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Personas en situación de calle rural: los invisibles de los invisibles

los invisibles de los invisibles

El sinhogarismo en zonas campestres es un tema poco abordado en Chile y el mundo. Hay poca literatura e investigación, porque según los escasos relatos, si bien hay mucho apoyo de la comunidad, son casi nulas las políticas públicas destinadas a esta población. Aquí contamos que en nuestro país sí hay casos, aunque no los veamos.

Por María Luisa Galán

“Cuando falleció Víctor fue triste y chocante para todo el pueblo porque se murió alguien que fue parte de nuestra historia”, cuenta Claudio Acevedo, terapeuta ocupacional nacido y criado en Huertos Familiares, una localidad rural perteneciente a la comuna de Tiltil, en la Región Metropolitana.

Víctor tenía discapacidad intelectual, vivía junto a Daniel, su pareja, en un ruco que instalaron en los sitios eriazos de la zona. Lo construyeron con materiales cedidos por los vecinos, quienes también les compartían ropa, alimentos y la oportunidad de hacer algunos “pololitos”, y así sumar pesos extras a sus exiguos ingresos como acomodadores de autos en uno de los negocios más concurridos del pueblo. Pero la historia de esta pareja terminó abruptamente. Víctor falleció y de Daniel, nunca más se supo.

La situación de calle rural es un tema desconocido y poco estudiado en Chile y el mundo. Poco se sabe, escasa es la literatura y casi nulas son las políticas públicas destinadas a ellos. En Estados Unidos, en la ciudad de Lexington, existe una oficina llamada “Prevención e Intervención del sinhogarimo” que ha trabajado por años en este tema en la zona campestre que los rodea. Polly Ruddick, su encargada, dice que muchas autoridades de las localidades rurales no saben que hay personas en situación de calle en sus comunidades. “Alcaldes y jueces me han dicho a la cara: ‘en mi comunidad no hay’. Y yo les respondo: ‘sí, hay. Sólo que tú eliges ignorarlos o en verdad no los ves’”, dijo en el sitio web de noticias NPR News. Además, señala que el apoyo a personas sin hogar en pequeñas comunidades es entregado por las iglesias, las que a su vez cuentan con pocos recursos. Y otro dato importante, contar a esta población rural sin techo es complejo porque en el pueblo carecen de hospederías o de un sistema oficial de conteo.

FABIÁN DE HUERTOS FAMILIARES

Mauricio Zorondo es jefe operacional social de Maule del Hogar de Cristo, y afirma que la pobreza campesina en sí es muy diferente a la urbana. “En el campo nadie tiene luz o agua potable, pero sí tienen para comer”, cuenta como uno de los puntos diferenciales. Pero en el tema calle rural se explaya: “Todas las políticas de calle están enfocadas en Curicó, Talca y Linares. Pero en Cauquenes o San Javier, por ejemplo, no hay nada porque no están catastrados. Son invisibles y a nadie le importa. Funciona mucho el estigma del tipo curado, mala onda, que tenía problemas. Y como le conocen toda la historia, dicen que esos no, no merecen nada. Por eso para algunas autoridades sólo existen cinco personas en calle, cuando el Hogar de Cristo tiene a 20 personas en la Hospedería de Cauquenes. Consideran una lógica muy local, dejando por fuera a los que no son del pueblo. Pero las personas que están aquí ahora son de Cauquenes y así como pueden generar externalidades negativas, también tienen puntos positivos para la comunidad”.

Claudio Acevedo coincide: “Creo que acá los municipios no lo ven como un tema grave u obligación porque al ser originarios tienen redes que sustentan sus necesidades. Acá, normalmente viven en los potreros, en las afueras del centro “urbano” de estas zonas rurales. Y ahí se instalan. Tienen dueños esos lugares, pero al parecer no tienen problemas. Acá la gente es bien amable en ese sentido. Incluso, como estos lugares son muy fríos, la gente o sus familias suele ir a buscarlo y los vuelve a acoger hasta que pase el frío o la lluvia. Después la persona vuelve a la calle por consumo o problemas intrafamiliares. Pero el contar con redes les da harto sustento y un vivir algo más digno”, dice sobre el tejemaneje del pueblo que le hace gran honor a su nombre: Huertos Familiares.

Mauricio también afirma que los rucos de las personas en situación de calle están más hacia las afueras de ciudades y pueblos, pero es una situación temporal, de personas que vienen del campo a vender sus productos a la ciudad o algunos que quedaron en la calle en zonas agrícolas pero que en lo urbano encontraron más oportunidades. “Aquí hay una lógica de vinculación entre lo rural y urbano”, dice. Cuenta el caso de unos jóvenes que viven debajo del puente del río Ancoa, cerca de Linares. “Ellos pueden ir a Melozal a cortar parras, como temporeros, y luego vuelven a su ruco, porque está cerca de Linares, donde puede conseguir alimentos u otras cosas. Muchos de ellos tienen raíces de campesinos, algunos viene de Cauquenes y otros lados”, agrega.

Fabián es otro caso de la localidad de Tiltil. Cuando Claudio cuenta su historia, habla en presente. Ahora su testimonio se escribe en pasado, porque Fabián falleció hace pocas semanas.

“Tenía mi edad y de seguro en la adolescencia nos topamos en algún carrete; pasó que su historia de vida lo llevó por otros procesos distintos. Fue chofer de camiones, lo que acá te da un estatus distinto. Pero cuando empezó a involucrarse activamente en el consumo de alcohol, empezó a decaer y terminó en calle. En ocasiones volvía a su casa, pero luego regresaba a la calle. Pernoctaba en cualquier lugar, donde lo pillara la noche. En la plaza, en sectores públicos”, rememora sobre quien también fue parte de la historia de Huertos Familiares.

La falta de vivienda existe, porque la vivienda es inasequible, incluso en las zonas rurales. Los servicios sociales pueden pasar por alto a las personas sin hogar en las comunidades rurales, en parte porque es posible que no se identifiquen a sí mismas como personas sin hogar, cuando en realidad califican para los programas. Pero incluso si conocen los servicios disponibles, las personas sin hogar en las comunidades rurales enfrentan grandes obstáculos para acceder a ellos”, se lee en The National Health Care for the Homeless Council, la principal organización de Estados Unidos que trabaja temas del sinhogarismo y salud.

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