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Diez claves para enfrentar la violencia escolar

Dos psicólogas expertas en temas de prevención y convivencia de la Fundación Paréntesis Asesorías y Servicios Clínicos (ASC), entregan diez claves que todos los establecimientos educativos deben considerar para enfrentar el clima de violencia que se ha expandido como pólvora con el regreso a las clases presenciales, tras dos años de aislamiento por la pandemia.

Por María Teresa Villafrade

En la primera semana de clases, el ingeniero informático Jaime Menares recibió el llamado del colegio diciéndole de que su hijo estaba en enfermería. Se angustió. El pequeño estaba recién en primero básico y no conocía a ninguno de los otros compañeros y menos a los apoderados del curso. ¿Qué había pasado?

“Mi hijo se había agachado a recoger una basura del piso en el patio durante el recreo cuando otro compañero al que él no logró ver, le azotó la cabeza contra el piso, sin mediar ningún tipo de interacción previa. Su nariz empezó a sangrar y tuvieron que llevarlo a enfermería, nos avisaron y yo creí que era un incidente individual, pero a poco andar me di cuenta que no era así, que habían muchos casos más”, dice.

Se reunió con otros apoderados y entre todos pudieron constatar con estupor que al menos 40 episodios de distintos tipos de agresiones y bullying se habían presentado en las dos primeras semanas de clases presenciales, tras dos años de pandemia.

“Una mamá me contó que a su hijo le habían sacado la colación para botarla al suelo y saltar encima de ella, otro que especialmente en el patio se daban golpes y todo quedó registrado en las cámaras del colegio que es católico y de mucho prestigio. Tanto así que este año postularon tres mil alumnos solo para entrar a la básica”, agrega Jaime.

Lógicamente los primeros en dar la señal de alerta fueron los mismos padres y madres de los niños afectados. “El colegio tomó cartas en el asunto de inmediato y aplicó el protocolo para estos casos, se ha portado un 7”, acota.

Y se atreve a elaborar su propio diagnóstico: “Siento que este problema no es del colegio sino de los propios padres, porque son niños que estuvieron dos años en sus casas, con papás y mamás que seguramente no podían estar muy pendientes, con teletrabajo, que seguramente los dejaban hacer lo que querían y estos niños llegan a un ambiente social más restringido. Yo creo que es responsabilidad principal de los padres, pero el colegio lógicamente tiene que intervenir. Mi teoría es que se trata de niños que en su mayoría no estuvieron asistiendo al jardín infantil, quizás estuvieron en clases online pero eso es como ver televisión, cero impacto. No tienen compañeros, no tienen hermanos. Mi hijo estuvo en jardín y no tuvo nunca un problema, tiene hermanos mayores, vecinos, salen a jugar afuera. Está siempre sociabilizando”.

VIOLENCIA OCULTA

Para las psicólogas de Paréntesis ASC, Catalina Burmeister y Ana Ormeño, expertas en estrategias de intervención y acciones preventivas, este problema se veía venir y en ello coinciden todos los especialistas en salud mental. Sin embargo, llaman a no emitir juicios anticipados sobre lo que no tienen o no hicieron otros por el bienestar de sus hijos. “Lo importante de todo esto es involucrarse en la búsqueda de soluciones y para ello todos deben ser convocados. Hay que reconocer las fortalezas individuales, familiares y comunitarias, reconocer los riesgos y debilidades en las que se debe trabajar”, dice Ana Ormeño.

La psicóloga Ana Ormeño de Paréntesis ASC.

Agrega que luego del estallido social y la pandemia, como país nos vimos conflictuados con una serie de problemas que van desde el plano político hasta el acceso que cada uno tiene como familia a los recursos económicos. “No solo los niños y los jóvenes, también nosotros los adultos nos enfrentamos al hecho de que nuestra propia naturaleza está en crisis. La violencia se usa para sobrevivir y es transversal a todos los grupos sociales. Se ha estigmatizado a los grupos más desprotegidos y vulnerables como más violentos, pero hay otra violencia que es más oculta que se multiplica desde la palabra, del discurso, del maltrato. No por eso hay que normalizarlo”, agrega la psicóloga.

Pese a que el problema estaba más que anunciado y prácticamente todo el primer mes de clases escolares presenciales ha estado marcado por noticias que dan cuenta de agresiones, golpes, bullying y otros episodios violentos, los establecimientos educativos se vieron impactados y casi tomados por sorpresa. Estas son las 10 claves que las expertas de Paréntesis ASC proponen para enfrentarlo:

  1. GENERAR ESPACIOS DE DIÁLOGO

Para las psicólogas el ideal habría sido que desde la política pública se hubiera coordinado la implementación de espacios y tiempos para el diálogo desde el primer día del retorno a clases presenciales. “Qué importante es que estos temas se hablen y ojalá no terminen esta semana ni la próxima. Si en las reuniones de apoderados los papás estaban más preocupados de ver cuán atrasados estaban sus hijos en la lectura, en la escritura, es mejor destacar que lo más importante es escuchar y abrir espacios de contención, de escucha, conversar. Integrar a los estudiantes y apoderados nuevos así como a quienes tuvieren que repetir el curso. Recordemos que ya antes de la pandemia habían demostraciones de violencia en las escuelas y deberían reconocerse los recorridos institucionales para superarlas”, explica Ana Ormeño.

