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Usuarios de hospederías:

“A todos nos ha hecho bien la cuarentena; ahora estamos gorditos”

Tras cuatro meses de confinamiento voluntario, dos hombres en situación de calle que decidieron iniciar cuarentena preventiva en las hospederías de Hogar de Cristo cuentan cómo el encierro les cambió la vida. Uno aprendió un nuevo oficio y no ha necesitado de las drogas, el otro planifica su futuro fuera de las calles.

Por Daniela Calderón

Fernando Cegarra (68) y Jorge Padilla (52) no se conocen, viven separados por kilómetros de distancia pero sin saberlo comparten una historia en común. Desde que comenzó la pandemia por el coronavirus, estos dos hombres que vivían en situación de calle, decidieron ingresar a la hospedería donde encontraban alojamiento cada noche, para dar inicio a un confinamiento preventivo, que se ha extendido por más de 4 meses. Para ellos, este tiempo de aislamiento ha estado cargado de nuevos desafíos, pero también ha significado una oportunidad para crecer, aprender nuevas habilidades y desarrollar un oficio que podrá permitirles comenzar un pequeño emprendimiento cuando todo esto termine.

En la Hospedería de Hombres de Curicó, Jorge Padilla (52) se ha convertido en el ejemplo para sus compañeros. A este hombre, que antes de la pandemia vivía en situación de calle y sufría de consumo problemático de alcohol y otras drogas, la cuarentena le cambió la vida y le permitió empezar de cero. “Fui uno de los privilegiados en acceder a la cuarentena. Fue bonito que pese a ser de la calle nos hayan dado la oportunidad de resguardarnos. Esto nos ha ayudado a reflexionar, a saber comportarnos y a no actuar con los ojos del alcohol y de la droga”, cuenta.

Jorge forma parte de los 29 hombres en situación de calle de la Hospedería de Curicó, que, desde mediados de marzo, iniciaron un confinamiento voluntario que los ha obligado a cambiar sus hábitos marcados por la soledad y la vida en la calle y desarrollar nuevos oficios manuales, como carpintería, talabartería y reciclaje.

“Partimos con muchos desafíos y sin mucha idea de qué iba a significa o cuánto tiempo los íbamos a tener en este régimen de 24/7. Por eso, empezamos a trabajar en un conjunto de talleres y cursos para que cuando esto termine ellos salgan fortalecidos. Para trabajar un egreso más exitoso. Esta pandemia es una gran oportunidad para hacer un trabajo en conjunto con ellos, conocerlos, potenciar sus fortalezas y desarrollar con ellos en un plan de intervención”, cuenta Evelyn Navarro, Jefa de la Hospedería de Curicó.

Y así lo confirma Jorge, que durante este tiempo ha aprendido a dominar el arte del trabajo en cuero o talabartería. “Me ha hecho bien la cuarentena, no me he drogado, no he tomado alcohol. Ahora nos damos cuenta que la vida no tiene precio. Cuando esto termine mi idea es postular a una casita, para hacer mi taller, construir un segundo piso y no depender siempre de terceras personas. Dios me escuche y el diablo se haga el sordo”, agrega riendo. “Estoy muy agradecido de esta oportunidad. Aprendí a manejar el cuero y ahora hice estas mascarillas para venderlas cuando se acabe la cuarentena. Además, acá son todos atentos y si me falta algo están pendiente de mí. Estoy al día con mis medicamentos. Falta poco para que sea un hotel cinco estrellas”, concluye, orgulloso del cambio que ha experimentado.

Fernando Cegarra (68) en la Hospedería de Hombres de Antofagasta, cuenta que vivió por casi 7 años en un ruco en uno de los cerros de la ciudad. Gracias al confinamiento, hoy come 3 veces al día y ha podido controlar sus problemas de salud. “Acá es otro mundo. En el cerro hay que buscarse la vida, acá está todo. Gracias a la benevolencia del Hogar y de la gente que colabora, tenemos de todo: remedios, pancito con huevo al desayuno, almuerzo con postre y jugo. Antes, con suerte, comía una vez al día. ¿Qué más podemos pedir?”, dice, agradecido.

Al igual que Jorge, Fernando ha aprovechado la cuarentena para sumarse a los talleres que los encargados de la Hospedería han creado para potenciar las habilidades de los usuarios, ayudarlos a psicológicamente a enfrentar el encierro y prepararlos para la vida después de la pandemia. Fue así como se crearon talleres de pintura, jardinería y cocina. Fernando se convirtió en un destacado participante del taller de mandalas.

“El hecho de concentrarse en pintar permite que las personas puedan centrarse en el aquí y el ahora y por momentos olvidar algunas sensaciones o preocupaciones presentes y futuras que los pueda llevar a abandonar el confinamiento. Lo que se observa es una recuperación de la salud física y mental importante. Gracias a los talleres y actividades grupales, las personas activan sus recursos, recuerdan ciertas habilidades que estaban en desuso, como la carpintería, jardinería y –más importante– el interés por compartir con otro”, cuenta sobre el objetivo de los talleres, Juan Santiago, jefe de la Hospedería de Antofagasta. Agrega: “En términos sociales, casi todos se han re vinculado con su red de apoyo familiar, han demostrado interés por buscar tratamiento para sus problemas de consumo e incorporarse a una red de apoyo laboral. Son los efectos positivos de la cuarentena”.

Así lo confirma Fernando, que gracias al taller de Mandala ha mejorado su concentración y paciencia. “Debido a mi asma solo puedo participar en el taller de pintura, que no requiere de tanto esfuerzo físico. Me gusta dibujar y pintar mandalas porque requiere de mucha concentración para no pasarse de las líneas. Les he enseñado a mis compañeros pero ninguno tiene la paciencia. Yo lo hago pausadamente”. Tal como le ocurrió a Jorge en Curicó, en Antofagasta, Fernando confirma que tanto para él como para sus compañeros, la cuarentena ha sido una oportunidad perfecta para dar un giro en sus vidas y decidirse a empezar de cero. “No tan solo a mí, a todos nos ha hecho bien este aislamiento. Gente que venía mal, todos tiritones, ahora lo ves haciendo ejercicio en el patio. Ahora estamos gorditos. Además, los monitores son una joya porque se sacrifican para venir a cuidarnos a nosotros. Hoy solo cuento con la familia del Hogar de Cristo. Por eso, los que no tenemos donde llegar tenemos que pegarnos como una lapa a esto”.

 

 

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