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Coronavirus: Una doble condena

Por Jaime Muñoz, Coordinador de Pastoral y Capellanía Hogar de Cristo y voluntario Pastoral Carcelaria

Si en esta crisis sanitaria, como a todos, te ha tocado encerrarte y eso te ha costado, te invito a traer al corazón y a la mente a todos los hombres y mujeres que viven el encierro de manera indigna, violenta y miserable.

Me refiero a los 45 mil privados de libertad que existen hoy día en Chile. Sabemos que las cárceles son preferentemente para los pobres, como bien dijo la hermana Nelly León, capellana de la Cárcel de Mujeres de San Joaquín: “En Chile se encarcela la pobreza”. Son ellos, los más vulnerables los que pagan sus delitos con pena de cárcel.

Conozco las condiciones sanitarias penitenciarias; son horribles. Por eso me temo que la tasa de mortalidad por el coronavirus sea aún mayor en prisión. Hay una ley de indulto conmutativo para  liberar a adultos mayores, mujeres embarazadas y población de riesgo frente al Covid, para que terminen sus condenas en sus casas. Me parece excelente y da esperanzas a esos 1.300 condenados, pero eso no va a solucionar la crisis sanitaria al interior de las prisiones; es una medida mínima.

Primero pensemos en el contexto carcelario y en cómo se puede propiciar el contagio fácilmente: hay hacinamiento, malas condiciones higiénicas y largas filas para el ingreso de visitas. Pero dejar una cárcel sin visitas es una locura; son los familiares casi los únicos que logran llevar el consuelo y descomprimir el clima de la prisión. Prohibir las visitas durante la pandemia es una medida compleja y peligrosa, tanto o más que el virus.

Hoy en Chile, nuestra justicia es pura venganza. Esperamos, soñamos y trabajamos para que deje de ser así y que la privación de libertad sea la última medida para todos y no la más común para quienes han nacido y crecido en pobreza y marginalidad.

El virus ha dejado de manifiesto uno de los principales rasgos de la condición humana: nuestra vulnerabilidad. ¿Será posible entonces que esta crisis permita aflorar a la solidaridad como otro de nuestros rasgos distintivos? Los invito a que pensemos, trabajemos y luchemos por los privados de libertad y sus derechos. Todo será distinto cuando los tengamos de verdad en el corazón.

¿Te preocupan los más vulnerables?

 

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