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Música, poesía y esperanza en la Ex Peni

El miércoles 21 de noviembre, despertamos expectantes y ansiosos, habíamos trabajado durante meses, como Hogar de Cristo, Vicaría Pastoral Social Caritas y Coorporación Abracemos la Cárcel. Teníamos un desafío tan lindo como “imposible”: llevar un concierto de música clásica, poesía y solidaridad al lugar más difícil, marginado y violento de Santiago. El lugar con la peor fama posible: el Óvalo de la Expenitenciaría.

Por Jaime Muñoz Echard

Hace meses comenzaron las reuniones con Gendarmería, tuvimos buena recepción, no fue difícil que les hiciera sentido re significar por un momento el Óvalo, ese lugar de muerte y violencia. ¿Por qué? Porque al final de cuentas, todos sabemos que, pese a la miseria, ahí viven personas que gozan de una dignidad, aunque cuestionada y muchas veces pisoteada, siempre sagrada.

Comenzamos el diseño de la actividad. No sólo queríamos dar una muestra de buena música, queríamos también entregar un mensaje de esperanza, justicia y paz. De derechos humanos para quienes sufren todo el rigor del sistema carcelario, funcionarios e internos.

Llegó el día, desde muy temprano, a primera hora en la cárcel, coordinamos la llegada y entrada de los músicos y sus instrumentos, el montaje, la amplificación, todo. Entrábamos al lugar del cual todos quieren salir.

A las 10 de la mañana en punto, el director Eduardo Browne dio el vamos a la Banda Sinfónica Estudiantil de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, que partió con una pieza de música clásica. Le siguieron los aplausos sorprendidos de los hombres privados de libertad y luego la lectura del poema “No te rindas”, de Mario Benedetti:

“No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero”.

Luego vino la presentación oficial de los animadores que nos recordaron el porqué del Abrazo al Óvalo Ex Penitenciería. Y más música y aplausos entusiasmados. Retumbaban en todo el Óvalo, los mensajes de justicia, paz y dignidad leídos por un ex interno de nombre significativo, Delfín Díaz, quien estuvo 15 años encarcelado y hoy participa de la ONG Abracemos la Cárcel, una de las instituciones organizadoras. Una voluntaria luchadora por los derechos humanos también leyó reflexiones como: “No por estar preso significa que no estoy vivo o sienta, estamos presos pero somos personas y también tenemos derechos”, “La debilidad del preso y el esfuerzo de la familia merecen oportunidades, necesitamos ser escuchados, que nos esperen por que el amor sigue intacto”. “La libertad siempre llega para todos, todos podemos ser parte del proceso de cambio”. Esas fueron algunas de las frases que se escucharon al interior de la ex penitenciaria durante la actividad, todas redactadas por los mismos presos de la Ex Peni y por funcionarios del área técnica semanas antes del encuentro.

El Óvalo se comenzó a cargar, ya no de miseria, sino de esperanza.

 

El momento central se produjo cuando se abrieron las rejas y nos mezclamos todos al centro. Todos culpables de algo, todos frágiles: internos, funcionarios, hombres y mujeres con el sueño de la libertad para todos. Nos tomamos de las manos, nos abrazamos en un gran círculo que rodeó todo el Óvalo de la Ex Penitenciaria. Hicimos un momento de silencio -respetado religiosamente- por tanto hermano que ha perdido la vida en ese lugar, por tanta madre que ha sufrido la pérdida de un hijo interno, por tanto preso violentado, marginado, pisoteado. En este abrazo nos unimos como uno solo. Y, así, abrazados escuchamos la declaración de San Miguel, declaración por los derechos humanos de los privados de libertad de Chile y el mundo, leída con voz potente. Declaración construida para el Abrazo a la Cárcel de 2017, que se desarrolló en las afueras de la Cárcel de San Miguel, dolorosamente célebre por el incendio del 8 de diciembre de 2010, donde murieron 81 reos.

El abrazo terminó con los sones de la canción “Sueña”, que todos cantamos, emocionados y hermanados, entre las demandas de “vuelvan, vuelvan, por favor”,  dichas por los hombres encarcelados. El jesuita Jorge Muñoz, vicario de la Pastoral Social Cáritas, resumió el sentido de la actividad y lo hizo con una promesa concreta: “Tenemos que seguir impulsando este tipo de encuentros, si aprendemos a mirar de una manera distinta a los privados de libertad, la reinserción de ellos será mucho menos dificultosa”.

Esto, mientras en el exterior del centro penitenciario, las familias y las visitas de los internos habían escuchado y seguido con emoción la música y las lecturas. Norma Villanueva, coordinadora de los programas de cárcel de la Vicaria de Pastoral Social, aludió a este aspecto: “La cárcel no sólo es intramuros, es el reflejo de todo lo que ocurre en la sociedad. Cuando hay una persona privada de libertad, también hay una familia privada de libertad y esas familias se congregan afuera de las cárceles, en la cola de la visita, todos los días sagradamente, por lo que también quisimos hacer un gesto de paz y de amor en el exterior para que las familias sepan que no están solas”. 

Al irnos, la sensación de paz y dignidad, invadía todo. El Óvalo, siempre cargado de miseria, al menos por un momento fue un epicentro de esperanza.

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