18 de octubre pasado y siguen cesantes.

“La crisis no partió con el coronavirus”

A mediados de abril pasado, Marie se encontró con la noticia de los haitianos contagiados en Quilicura. Se molestó y angustió por la alta exposición a la que se vieron enfrentados sus compatriotas. Su rabia la movilizó. Empezó a llamar a empresas y personas, uno fue el embajador de la juventud haitiana en Chile para decirle: “Algo tenemos que hacer, no podemos quedarnos con los brazos cruzados”. Tanto prendió su iniciativa, que junto a otras siete personas crearon: “Youn ede lot” (“Uno ayuda al otro”), con el objetivo de apoyar a migrantes en general a través de la entrega de alimentos, artículos de aseo, lo que sea necesario. “La crisis no partió con el coronavirus, sino que antes, después del 18 de octubre. Esas personas quedaron cesantes pero podían salir a la calle a vender zapatillas, ropa, agua, pero después no podían hacer eso, tenían que quedarse en la casa sí o sí, lo que significaba quedarse sin comida, era no poder comprarle leche a sus hijos, entonces empezamos a tocar puertas y se fueron abriendo muchas, muchas personas colaboraron con el proyecto”, cuenta Marie.

En paralelo, también colabora con “Dona tu copago” proyecto de ayuda social que nace en plena pandemia y en donde el modus operandis es que un paciente dona la mitad, un copago, de la atención médica que realiza la ya mencionada doctora Carolina Soto. Este dinero se va a un fondo solidario que permite que personas que no puedan tener acceso a un médico, tengan una atención gratis. Marie apoya desde su expertise: el creole. Realiza clases a público en general y a profesionales de salud por un valor de 50 mil pesos al mes, son cuatro sábados por dos horas. La mitad del arancel se va en apoyo a este proyecto, que por ahora tiene fecha de término el 31 de diciembre de 2020.

Desde antes de la crisis hacía clases de creole a profesionales de la salud, a través de convenios con empresas, universidades. “Les gusta, encuentran que es importante saber comunicarse con los pacientes. Una de las cosas que me comentan es que después de que aprenden el básico de creole, como que sienten que hay mayor contacto con los pacientes. Y además no sólo damos clases de creole, sino también de cultura haitiana. Por qué las mamás haitianas reaccionan de tal manera, para que el trato sea más amigable. Si conozco tu historia, voy a entender cuando las personas responden de tal manera”, dice Marie, mamá de una niña preadolescente, trabajadora, voluntaria y de una empatía y vocación de servicio admirables.

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