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Óscar Aránguiz:

“No quiero morir solo”.

Estuvo desahuciado, con la extremaunción dada, pero la vida le regaló tiempo extra. Ahora está a punto de irse a vivir a Estados Unidos junto a su familia. Desde la Hospedería de Linares, y a pocos días de embarcarse, indagamos en la vida de este hombre de campo, de 87 años, que anhela con conocer más mundo.

Por María Luisa Galán

Óscar Aránguiz (87) estuvo a principios de años en la antesala de San Pedro. Le dio una hemorragia que lo dejó internado en el Hospital de Linares y, ahí mismo, se contagió de COVID-19. El pronóstico no era bueno, así es que el equipo de la Hospedería del Hogar de Cristo comenzó a buscar a su familia para que pudiera irse rodeado de los suyos en un reencuentro pendiente. En esa indagación, dieron con una sobrina, Ximena, que vive en California, Estados Unidos.

“Ahora voy yo para allá”, dice Óscar, que hoy goza de buena salud. Cuenta que su sobrina se casó con un cónsul norteamericano y que se llevó a su mamá y a sus hermanos a vivir con ella. Muy pronto, él se les unirá. El 8 de abril tomará un avión rumbo a su nuevo hogar. No es primera vez que volará, ya lo había hecho años anteriores, cuando estuvo durante tres meses en California. Esa vez no pudo quedarse más tiempo por la visa, pero hoy tiene todos los papeles y permisos para quedarse indefinidamente.

-¿Cómo fue esa visita a California?

-Estuve en Hollywood, en la calle de los artistas. Mi artista favorita es la Marilyn Monroe, tengo un álbum con fotos de esa vez. Conocí Las Vegas, San Diego, Manhattan. Ahora conoceré más: Nueva York y todo eso. México que está al ladito. La gente allá es simpática, pero no sé hablar inglés, ando a puras señas. Conversaba con uno y salía con otro a correr. Allá la gente corre mucho en las mañanas. Pero después me retó porque no hablo el idioma de allá, me hizo así– cuenta, haciendo un gesto desdeñoso. Chao, le dijo él.

Reconoce que su conocimiento del inglés se limita a unas pocas expresiones: Yes, very much. Good morning, sir. “Hi, que es hola. Allá aprenderé más. Hay escuelas allá”.

A pie hacia Linares

Óscar nació el 15 de marzo de 1935, y es el menor y único hombre de cinco hermanos. Si bien nació en Requinoa, su infancia y adolescencia transcurrieron en la casa que su papá compró en La Florida, cuando era una zona netamente campestre; hogar que aún subsiste a la altura del paradero 26 de Vicuña Mackenna.

“Mi madre me cuidaba mucho. Estudié en la escuela de curas, Domingo Matte Mesías en Puente Alto. Lo pasaba entre la escuela y la casa, estudiaba. Tenía 19 años cuando falleció mi mamá y mis hermanas se enamoraron, se casaron, y yo quedé solo. Me vine de San Bernardo, caminando a pie hasta Linares. Dormía donde nadie me viera. Comía de los tomatales. Había muchos tomates por ahí, lechugas. Sufrí mucho cuando falleció mi mamá. Así llegué a Linares y me junté con gente que no conocía, me fui criando y salía con la gente torrante, tomaba con ellos. Me hacían tomar porque yo era muy joven todavía. Quedaba botado en cualquier parte”, recuerda este hombre que trabajó “en los molinos, la remolacha y los porotos”.

Se casó, tuvo 2 hijos, pero en total tiene 3. Vivió, además, muchos años en calle, hasta que unas monjas lo recogieron hace 15 años. Primero estuvo cerca de cuatro años en la Hospedería de Linares, del Hogar de Cristo; luego se fue a Cauquenes y poco tiempo después de iniciada la pandemia, volvió. “Estoy feliz. Aquí también estoy contento porque me han atendido muy bien, son buenas las tías. Me tienen como hijo, por eso tengo que irme, porque ya tengo edad y no quiero morir solo aquí, sino con mi familia”, dice Óscar, que asegura ser primo del jugador de fútbol, Charles Aránguiz.

-¿Qué va a extrañar de Chile?

-Soy criado aquí. Tengo que echar de menos el país. Nacido, criado, estudiado, todo. Pero busco donde está mi familia. Ellos me cuidan. Aquí también, cuando necesito algo, me atienden. Es lo mismo, pero quiero estar con mi familia. Me costó mucho irme, porque aquí es como mi casa –dice entre lágrimas. Más repuesto, confiesa: -Me costó tomar la decisión. Pero ya está todo listo, el pasaporte, la visa, es llegar el 8 de abril al aeropuerto no más.

-¿Qué se lleva de Chile?

-Una bandera. Para colgarla allá, en la pieza que me va a dar mi sobrina; así a cada rato acordarme. Me va a acostar acostumbrarme allá.

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