Si hay que hacer recesos para  evaluar  las prácticas habituales y renovarlas por unas más acordes a la contingencia, hay que darse el tiempo de evaluar y conocer el estado actual de la convivencia escolar, y no categorizar en criterios, diagnósticos en salud mental.

  1. ACOMPAÑAR Y CONTENER

“Como psicólogas vemos las dificultades psíquico sociales que enfrentan los niños, niñas y adolescentes (NNA) cuyos mecanismos para lidiar con las emociones están en desarrollo, por eso no hay que normalizar la violencia pero sí entenderla también como un síntoma psíquico, ya que muchas veces las ansiedades, como las que generó la pandemia, se expresan a través de agresión u otras conductas disruptivas. Los adultos estamos más irritables cuando nos sentimos ansiosos, preocupados, imaginen los niños”, agrega Catalina Burmeister.

Es importante entonces acompañar, contener y dar espacio a estas ansiedades que puedan expresarse en el espacio social de la escuela. Más ahora, porque justamente durante la pandemia ellos no contaron con las mismas posibilidades para aprender a lidiar con las dinámicas sociales.

  1. FIJAR LÍMITES

Como nunca, se hizo evidente el rol fundamental de la escuela para crear estos espacios de sociabilización, ejercitar e interiorizar normas y desarrollar  el autocontrol, la autonomía. Entender cómo se aplican las normas de la casa en la escuela y viceversa. “Nosotras tuvimos la posibilidad de atender pacientes adultos en trabajo clínico y sus demandas tenían  que ver en cómo  manejar o regular las conductas dentro del hogar, cómo poner límites, diferenciar entre ser empático y ser simpático con los hijos, incluso cómo enfrentar conflictos con la pareja. Tuvimos la oportunidad de  trabajar con padres y cuidadores estos aspectos pero no todos pudieron hacerlo. Las escuelas además estuvieron más preocupadas de entregar los contenidos mínimos en un contexto de pandemia,  porque la demanda y las exigencias estaban puestas en el rendimiento, en no atrasarse. Con esfuerzo notable, algunos colegios pudieron además brindar apoyo psicosocioemocional, pero no todos pudieron hacerlo”, explica Ana Ormeño.

Como interventoras y expertas en prevención, observan que aquellos equipos de trabajo donde hay una mejor coordinación y diálogo, que están fortalecidos con protocolos y procedimientos, con políticas, cuentan con un camino mucho más ordenado para avanzar hacia la resolución de conflictos que en un establecimiento que no ha trabajado en ello.

  1. RESPETO A LA DIGNIDAD Y CONFIDENCIALIDAD

Contar con protocolos socializados y pre establecidos que le hagan sentido al proyecto educativo y a su comunidad escolar. “Es importante que en temas de convivencia, los colegios puedan tener una reflexión con sus equipos y una revisión de cómo actuar en casos de violencia. Como fundación, para nosotras es importante que todas las decisiones vinculadas a un protocolo velen siempre por mantener la visión formativa de la escuela en términos socioemocionales, que respete la dignidad del estudiante y la confidencialidad en los casos sensibles. Parece un lugar común, pero muchas veces las medidas que se toman son solo desde lo normativo, el excluir. Hay que tener protocolo ya que también es formativo que haya sanciones pero no se puede olvidar que estamos frente a una persona que está en proceso de formación y es sujeto de derecho”, señala Catalina Burmeister.

  1. REPARACIÓN

En sus experiencias de acompañamiento a la comunidad escolar, recomiendan que las prácticas restaurativas que tiene que ver con abordar la convivencia escolar incluyan acciones que incorporan la capacidad reparativa de quien ejecuta la violencia, no sólo respecto a la víctima sino también a la comunidad.

“Las últimas semanas han aparecido en la prensa sanciones como la expulsión de los estudiantes por hechos gravísimos, restringiendo su derecho a estudiar en cualquier establecimiento de una determinada comuna, eso me parece que al menos amerita una reflexión. Son personas que están en desarrollo y hay que velar por su formación socioemocional”, advierte Catalina.

“Sin un trabajo reparativo no hay un cambio conductual. No hay una reflexión sobre la conducta que tuvo ni el daño que causó. Qué mejor que la escuela para hacer seguimiento a esos procesos liderado por un equipo profesional. Lo que se hace al expulsar es traspasar la responsabilidad a otro que no sabemos si será otro establecimiento educacional o la calle. Como institucionalidad lo que quiero es que esas conductas no se repitan”, aconseja Ana Ormeno.

