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“Esto es vocación”

Patricia Andradez, voluntaria PADAM de Renca:

Su participación ha sido ad honorem desde que tiene uso de razón. Ha apoyado a niños, adultos mayores, a través de juntas de vecinos, parroquias, fundaciones. Hoy, en pandemia, trabaja a la distancia llamando por teléfono y acompañando a la población de mayor riesgo en esta cuarentena.

Por María Luisa Galán

El apellido de Patricia es así: Andradez, con zeta. No está mal escrito, sólo es diferente y único, como lo es ella en personalidad y espíritu social. Oriunda de Concepción, su camino de voluntariado lo comenzó en su niñez, a los cinco años, y continua hoy, a sus 62 años que ejerce como voluntaria en la fundación Amanoz y destinada a prestar servicios en el Programa de Atención Domiciliaria al Adulto Mayor (PADAM) del Hogar de Cristo en Renca.

Junto a su marido, a quien conoció en la Universidad de Concepción, se vino a Santiago por la educación de sus dos hijos, dedicándose a la crianza de ellos y al voluntariado. Ha estado en diversas fundaciones, como Cruz Roja, juntas de vecinos, parroquias, apoyando a niños y “abuelos”. “Donde podía ser voluntaria, yo ahí estaba”, dice al teléfono, entusiasta y feliz. Con orgullo, agrega que es “mantenida” y que, gracias a eso, puede dedicarse al voluntariado.

Entre voluntariado y voluntariado, definió que su vocación eran los adultos mayores y gracias a una compañera de la Cruz Roja llegó a la fundación Amanoz. “Me dijo: están preparando voluntarios para hacer talleres emocionales y afectivos a los adultos mayores institucionalizados y me tincó. Fui a una entrevista, me encantó al tiro, hice el voluntariado de 44 horas semanales, porque a nosotros nos capacitan profesionales y me tiraron a los leones, a un hogar en la plaza Chacabuco, en la comuna de Independencia”, recuerda Patricia sobre sus inicios en Amanoz. Ha hecho talleres en varios centros de adultos mayores; está en el PADAM de Renca desde hace cuatro años.

Aterrizó ahí para hacer un reemplazo, donde finalmente se quedó haciendo los talleres antes mencionados sobre emociones y afectividad. Son grupales, cada semana es una sesión distinta, sobre temas como la tolerancia y el pedir ayuda. Pero hoy, por la pandemia, esos talleres están suspendidos y se dedica a llamar a los adultos mayores por teléfono. “Los que saben manejar su cámara, la activan y nos vemos. Y eso me produce algo muy bonito, es como si estuviera ahí, nos vemos, nos tiramos piropos, me muestran el perrito, su mascota. Les pregunto qué están haciendo, me enseñan sus tejidos; me dicen que están pelando el apio que le trajo la vecina de la feria y me muestran con la cámara lo que están haciendo. Eso ha sido muy reconfortante, para ellos y para mí”, cuenta sobre esta nueva experiencia en pandemia.

Pero además de ver y saber qué están haciendo, Patricia les entrega palabras de aliento en estos días de confinamiento obligatorio para los mayores de 75 años. “Para los que son autovalentes, por ejemplo, que iban a buscar sus remedios al consultorio y que ahora no pueden, se los van a dejar a la casa. Qué les pasa con eso, que están encerrados, que no pueden salir. Entonces les hacemos entender que ellos son la población más importante en este minuto y que se tienen que sentir orgullosos de que le vayan a dejar sus remedios para que no se contagien. Al final, dicen: ‘Qué tienes razón, Pati’”.

“Les ha complicado el no poder salir a hacer sus cosas, a comprar al almacén de la esquina. Para los que viven solos hay vecinos que se organizaron y que les pasan a buscar la plata y les llevan el pan y otros encargos. Pero como están encerrados escuchando siempre lo mismo, porque la tele la tienen encendida todo el día, buscan otra cosa que hacer”, relata Patricia sobre la realidad que viven los adultos mayores que ha cuidado.

Cuenta que la fundación Amanoz les envió a los adultos mayores, a través de los monitores del PADAM, unas pautas para hacer actividades en casa, las que ella guía por teléfono. Dice que puede estar más de una hora hablando con una persona y que incluso la han llamado a las 21.30 horas, algunos adultos mayores desesperanzados.

“Nuestra idea es retardar el envejecimiento, que saquen las emociones que tienen contenidas. Hay hogares de ancianos en donde los tienen viendo tele, nadie les habla ni les pregunta nada. Nosotros lo que queremos es activar su memoria y que tarden lo que más puedan en envejecer. Esto es vocación, si uno no tiene vocación, como en cualquier otra profesión, no lo vas a poder hacer bien”, concluye Patricia sobre el objetivo final de su voluntariado.

 

 

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