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Primeros vacunados en el Hogar de Cristo:

“Nos dieron algo que la gente aquí necesita: protección”

Así resume Rafael Blanco, residente de una casa de acogida de Estación Central, el ser parte de los primeros acogidos de la fundación vacunados contra el COVID en la Región Metropolitana. “Aquí hay mucha gente mayor y en riesgo que requiere la vacuna para no enfermar y morir”, sostiene. Aquí les contamos cómo está siendo el proceso de inoculación en nuestros programas a lo largo de Chile.

Comunicaciones Hogar de Cristo

Serios, responsables, elegantes, preparados, agradecidos y, sobre todo, esperanzados, así vio Chile a los chilenos de más de 90 años que acudieron ayer a los centros de vacunación de todo el país, dando el puntapié inicial al gran plan nacional de inoculación masiva contra el coronavirus.

Fueron 24 mil ciudadanos nonagenarios, el 66% de los cuales son mujeres, los que pusieron el brazo a la aguja y deberán repetir la acción el 3 de marzo próximo, cuando coincidentemente con la fecha que marca la llegada del primer caso de coronavirus a nuestro país hace un año, acudan por la segunda dosis de la vacuna para lograr el efecto inmune completo. Queremos reforzar el que esas personas mayores no eran “abuelitas/os” ni “viejitas/os”, como insistían majaderamente en llamarlos algunos periodistas en los medios de televisión, sino seres humanos conscientes que dieron un ejemplo de cultura cívica y amor a la vida.

En total, entre personal de la primera línea sanitaria y de actividades estratégicas y adultos mayores, poco más de 140 mil personas recibieron la vacuna Sinovac, que fue validada por el Instituto de Salud Pública a nivel nacional y reconocida justamente por la reputada publicación científica Lancet, en ese primer día de operativo sanitario.

Ayer también, en algunos de nuestros programas de regiones –como el ELEAM de Curicó, que en diciembre y durante enero sufrió los efectos de un brote de COVID-19, y la Hospedería de Talca– se inició el proceso con trabajadores y adultos mayores. Hoy, fue la partida en la Región Metropolitana, en distintos dispositivos de las comunas de Estación Central y Recoleta. Eso, mientras en regiones, continuó sumándose personal y usuarios de nuestras residencias y hospederías, como la de Coyhaique, en Aysén, que partió muy temprano este jueves con el proceso de inoculación, o el Programa de Atención Domiciliaria de Rancagua.

TEMORES Y RESQUEMORES

María Bonilla (85), quien lleva muchos años en un programa de Estación Central, la Casa de Acogida Padre Hurtado, fue la primera usuaria del Hogar de Cristo en la capital en recibir la dosis inicial de Sinovac. Risueña, pero temerosa del pinchazo al que reaccionó con aspavientos, es dueña de un buen humor incombustible. Ha mantenido el ánimo, pese a haber estado separada durante meses de Hernán, su marido, a causa de la pandemia. La pareja se conoció y se casó hace unos años en el Hogar de Cristo, pero en 2020, Hernán, que padece diabetes en estado avanzado, lo que terminó por provocarle ceguera, debió guardar cuarentena en la Casa de Acogida de Hombres Josse Van der Rest. Las videollamadas se han convertido en su único medio de contacto, pero él no deja de dedicar toda su atención y pensamientos a su querida María.

El 30 de diciembre pasado, cuando María cumplió 85 años, él se preocupó de “producirle” la fiesta de cumpleaños. “Le pasó plata a una de las monitoras de la Casa de Acogida junto con detalladas instrucciones para que le compraran globos, serpentinas y su torta favorita de la pastelería San Camilo”, nos cuentan los que cuidan y quieren a esta pareja que no duda en poner el brazo a la aguja y sueñan que esta inmunidad les permita volver a estar juntos. En los próximos días, de acuerdo al calendario de vacunación, le tocará el turno a Hernán para su primera dosis de Sinovac.

