Patricio (46) durante mucho tiempo tuvo como techo la hospedería de Hogar de Cristo en Vallenar. Allí vivió durante más de 11 años, hasta que el recinto cerró sus puertas en septiembre de 2025, después de 27 años de funcionamiento autogestionado.
Hoy vive en una pieza que arrienda por 120 mil pesos mensuales, con baño y cocina compartidos. Puede parecer un pequeño paso, pero para él significa mucho: aprender a desenvolverse solo después de tantos años viviendo institucionalizado.
“Es un claro ejemplo de cómo ha aprendido a desenvolverse de manera autónoma. Le hemos enseñado a manejar la pensión que recibe por discapacidad mental. Hoy sabe cómo administrar esos recursos escasos para vivir todo el mes”, cuenta Fabiola Tapia, terapeuta ocupacional y jefa del servicio de Acogida Especializada de Hogar de Cristo en Vallenar.
El proceso no ha sido fácil. Patricio es una persona muy influenciable y tiene problemas de consumo de alcohol. Se crió con su abuela y, después de que ella murió, durante un largo período, durmió junto a su tumba, en el cementerio de Vallenar. “De hecho, al final terminó trabajando muchos años en ese lugar”, agrega Fabiola.

La trabajadora social de Hogar de Cristo, Daniela Molina, y Patricio, a quien ha ayudado a alcanzar su autonomía.
Encontrarle un lugar donde vivir tampoco fue sencillo. Vallenar es una ciudad pequeña y muchas personas conocen la historia de quienes han vivido en situación de calle. A eso se suma el alto costo de los arriendos en una comuna vinculada a la actividad minera. “Costó mucho encontrar un pieza en arriendo para Patricio, porque sabían de su situación. El lugar que pudo arrendar no es el óptimo, pero es un espacio donde puede vivir y seguir avanzando en su autonomía”, explica Fabiola.
Cuando Patricio comenzó esta nueva etapa, el equipo tuvo que acompañarlo de cerca. Al principio, incluso lo acompañaban a retirar su pensión para asegurarse de que pagara el arriendo de su pieza y no gastara el dinero en otras cosas.
“Estamos trabajando con él su independencia después de vivir mucho tiempo institucionalizado. Al principio teníamos que acompañarlo a retirar su pensión para asegurarnos de que pagara el arriendo. Hoy lo hace solo”, cuenta Daniela Molina, trabajadora social del equipo.
También ha aprendido a organizar su alimentación, privilegiando que sea sana. “Sabe que debe comprar su alimentación del mes antes de gastarse la plata en otras cosas”, agrega Daniela. Aprendió, incluso, a prepararse comida en el microondas. Y mantiene una particular rutina: todos los días visita las oficinas de Hogar de Cristo y cumple, según sus propias palabras, “un horario de oficina”.
Cada uno de esos avances es celebrado por Fabiola, Daniela y Pamela Flores, también trabajadora social del equipo. Ellas son las tres mosqueteras que luchan porque los vallenarinos entiendan que el Hogar de Cristo está más presente que nunca en el valle del Huasco. Que su estrategia social cambió de residencial a ambulatoria y que ese modelo de trabajo les permite mayor flexibilidad y eficiencia. Además de logros más allá de lo meramente asistencial.
“Patito es un ejemplo. Puede que su proceso sea lento y que, en medio de él, pueda haber recaídas, pero vemos cómo él hoy es más autónomo y progresa. Aunque para muchos sus logros parezcan poca cosa, son enormes. Además de apoyar a los participantes, intentamos también educar a la población para que dejemos de lado esa mirada castigadora hacia las personas en situación de calle”, plantea Fabiola.
Ese día, Patricio tenía además una cita especial. Nicolás Correa, estilista de MakeUp Academia, ubicada cerca de las oficinas de Hogar de Cristo en el sector Quinta Valle, había ofrecido regalarle un cambio de look. Como reconocimiento a sus avances.
Nicolás llegó junto a su esposa y su hijo autista desde Santiago, buscando en Vallenar una ciudad más tranquila para vivir. Tiene experiencia trabajando con personas que han atravesado situaciones de vulnerabilidad. Junto a su mujer ha realizado cursos de peluquería en las cárceles de Vallenar y Copiapó, enseñando este oficio a mujeres privadas de libertad como una herramienta para generar ingresos una vez que salgan libres.