 

  1. ATENDER LO QUE OCURRE EN REDES SOCIALES, UN ESPACIO PARALELO

“A las redes sociales, que están influyendo en el proceso formativo de los NNA y son espacios de socialización, no se las incluye en estrategias de mejora, muchas de ellas funcionan desde la buena voluntad o voluntariado de las directivas, se autorregulan con las participantes que cuentan con habilidades sociales más desarrolladas y deben regular discusiones, humor ofensivo, quejas de apoderados por conductas de los “hijos de otros”, sin cuidado de la dignidad de los estudiantes. Qué decir de los espacios virtuales de socialización de los niños, niñas y adolescentes que no tiene el mismo horario escolar, es 24/7.  Los niños, niñas y adolescentes se enfrentan a códigos de socialización dentro y fuera del colegio, así como en la presencialidad y en la virtualidad a los que como adultos no podemos ser indiferentes, somos responsables del tipo de mundo que ahí se construye”, recomienda Ana Ormeño.

  1. PARTICIPACIÓN PARA LA CONVIVENCIA

La convivencia no es tarea de algunos sino de todos, pero en la distribución de roles y responsabilidades debe haber acuerdos y distribución de tareas. Las políticas en prevención, los protocolos de acción, los reglamentos de convivencia son ejemplos de construcciones democráticas, es por ello que es tan importante que los actores claves convocados a construir los lineamientos que definan el camino del “qué hacer en estos casos” sean representativos de los distintos estamentos de un establecimiento educacional, que los cargos y organismos creados para contribuir en convivencia escolar estén vivos y activos: centros de padres, centros de alumnos, consejo escolar, equipo de convivencia, equipos preventivos escolares, son esenciales para nutrir una cultura de cuidado, bienestar y seguridad dentro de un sistema escolar.

“Cuando las políticas y protocolos se añejan, olvidan y no se comunican, dejan de existir, hasta que ocurre un evento crítico y nos pilla mal parados. Cuando él o la encargada de convivencia está solo(a) o desorientado(a) en su rol es que se debe intervenir. Si es necesario detenerse para observar, escuchar, pensar y replanificar, hay que hacerlo”, dicen las expertas.

 

  1. FORTALECER INVOLUCRAMIENTO PARENTAL

Hay que preguntar si el colegio es de puertas abiertas o cerradas a la familia. “Se da el hecho de estigmatizar o excluir a aquellos padres más conflictivos. Lo correcto es que los hagamos parte de estos procesos de diálogo, porque es ahí donde se pone a prueba nuestra capacidad de comunicación, de escucha, de integración. Al resistirnos a acoger aquellos padres más conflictivos vamos alimentando la ira, la desconfianza, la exclusión social. Debemos revisar nuestras estrategias de comunicación: hablar de lo que hemos hecho bien pero analizar si estamos trabajando en prevención de conflictos. ¿Somos un establecimiento justo que implementa dispositivos que son equitativos, que reparan el daño? ¿Tendemos a interrumpir la violencia o nos cegamos a la violencia y preferimos no evitarla?”.

  1. COMUNICACIÓN AFECTUOSA Y EFECTIVA

Las psicólogas señalan que para ellas el ideal es que, junto con aquellas reflexiones más profundas, se pueda entregar a los profesionales y asistentes de la educación en los colegios “micro estrategias” comunicacionales que contribuyan a mejorar la calidad de las relaciones interpersonales de todos quienes son parte de una comunidad escolar. Por ejemplo, observar cómo hacemos uso de nuestro cuerpo para comunicar: gritos, chasquidos, resoplidos, uso de la fuerza.

Capacitar en estrategias comunicacionales efectivas para dirigir conversaciones difíciles,  como desarrollar entrevistas motivacionales en niños, adolescentes y adultos, estrategias de manejo cognitivo conductual, son en general, herramientas efectivas que contribuyen a construir ambientes saludables y protectores.

Ayudar al establecimiento a reconocer aquellas acciones disciplinarias que no favorecen la interrupción de la violencia, por ejemplo, tomando acciones arbitrarias, de abuso de poder, perder el control. “No usar la humillación pública del ofensor ante los otros, el escarmiento, las mentiras, el descrédito, pero tampoco ser indiferentes. Hemos visto adultos que dan vuelta la cara y se van sin escuchar a sus alumnos. Hay que revisar los procedimientos y ver qué sirvió y qué no”.

  1. ASESORÍA EXTERNA

A menudo, solo con relatar a un asesor externo los hechos, van fluyendo también las respuestas: “Es importante reconocer que existen resoluciones de conflicto que son versátiles: la negociación, la mediación, el arbitraje, que están diseñadas para enfrentar distintos tipos de conflicto. Yo aprendí que los conflictos son como una cebolla, cuando no los resuelves, las capas van aumentando y llega un momento en que es imposible llegar al origen del problema y vas pretendiendo resolver cada una de  sus capas y quizás el fin sea que cada una de las partes quede conforme con el sentido de justicia que se pueda construir en conjunto con ayuda de un tercero entrenado para ello. Es mejor pedir asesoría externa a tiempo”, añade Ana Ormeño.

 

PARÉNTESIS ASC ofrece servicios para asesorar a las escuelas en temas de convivencia, afectividad y sexualidad, y prevención de drogas.

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