Jessica Cayulao, jefa de la Casa de Acogida San Alberto Hurtado, se siente orgullosa de que María Bonilla y otros 32 usuarios de este programa que acoge a personas mayores de 50 años en situación de calle o en riesgo de estarlo, hayan sido los primeros favorecidos del Hogar de Cristo con la vacuna en la Región Metropolitana.

“Han sido meses, ya casi un año, de mucha ansiedad para nuestros acogidos, tiempos muy duros en que la incertidumbre sobre el futuro ha sido la norma. Ellos aceptaron guardar cuarentena, sin salir como hacían antes, lo que ha cambiado sus hábitos. Hay que pensar que muchos de ellos vivían libres en la calle, que tienen problemas de consumo de alcohol y de otras drogas. Aquí nosotros les entregamos alimentación, vestuario, un lugar donde dormir y la conexión con redes de salud, de empleo y familiares, para poder reconectarlos de nuevo con la sociedad. Somos en ese sentido una solución transitoria a un problema muy amplio, que es la situación de calle, pero este año todo cambió y la vacunación es una luz de esperanza dentro de un año muy duro para todos”, explica Jessica, quien hace notar que este pequeño espacio es un reflejo de lo mismo que pasa en el país y en el resto del mundo. “Los temores y resquemores frente a vacunarse que ha habido entre algunos acogidos y trabajadores, han ido cediendo frente a la evidencia de que en lo inmediato la vacuna es la mejor opción, junto con todas las demás medidas sanitarias, que nosotros extremamos en nuestros programas, porque los acogidos no salen, no se mueven de aquí, y nosotros los trabajadores sí y tenemos que ser tremendamente responsables de no convertirnos en vectores de contagio”, reflexiona la jefa de este programa que se siente privilegiado con la vacunación de hoy.

MIEDO A LA TELE, NO A LA VACUNA

Lo mismo que Rafael Blanco (61), otro de los usuarios de la Casa de Acogida de Estación Central, quien asegura que “hoy ha sido un día muy especial, porque nos han dado algo que la gente de aquí necesita: protección. Acá hay mucha gente mayor que lleva casi un año encerrada, mientras personas jóvenes hacen fiestas, llenan las playas, arruinándonos a todos y obligándonos a nosotros a seguir encerrados. Acuérdense de que esta enfermedad cunde con el frío del invierno, por eso es importante que todos nos cuidemos y estemos vacunados. No hay que tener miedo, hay que pensar en los adultos mayores”, sostiene con claridad meridiana, sentado en su silla de ruedas, donde está desde que sufrió la amputación de sus piernas a causa de la diabetes.

La rancagüina Marta Cornejo (85) no le temía a la vacuna, ni al dolor del pinchazo ni a todos los infundios pseudo científicos que han circulado en redes sociales, sí la atemorizaba ser la primera adulta mayor en vacunarse hoy en la Región de O´Higgins.

“Me avisaron que iba a estar la televisión, pero cuando llegué todo estaba lleno de caballeros y jóvenes con máquinas para sacar fotos, así es que me puse muy nerviosa. Había una gran cantidad de gente con máquinas de fotos. Yo le tengo mala al virus, porque en el invierno tuve que pasarlo encerrada. Por eso estaría bueno que este bicho se fuera bien lejos. También ha sido es doloroso ver que cuando muere alguien conocido, lo echan a una bolsa de nylon y lo llevan al tiro al cementerio”.

-¿Qué les dirías a los que no se quieren vacunar?

-Que lo hagan y que tengan fe en Dios. Siempre le pido a Dios que no me dé el COVID. Además, no creo que la vacuna haga mal porque fueron creadas por los doctores más famosos.

En los próximos días seguiremos contándoles cómo avanza la vacunación en el Hogar de Cristo a lo largo de Chile y los invitamos a mandarnos fotos y videos de esta acción preventiva histórica en medio de una pandemia planetaria que nos obliga a seguir el ejemplo de los mayores de Chile, esos que saben que nadie se salva solo. Y que la vacuna no nos debe hacer olvidar todas las otras medidas sanitarias que mantienen el virus a raya. Felicitaciones a los vacunados y nos sumamos a la fila para cuando nos corresponda poner el brazo.

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