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Ser mujer en calle en Valparaíso.

Carolina González

Durante el día, la ciudad de Valparaíso, tan deteriorada en su condición de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, sigue siendo laboriosa y servicial, tanto, que es sede del Congreso Nacional, de la Armada y del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Sin embargo, después de medianoche, sus oscuridades se acentúan; y diversas formas de violencia –económica, psicológica, física y sexual– se ensañan contra cientos de mujeres, invisibles en el día, las que viven en situación de calle.

Ser mujer pobre en las calles de Valparaíso es estar expuesta a la exclusión y al abuso, ser visible como objeto y silenciada como ser humano. Y esta negación existencial va desde el resguardo de la intimidad menstrual hasta abortos violentos, prostitución y consumo de pasta base y alcohol como anestésico para cargar con sus cuerpos y sus vidas, patologizadas.

¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus características? ¿Por qué han llegado a esa situación? La mayoría son jóvenes, más jóvenes que el promedio de los hombres en situación de calle. El 28,8% reconoce que derivó a la calle producto de situaciones de violencia intrafamiliar; el 31,5% había padecido previamente violencia, maltrato o agresiones de parte de su pareja o cónyuge, y el 15,8%, agresiones sexuales.

“Como mujer jamás hay que dormir sola en la calle, siempre hay que pegarse con alguien. Obvio que te arriesgas a ser violada, pero eso es mejor a que te maten los nazis o los narcos. No tener pareja es complicado en la calle. Como a una la ven sola, sin nadie, te tratan mal. Te basurean, se toman un copete y te quieren pescar a la fuerza. Cuando pasa eso, no queda otra que gritar o salir corriendo”, revela Nicole, que vive desde los 12 años en situación de calle.

 

 

 

Para las mujeres sin techo como Nicole, convivir con hombres es la principal estrategia de protección; la clave es arrimarse a uno, aunque también la maltrate.

A pesar de los esfuerzos y la articulación de propuestas en conjunto con autoridades locales, en nuestra región aún no existe ningún tipo de programa público o privado que aplique perspectiva de género para abordar e intentar resolver de manera permanente la vida en calle. Como Hogar de Cristo, sólo tenemos capacidad para acoger a apenas ocho de las 320 mujeres que pernoctan en la región de Valparaíso. ¿Qué pasa con la vida de las otras 312 que siguen en la calle?

A nuestra hospedería de Valparaíso, que es mixta y la única con esta modalidad en la región, llegan visiblemente violentadas, tanto física, psicológica como emocionalmente, pero no tenemos más capacidad que para ocho.

Y son muchas, pero pocos las vemos o muchos, si lo hacen, miran para el lado. Estas cientos de mujeres invisibles merecen ser primera prioridad y para eso es imperativo sacarlas de la calle, aplicando perspectiva de género.

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