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Se viene la desescolarización

Por Liliana Cortés, director ejecutiva de Fundación Súmate de Hogar de Cristo.

El profesor Paul González, del colegio de reingreso Nuevo Futuro de Lota, siempre cuenta el impacto que tuvo el maremoto de 2010 en la educación de los alumnos más vulnerables de la región del Biobío. Hubo un abandono masivo de niños y jóvenes que se quedaron sin casa, perdieron a sus seres queridos, tuvieron que trasladarse a otros lugares, apoyar a sus familias y ponerse a trabajar.

Aunque fue una generación completa la que quedó desescolarizada, existe escaso análisis del tema.
El estallido social también tendrá un efecto de tsunami sobre muchos jóvenes que no lograron terminar bien su año escolar 2019. Hablamos de aquellos con trayectorias educativas frágiles, que están invisibilizados en sus problemáticas y que no cuentan con el soporte necesario para permanecer en el sistema. Es muy probable que muchos de ellos no retomen en 2020 sus estudios. Así como todos hemos oído del desempleo y del estancamiento económico que viene, hasta ahora nada se ha dicho de cuáles serán las consecuencias de esta crisis social sobre los 222 mil niños, niñas y jóvenes que no estaban estudiando en Chile hasta antes del estadillo social, número que, sin duda, se incrementará. Entre todas las legítimas demandas, ¿habrá alguien midiendo en cuánto estamos hipotecando nuestro futuro si los jóvenes excluidos del sistema educativo siguen así, marginados, y a ellos se agregan decenas de otros miles?

No es alarmista afirmar que crecerá el número de desescolarizados y que, sin políticas públicas contundentes en esta materia, seguirá aumentando el número de jóvenes sin educación completa, con la consecuente pérdida de capacidad y talento, que en muchos casos será aprovechada por el narco o la delincuencia común.

El Consejo Nacional de Educación, lo mismo que el Ministerio del ramo, siguen trabajando en sacar adelante la modalidad educativa de reingreso, iniciativa que esperamos prospere. Una modalidad especializada fortalece y amplia el sistema educativo regular, complementando los objetivos de mejoramiento de calidad tan necesarios.

Por ahora sólo nos queda esperar y seguir levantando la voz para alertar a todos, políticos, parlamentarios, expertos y a la sociedad completa, sobre este tema que, aunque no suene prioritario, es clave.

Según datos de Unesco, en Latinoamérica, existen más de 12 millones de jóvenes que no han terminado su educación debido a la falta de sentido y de soluciones pertinentes que les ofrece el sistema educativo regular. A los más vulnerables, la delincuencia y el narcotráfico los atrapan con su entramado cultural, donde acceso a bienes y a poder, a un malentendido “ser”, les da un breve sentido a sus existencias, las que suelen truncarse en una vendetta entre bandas o en una entrega fallida en un callejón.

Este balance sombrío, pero realista, debería iluminarnos e impulsarnos como país a sacar adelante una solución seria y contundente que nos permita re encantarlos… y salvarlos. Mientras eso sucede, nosotros seguiremos trabajando en una precariedad financiera que no se condice con la importancia de esta tarea.

Fuente: La Segunda.

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