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Soledad Mella:

“Los pobres no le tememos a las crisis, porque nacemos y vivimos en crisis”

La dirigente de los recicladores de Chile estuvo como panelista en el lanzamiento de “Hagamos la Pega: Propuestas para activar laboralmente a los grupos excluidos”. Ahí habló de las dificultades de las más golpeadas en lo económico por el COVID-19: las mujeres. También de “las coleras”, que lo que hoy venden en la feria es lo único de algún valor que tienen en sus casas. Un testimonio que es pura calle.

Por Ximena Torres Cautivo

-Los recicladores de base hacemos todos lo mismo, de la misma forma, ya sea con un carretón o una camioneta, en el caso de los que han logrado crear una mini pyme. Hace 7 años yo hice la mía, pero eso me ha generado una deuda tremenda con el Servicio de Impuestos Internos, a causa de mi desconocimiento de los procesos administrativos y tributarios. Pese a eso, no me quejo, siento que he tenido bastante éxito con mi empresa que se llama Peuma, palabra que significa “sueño” en mapuche.  Yo nací y me crié en Lo Hermida, comuna de Peñalolén. Mi papá era obrero-campesino y mi mamá, dueña de casa. Yo soy la menor de 7 hermanos. Mi marido trabajaba como inspector de un colegio, cuando yo descubrí el reciclaje. La idea surgió de la necesidad de apoyar la economía de nuestro hogar, porque la plata no nos alcanzaba. Yo vi en los cachureos una salida. Empecé a trabajar de “colera” en la feria y aprendí que las botellas de vidrio, enteras, no molidas como se comercializan ahora, eran una buena vía para generar recursos.

Quien habla es la dirigenta de los recicladores de Chile, Soledad Mella (50), quien lleva 4 años en ese rol. Invitada a ser parte del panel que comentó el policy paper dado a conocer esta semana por las fundaciones Emplea del Hogar de Cristo y Espacio Público titulado “Hagamos la pega: Propuesta para activar laboralmente a los grupos más excluidos”, celebró con fuerza el concepto “hagamos la pega”. Al respecto, dijo:

-Me llama la atención el concepto “¡hagamos la pega!, porque tal como lo señaló la economista Andrea Repetto en su presentación del estudio, tiene que ver con muchas cosas más que sólo lo laboral o lo salarial. Habla de activar a las personas inactivas pasa por tratar su salud mental afectada, por el tema de la psique, por el tremendo estrés en que estamos viviendo. Apunta a hacerse cargo de cómo se está sintiendo la realidad de la pandemia y de la crisis sanitaria y económica en los territorios más vulnerables. Las  oportunidades que tenemos nosotros por nuestra situación educacional o por vivir en una población marginal cargada de estigmas, vuelve mucho más complicado participar de estos procesos de activación laboral. Hoy anda mucha gente haciendo la pega que hacemos nosotros: cartoneando, cachureando en la calle, para poder generar ingresos. Lo importante es que esa gente vuelva a creer que puede ser integrada en un sistema laboral, que entiende sus dificultades, incluso físicas. Yo vivía en Peñalolén y tenía que ir a trabajar a San Carlos de Apoquindo, pero allá también llegaba a trabajar gente de más lejos, de Puente Alto, de Maipú, porque el sueldo que se paga arriba es más digno que en los sectores donde uno vive.

A Soledad le parece que lo clave es que los empresarios entiendan estas realidades, que las conozcan, porque “sólo así sabrán comprometerse con sueldos justos y adecuados a la realidad económica de los más vulnerables de Chile”. También llama a los profesionales y técnicos a no quedarse sólo con lo académico y a salir de las oficinas y “a caminar por las poblaciones y meter los pies en el barro”. Sólo así llegarán a soluciones posibles y adecuadas a lo que sucede en los territorios, sostiene, y agrega: “Creo que fundaciones como Emplea y Espacio público son oídas por los políticos, y eso es bueno, porque son organizaciones que tienen calle y saben lo que pasa en ella. Me gusta el concepto Hagamos la pega, porque es potente y llama a la acción”. Y luego dedicó una larga reflexión a las más afectadas laboralmente: las mujeres pobres que son jefas de hogar. Y aunque ella no está sola, se reconoce como una de esas tantas víctimas colaterales de la pandemia.

OÍR A LOS QUE TIENEN CALLE

Desde el inicio de la pandemia, en marzo del año pasado, la vida se le ha complicado mucho.

En 7 años de trabajo, Soledad había logrado ofrecer sus servicios de reciclaje a varias oficinas y empresas, tenía una alianza con TriCiclos, administraba un Punto Limpio metropolitano; tan bien le había ido que toda su familia estaba volcada al tema de los residuos. Su nuera, sus hijos, su marido, que dejó su trabajo como inspector de colegio, se habían ido sumando a esta nueva manera de ganarse de la vida. “Ahora, a causa de la pandemia, estamos muy golpeados. Empresas y oficinas que atendíamos cerraron, además ha habido muchos compañeras y compañeros que han perdido sus fuentes de ingreso, otros que han muerto a causa del COVID-19. Todos nos hemos visto enfrentados a un escenario súper difícil”.

