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Omar Aguayo

El fotógrafo de los preferidos de Dios

Tal como le sucedió a Alberto Hurtado hace 77 años, a este fotógrafo de 35 años, casado y padre dos hijos, un día de intensa lluvia en Temuco tuvo un encuentro transformador con un hombre en situación de calle. Corrió a refugiarse en una garita y allí estaba Víctor. Así nació la primera fotografía de un total de 25 que les ha tomado a hombres de la Hospedería de la ciudad, imágenes que cambiaron su vida y la de los retratados.

Por María Teresa Villafrade

En la biografía de Alberto Hurtado, fundador del Hogar de Cristo, se destaca siempre el momento en que él se encontró un día de lluvia, con un hombre enfermo y aterido de frío. Su mirada no solo lo conmovió sino que fue más allá porque identificó a esa persona en situación de calle con el mismo Cristo. De ahí en adelante, dijo que ellos, los pobres eran “los preferidos de Cristo” y no descansó hasta darles un hogar.

Omar Aguayo Vielma (35), casado y padre de dos hijos, no sabía de ese encuentro histórico, pero vivió algo muy similar. Como diseñador publicitario hace poco ingresó a trabajar en la Universidad Autónoma de Chile, en el departamento de Admisión, Marketing y Comercialización. Previamente estuvo 11 años en el área publicitaria del Diario Austral de La Araucanía, donde comenzó su afición por la fotografía. “Siempre he desarrollado mi vida con una cámara en la mano”, confiesa.

Un día, antes del estallido social, recorría las calles de Temuco tomando fotos para un concurso de la Municipalidad. De repente, se puso a llover muy fuerte y corrió a protegerse bajo una garita hasta que pasara la lluvia. “Ahí estaba también un hombre en situación de calle que es muy conocido en la ciudad porque, al parecer, tiene una enfermedad mental. Me puse a conversar con él, con Víctor, y le conté que estaba tomando fotos para un concurso y se me ocurrió preguntarle si le gustaría que le tomara una foto. Me dijo que sí altiro, nunca me tomo fotos, me gustaría, agregó. Lo ubiqué con una pared roja de fondo y él estaba de negro. El resultado fue impactante, parecía una imagen planificada y trabajada”, cuenta Omar Aguayo, quien invitó a su nuevo amigo a tomar un café, pero él se negó. Igual le fue a comprar y le llevó el café con un sanguche.

De regreso al diario donde trabajaba, le planteó al editor que quería subir esa foto en sus redes sociales pero tenía temor de que se hicieran comentarios negativos. “Mi propósito al publicar la imagen de Víctor era humanizarlo, que la gente entendiera que detrás de él hay una historia que merece ser conocida, quería que la gente tomara conciencia de esta realidad y no que lo molestaran. El editor me dijo que escribiera eso mismo, me ayudó a corregir algunas cosas del texto. Escribí contando que juntos terminamos compartiendo un café en un momento agradable, que era fácil criticar no conociendo a la gente y siendo despectivos cuando detrás de cada persona hay una historia de vida muy difícil, dura”.

Lo que ocurrió después lo dejó sorprendido. Con sus tres mil seguidores habituales en Instagram, el retrato de Víctor recibió más de 15.000 likes y fue compartido 2.500 veces. “Fue muy loco, porque yo tenía súper pocos seguidores, quedé asombrado, muchos me empezaron a escribir de forma interna y me daban las gracias con frases como: “de ahora en adelante lo saludo y le digo Víctor”, “antes me daba miedo, me molestaba el olor, ahora me siento mal de haberlo prejuzgado”.

En la Plaza de Armas donde regularmente se ve a don Víctor, la gente empezó a ofrecerle alimentos y ropa. Se produjo una reacción positiva hacia su persona, que era precisamente lo que Omar Aguayo quería.

TILDAMOS A TODOS DE LOCOS”

Muy cerca del sector de la feria Pinto, que es un lugar muy frecuentado por personas en situación de calle pues allí hay trabajo para ellos, se encuentra ubicada la Hospedería de Hogar de Cristo, en calle Pudeto. El fotógrafo conoció en ese sector a un hombre que falleció hace poco, y que siempre andaba semidesnudo y a pata pelada. “Un día se me acercó a pedirme una moneda y le pregunté por qué andaba así, además se rascaba constantemente el cuerpo. Me contó una historia que me dejó helado: él consume droga y en un Año Nuevo en Argentina, en vez de coca un tipo le dio a consumir cal, lo que le provocó una enfermedad cutánea que le producía una alergia terrible. En verano se le producían heridas de tanto rascarse y tenía dificultad para respirar. Por eso se sacaba la ropa, para poder sentirse fresco. Me decía que nadie le daba trabajo porque piensan que es lepra. Tildamos a todos de locos y enfermos, pero realmente no sabemos nada de ellos”.

