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Pobreza en Chile

Cuando el Padre Hurtado fundó el Hogar de Cristo hace más de 74 años, la pobreza extrema en que vivían casi dos tercios de nuestra población estaba marcada por el hacinamiento, la insalubridad, los escasos ingresos y un bajo nivel de desarrollo; realidad que contrastaba con la de los sectores más acomodados. Hoy, la pobreza y las circunstancias en las cuales se da, han cambiado: un 4,5% de la población no cuenta con servicios higiénicos, un 9,8% vive hacinado, y los índices de pobreza monetaria han disminuido de un 39% en 1990 a un 8,6% en 2017 (Ministerio de Desarrollo Social, 2018). Estos avances se lograron gracias al aumento de los fondos destinados por el gobierno a programas e instituciones que buscan el bienestar de los más pobres, ya sea por grupos de edad, género, etnia, territorio, entre otros, permitiendo que millones de chilenos mejorasen sus condiciones de vida.

Sin embargo, pese a los logros alcanzados, informes como los elaborados por la OCDE señalan que nuestro índice GINI no ha disminuido de acuerdo a lo esperado, por lo que Chile continúa siendo uno de los países con mayor desigualdad en este grupo de naciones. De aquí que resulte tan importante comprender que las necesidades y carencias de los sectores más pobres no sólo tienen que ver con la falta de ingresos, sino que también dependen de la satisfacción de necesidades básicas en áreas tan importantes como salud, educación, trabajo y seguridad social, vivienda y entorno, redes y cohesión social[1].

Estas dimensiones están incorporadas en la medición de pobreza multidimensional y nos muestran que al menos 3.500.000 personas viven en esta situación. Al utilizar ambas metodologías oficiales de medición de la pobreza, se tiene que en Chile hay 4.500.000 de personas (26% de la población) que son pobres de alguna forma, ya sea monetaria o multidimensionalmente. Mientras que 600.000 (3,4%) viven la pobreza en todas sus formas, lo que significa que viven en hogares con ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades básicas y, al mismo tiempo, presentan carencias en dimensiones relevantes para el bienestar. Cruce pobreza monetaria y multidimensional

Esta nueva realidad, sumada al legado del padre Hurtado de ir “adecuando nuestro quehacer a las nuevas problemáticas y necesidades de la pobreza”, nos motiva a enfocar nuestro actuar en este millón de chilenos que se encuentran con mayor daño y vulnerabilidad, entregándoles a través de nuestros programas sociales, la atención profesional y especializada que necesitan para salir de la pobreza. Links relacionados: Casen 2013, una medición de la Pobreza Moderna y Transparente para Chile Corporación de Estudios para Latinoamérica Comisión Económica para América Latina y el Caribe [1] Estas son las 5 dimensiones que considera la medición de pobreza multidimensional, y donde a su vez cada una de ella está constituida por 3 indicadores que miden directamente carencias en estas áreas del bienestar.

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