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Marilde Queupuán:

Ganadora de concurso literario de Rostros Nuevos fallece a los 50 años

Con su “Oda a la locura”, esta oriunda de Osorno obtuvo en 2017 el primer premio de este certamen de cuento y poesía para personas con discapacidad mental que alcanza notables niveles de calidad. Lamentablemente, Marilde, quien había logrado superar la situación de calle y vivía en una casa compartida, no logró superar una fuerte neumonía y murió a comienzos de octubre.

Por María Luisa Galán.

 

“Se caracterizaba por ser una persona muy amable. Era muy educada y siempre le interesó mucho la literatura. Participó en los concursos literarios de Rostros Nuevos y ganó el año pasado. Estaba muy sorprendida porque no se esperaba que la tomaran en consideración. Ganar fue súper importante para ella”, cuenta el terapeuta que acompañó Marilde Queupuán durante su proceso psicosocial en el programa “Hogar de tránsito a la vida independiente” de fundación Rostros Nuevos, del Hogar de Cristo.

En esa oportunidad, ganó con su obra titulada “Oda a la locura”, entre cuyos párrafos se lee: “Locura por el sushi, locura por los cumpleaños, locura por las ofertas de zapatos, locura por el pastel de choclo, locura por el poroto granado, la sandía y el melón, locura por las cerezas de estación, locura por las frutillas, locura por el jugo de maracuyá, locura por los helados… ¡Cuánta locura!? No me atrevo a prohibirla ni a cuestionarla, pues la locura es mi pasión”.

 

Hace unos días, a sus 50 años, fue internada en el hospital por una neumonía. Lamentablemente, no se pudo recuperar y murió la mañana del 3 de octubre. Sólo hace unos meses, había dado una entrevista al diario El Mercurio, en la que contó sus 10 años en situación de calle. Tal como relató en esa oportunidad, no fue hasta que llegó a la hospedería del Hogar de Cristo que se le diagnosticó esquizofrenia. “Antes, desconocía que las personas que veía, las voces que oía y sus intensos cambios de ánimo, podían tener una explicación clínica”, explicó en la oportunidad.

De ahí, fue derivada al programa de Rostros Nuevos, donde estaba siendo acompañada en su proceso de salud mental hace casi dos años. Oriunda de Osorno, Marilde tuvo dos hijos, hoy de 27 y 16 años. Trabajó como nana puertas adentro, pero “los empleadores al darse cuenta que tenía problemas de salud mental, me despedían”.

A pesar de la adversidad, salió adelante y en eso estaba, preparándose para su vida independiente. Recién se había ganado un fondo del Fosis, con el que se compró telas y maquinarias para comenzar su emprendimiento de bolsos y mochilas. “Tenía conocimientos avanzados en corte y confección. Estaba en un proceso súper bueno con redes sociocomunitarias, realizando capacitaciones en Tacal. Tenía sus controles al día y era muy autónoma”, cuenta su terapeuta.

“Locura por las riquezas, ¡qué espanto! ¡Qué inconscientes!  Yo amo las comodidades, si eso es ser rico, ¡fabuloso! Amo el mar y eso es riqueza, ¡puchas qué fabuloso! ¿Qué más querría tener en el mundo, que no fueras tú en mi vida? Qué locura no haría si estuvieses vivo, me siento en mi jardín y puedo respirar profundamente y sigo aquí, vagando en tu ensoñación de ser mío al fin… ¡Qué locura…!”, dice el último párrafo de su “Oda a la locura”.

Este año 2018, el nivel de los trabajos ha resultado sorprendente. El jurado se reunirá el próximo martes 16 de octubre en la librería Takk, en Providencia, para dimirir a los ganadores, que serán dados a conocer en enero de 2019, junto con la  publicación de los sus trabajos en un libro de bolsillo.

 

ODA A LA LOCURA

Locura por el sushi, locura por los cumpleaños, locura por las ofertas de zapatos, locura por el pastel de choclo, locura por el poroto granado, la sandía y el melón, locura por las cerezas de estación, locura por las frutillas, locura por el jugo de maracuyá, locura por los helados…

¡Cuánta locura! No me atrevo a prohibirlo ni a cuestionarlo, pues la locura es mi pasión. Me encuentro llena de vida cada vez que se produce un producto nuevo, quisiera probarlo, tocarlo y sentirlo abiertamente, sin límites. ¿Qué locura te produciría a ti, teniendo a la mano la candencia del producto, como si fuera un pan recién horneado?

La locura me hace sentir lo febril de la primavera, me inquietan sus aromas a flores frutales. Es como un estallido de colores, olores, perfumes por doquier que embellecen nuestro bello país… los verdes pastizales. Las colonias de pájaros con sus trinos de palomos arrullando con dulce encanto a sus palomas, arrullo de murmullos de seres vivos, entonando alguna melodía de amor en las radios de antaño.

Locura interna, me pintaré el alma y los pensamientos y los bosquejos quiero que resalten y brinquen al encuentro con mi ser y no tengan más amarillo, rojo, verde… Que salten al encuentro como un viajero recién pisando la entrada de su bello hogar.

Locura por la naturaleza viva y la naturaleza muerta, locura por estar viva y respeto por lo muerto, locura al amor y locura por el antagonismo, locura por la velocidad y tendemos a llegar a ser viejos y lentos, locura por las rosas aromáticas y aterciopeladas, locura por el desierto candente y a la vez frio.

Se me olvidan las cosas locas que tenía antes y me hacían levantar a diario, pues la locura la llevamos todos en el interior, tan profundo, que cuando despierta nos sacude como un temblor a la tierra amada. Tanta locura descontrolada, que, cuando se va, tendemos la alfombra o la toalla sobre el césped. No puede fallar nuestra locura desbordada pues nos alimenta el ego y llega derecho a inundarnos de flores paulatinas y su aroma nos produce ser más hermosos, para agobiar las penas y pesadumbres de nuestro sistema armonioso.

Locura armoniosa, llena de espíritu, nos espantan hasta los malos olores que producimos. Locura, ¡tanta locura! Me encantan los diamantes, los rubíes, las piedras preciosas, amo eso sin pertenecer a ellos, son tan hermosos que nadie puede igualarlos, son como las flores bellas, armoniosas, exquisitas en su ambiente, qué hermosura, qué locura, qué encanto…

Locura por las riquezas, ¡qué espanto! qué inconscientes. Yo amo las comodidades, si eso es ser rico, ¡fabuloso! Amo el mar y eso es riqueza, puchas, ¡qué fabuloso! ¿Qué más querría tener en el mundo que no fueras tú en mi vida!? Qué locura no haría si estuvieses vivo, me siento en mi jardín y puedo respirar profundamente y sigo aquí, vagando en tu ensoñación de ser mío al fin. Qué locura…

 

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