Ese hombre era conocido en todas partes como el “Che” y cuando falleció, la jefa de la hospedería de Temuco, la trabajadora social María Paz Ruiz, vio en redes sociales la foto que le había hecho Omar Aguayo y le pidió permiso para imprimirla y ponerla en el pequeño altar que tienen en el recinto para homenajear a los que han partido, porque todos se conocen entre sí.

Así se produjo el segundo encuentro que, según relata la profesional, fue decisivo para un viejo anhelo que ella tenía en mente: “Hace tiempo tenía esta inquietud, de hecho había hablado con un amigo fotógrafo para hacer fotografías a las personas en situación de calle, en sus rucos, en sus lugares donde habitualmente trabajan o pide dinero, pero no se concretó porque él se fue de Temuco. Cuando vi las fotos de Omar, reconocí a varios de nuestros usuarios retratados en su punto calle y me pareció mágico, porque eran en blanco y negro”, dice María Paz.

De inmediato lo invitó a visitar la hospedería y en una convivencia de día domingo, Omar se ganó la confianza de todos y prácticamente nadie se negó a ser retratado por él. Así lo recuerda el fotógrafo:

“Salimos al patio, yo había llevado un fondo especial para los retratos y mientras les tomaba fotos, conversaba con ellos y les preguntaba qué hacían, de dónde venían. Cada uno me contaba lo suyo: algunos decían que estaban ahí porque querían, otro me dijo que venía de España y que había viajado por toda Europa. Andaba vestido de punta en blanco, con zapatos con punta, tenía una personalidad por sobre el resto, a él le tomé una foto fumando, con gafas y mostrando su esencia”.

Ese día, tomó 18 fotografías con su cámara Nikon D810 y llegó a su casa con el “corazón llenito” y también con pena. “Recordé que algunos me habían contado que estaban así por decisión propia, por el trago, que habían tratado de volver a sus familias pero que se sienten encerrados”, revela.

Muchos de ellos no saben que haber nacido y crecido en pobreza, con grandes carencias sociales y afectivas, les fueron cerrando alternativas desde la infancia. Tal como lo revela el último estudio realizado por Hogar de Cristo y otras organizaciones sociales.

Una vez que Omar Aguayo les llevó las fotografías impresas, las reacciones de felicidad y asombro no se hicieron esperar. “Uno me dijo que se sentía más viejo y que no se había dado cuenta cómo había pasado el tiempo, otros estaban fascinados, les gustaba, no podían creer lo que veían. El más joven, de unos 33 años, no había querido salir a recibirla, estaba encerrado en su pieza, medio enojado. Cuando le mostré su foto, sus ojos brillaban. Es una toma de perfil, con una mirada súper intensa, uno de mis retratos favoritos. Se levantó y fue a compartir con el resto a mostrarles a todos su foto”.

Tanto María Paz Ruiz como Omar comparten el objetivo de visibilizar y humanizar a personas que nunca en su vida habían tenido un retrato de tan buena calidad en sus manos. Ya son 24 las fotografías que han sido enmarcadas y que están exhibidas en la sala multiuso de la hospedería de Hogar de Cristo en Temuco. La meta ahora es sacarlas de ese mundo pequeño en que habitan y exponerlas en un lugar más popular y transitado.

María Paz Ruiz, explica: “Queremos dar a conocer su nombre y su oficio, más alguna frase típica de ellos y su pertenencia cultural, porque en la hospedería hay tres usuarios que son hablantes de mapudungún. Son fotografías muy hermosas en blanco y en negro, de una fuerza poderosa”.

Para Omar, conocerlos cambió completamente la visión que tenía antes de las personas en situación de calle: “Algunos solo se habían visto en un espejo, no tienen celular ni tampoco se hacen selfies. Mucha gente no sabe del gran trabajo de la hospedería, hay prejuicio y se critica sin conocimiento. Sería bueno visibilizarlos a ellos y al trabajo que allí se realiza. Hay quienes tienen hijos, familia, otros no. Es bien diverso”, concluye.

FOTOGRAFÍAS: GENTILEZA OMAR AGUAYO

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