Una foto familiar, donde aparece Soledad cuando era niña (abajo, a la derecha).

Madre de tres hijos, abuela de dos niñas y un varón, hoy, dado el adverso escenario económico que enfrentan, cuenta que con su marido, su hija menor y su hija mayor, migró a Lolol, en la región de O´Higgins, donde con el retiro del primer 10% de sus fondos de pensiones, pudieron comprar un terreno. Allí, a pulso, están levantando su casa propia, ya que siempre habían sido arrendatarios. No tienen luz eléctrica, ni alcantarillado, pero ahí está, feliz de haber dejado la ciudad. Convencida de la importancia de descentralizar el país y de extender el reciclaje a todos los rincones de Chile. “Estoy en Lolol, hacia la costa desde Santa Cruz, donde pretendo levantar mi servicio de reciclaje. Creo que dejar Santiago es lo más sanador que uno puede hace”r.

-Pero estás de candidata a la Convención Constituyente por un distrito de Santiago. ¿Por qué?

-Fue una petición que me hicieron los vecinos de Lo Hermida en 2020, donde he sido por años dirigente social de mi población. Fue después de que aparecí entrevistada en televisión y lo que dije le hizo sentido a la gente. Lo que a mí me interesa es que se reconozca a todos los trabajadores, formales e informales, sus derechos, que se les garanticen.

Pero ve difícil salir electa: “Voy por el Distrito 11, que reúne a las comunas de La Reina, Las Condes, Lo Barnechea, Peñalolén y Vitacura, donde los candidatos tienen infinitos recursos y yo no tengo ni uno para hacer campaña. Soy una candidata independiente, porque creo que los partidos políticos están absolutamente desprestigiados, no representan nada. Se acuerdan de las personas, del electorado, sólo cuando necesitan los votos”.

-¿De qué estás viviendo ahora?

-Yo sigo siendo “colera”. No todos los días, pero cuando hay feria hago la pega. Las ferias crecieron, no las de la verdura, sino la de los “coleros”, porque la gente está vendiendo lo poco de valor que tienen en las casas, porque la plata del retiro de los 10%, se acabó. Ya no hay nada.

-¿Y cómo se han organizado las mujeres para arreglárselas?

-Somos nosotras, las mujeres, las más golpeadas por la crisis que ha generado la pandemia. Siempre ha sido así; es una cuestión histórica, de género. Es lo que nos toca por ser mujeres. Lo que ha pasado en los territorios ha sido muy fuerte, pero activó lo que siempre hemos sabido hacer: juntarnos, movilizar el tejido social, que en las poblaciones está vivo, bien aceitado, y ayudarnos entre todos. Eso son las ollas comunes, administradas casi todas por mujeres. Muchas mujeres, muchas amigas, han tenido que salir a trabajar con sus hijos, muy temprano. Veo a compañeras que andan cachureando con sus niños en los triciclos, por qué no pueden dejarlos en la casa, arriesgándose ellas y los hijos. Las mujeres cumplimos muchos roles, tal como decía Patricia Roa, de la OIT, en su intervención, y ahora estamos demostrándolo. Una persona me preguntó cómo hacen las mujeres vulnerables para enfrentar la pandemia, sin tener con quién dejar a los hijos que no están yendo al colegio, siendo mamás y profesoras, con limitaciones para salir a trabajar, sin ahorros… Yo le respondí que los pobres no le tememos a las crisis, porque nacimos pobres y vulnerables; es decir, nacimos en crisis. La diferencia es que lo que estamos viviendo ahora no es puramente económico.

-¿Cuál es la gran diferencia?

-Nosotros estamos entrenadas para enfrentar el hambre, el desempleo, la pobreza, pero ¿cómo encaramos el riesgo de salud? Nosotros somos como asistentes sociales dentro de nuestros territorios, nos preocupamos de los nuestros, pero también del vecino de 80 años que vive solo, de la persona con discapacidad, de parar la olla común, pero la diferencia ahora es que hay riesgo de contagio y muerte, y ninguna mujer quiere exponerse  a traer el virus a la casa y enfermar a la familia. Eso genera mucha angustia. Esa es la gran diferencia.

-¿De qué depende que podamos activar laboralmente a los más excluidos y ponernos a trabajar?

-El desafío es sumamente grande. Creo que no sólo actores sociales, como la OIT y fundaciones, como Emplea y otras que están con los pies en la tierra en los territorios, deben hacer la pega. A esto debe sumarse la empresa, el mundo privado, y deben hacerlo pagando sueldos dignos, teniendo conocimiento de lo que está pasando en Chile, tomando contacto con la realidad. Este es un proceso a largo plazo. Se debe pensar en todos los que retiramos el tercer 10%, haciéndonos cargo de la crisis con nuestros propios ahorros, porque el gobierno no ha sido capaz. Yo tengo recicladores de 70 años cartoneando en la calle, imagínate cómo será su vida a los 80, a los 90. Se requiere ciertamente hacer la pega todos juntos, aprovechando el conocimiento de los que tienen calle.

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