Nicolás Correa, de MakeUp Academia en Vallenar, le ofreció un corte de pelo gratis a Patricio.
Antes de comenzar, Nicolás le pregunta a Patricio qué corte quiere. No impone un estilo ni decide por él. Le pregunta y escucha.
Después de un par de horas, el resultado sorprende a todos. Debajo de aquella larga y desordenada cabellera aparece un hombre de aspecto más joven, afable y sonriente.
Es apenas un corte de pelo, pero para el equipo representa otra oportunidad para que Patricio se mire a sí mismo desde un lugar distinto.

Casualmente, mientras Nicolás trabaja con dedicación en el corte de pelo de Patito, aparece una clienta, que es su prima hermana. Lo reta. Le recuerda sus caídas y recaídas. Ofrece pagarle futuros cortes y relata a retazos parte de lo que significa para una familia tener a un miembro en situación de calle. Los ires y venires. Las ilusiones y las decepciones. Algo de la dura vida que ha tenido Patricio, siempre a la intemperie.

El estilista Nicolás Correa y Patricio sonrientes ambos tras la sesión.
El equipo de Hogar de Cristo trabaja en el sector Quinta Valle de Vallenar, precisamente durante el Mes de la Solidaridad, con actividades destinadas también a mantener el vínculo con una comunidad que durante décadas identificó a la institución con la hospedería. El cierre del recinto ha obligado a explicar una y otra vez que Hogar de Cristo no se fue de Vallenar. Que está más presente que nunca.
“Nos ha costado mucho hacer entender a la comunidad que seguimos presentes, que solo se cerró la hospedería. Por eso estamos siempre organizando actividades, además de las labores que hacemos habitualmente como parte de nuestro servicio”, explica Fabiola.
Desde marzo de 2026, el servicio de Acogida Especializada atiende a 30 personas en situación de vulnerabilidad. En la convocatoria anterior eran 20, pero el buen trabajo realizado permitió ampliar la cobertura.
La misión es acompañar a cada persona de acuerdo con su realidad y necesidades, abordando distintas dimensiones de su vida: trabajo, salud, educación, seguridad social, vivienda, derechos, ocupación, autonomía y vinculación con el entorno.

Daniela Molina, Patricio, Fabiola Tapia y Pamela Flores en la plaza que está al lado de la sede de Hogar de Cristo en Vallenar en Quinta Valle.
En la comuna se estima que alrededor de 200 personas viven en situación de calle. Muchas de ellas utilizan el río Huasco para bañarse y pasan la noche en sus riberas. “Tenemos un desafío grande, porque no podemos asegurarles a las 30 personas que atendemos un techo. Lo que hacemos es gestionar y buscar alternativas para que puedan acceder a otros dispositivos”, explica Fabiola.
Cuando la hospedería cerró, el equipo acompañó a las personas que allí vivían en sus procesos de egreso: algunas fueron vinculadas con familiares, otras con distintos dispositivos de alojamiento y otras encontraron nuevas alternativas de vivienda.

Daniela y Pamela muestran el sector donde se instalan los rucos a orillas del río Huasco en Vallenar.
En el caso de quienes, como Patricio, recibían una pensión, el apoyo estuvo puesto en ayudarlos a encontrar y sostener un arriendo. Porque cerrar una puerta no significa necesariamente quedarse sin hogar. A veces también puede ser el comienzo de aprender, paso a paso, a abrir otra.