Durante años, la principal preocupación de muchas personas que viven en situación de calle ha sido encontrar dónde pasar la noche, conseguir alimento o protegerse del frío. En esas condiciones, salir de paseo o conocer un atractivo turístico queda muy lejos de sus prioridades. Por eso, este paseo grupal al desierto florido tiene tanto valor.
Eso fue precisamente lo que vivió un grupo de participantes de los programas Vivienda Primero y Calle del Hogar de Cristo en Atacama. Gracias al apoyo de Minera Pucobre, pudieron recorrer uno de los paisajes más únicos y esperados de la región, compartir con sus compañeros y disfrutar de una jornada fuera de su rutina habitual.

La actividad fue organizada por el Hogar de Cristo y estuvo a cargo de Odila Yáñez, jefa del programa Vivienda Primero en Copiapó. Además del recorrido por el Desierto Florido, la salida permitió fortalecer la convivencia entre personas que han enfrentado distintas experiencias de exclusión y que hoy reciben acompañamiento social.
Para Carol Calderón Gutiérrez, jefa de Operación Social Territorial del Hogar de Cristo en Atacama, estas actividades también son parte importante del trabajo que realiza la organización fundada por Alberto Hurtado.
“Esta actividad fue mucho más que una salida recreativa. Muchos de nuestros participantes son personas mayores que, gracias al programa Vivienda Primero, hoy cuentan con una vivienda digna. Pero tener un techo no significa necesariamente sentirse parte de una comunidad, hacer amigos o tener la oportunidad de conocer y disfrutar de su propia región. Y eso es justamente lo que buscamos con estas iniciativas: que puedan compartir, crear nuevos vínculos y volver a disfrutar de experiencias que durante años estuvieron fuera de su alcance”.
La trabajadora social también agradeció el apoyo de Minera Pucobre, que permitió concretar la jornada, y subrayó la importancia de generar espacios donde las personas puedan fortalecer sus vínculos y sentirse parte de la comunidad.
La experiencia cobra especial importancia al mirar la realidad social de Atacama. Según el Censo 2024, 37.648 personas tienen 65 años o más, una población que ha crecido considerablemente durante las últimas décadas.
A ello se suman las cifras de la última encuesta Casen, que estima que 59.494 personas viven en situación de pobreza por ingresos en la región, de las cuales 23.666 se encuentran en pobreza extrema. La pobreza multidimensional, que considera carencias en ámbitos como salud, educación, vivienda y redes de apoyo, alcanza al 20,2% de la población, la segunda proporción más alta del país.
Aunque estos datos corresponden a distintos grupos de la población, ayudan a comprender las dificultades que enfrentan quienes llegan a una edad avanzada sin suficientes recursos económicos, una vivienda segura o personas cercanas a quienes recurrir. 
Es justamente parte de la realidad que busca abordar Vivienda Primero, programa del Ministerio de Desarrollo Social y Familia ejecutado por el Hogar de Cristo, que comenzó a funcionar hace seis meses en Atacama.
La iniciativa cuenta con 18 cupos y está dirigida a personas mayores de 50 años que han permanecido al menos cinco años en situación de calle. Su funcionamiento contempla viviendas compartidas para dos personas, con servicios básicos financiados y acompañamiento psicosocial para apoyar la recuperación de su autonomía.
El acceso a una vivienda permite que los participantes comiencen a resolver otras dificultades que, mientras vivían en la calle, resultaban mucho más difíciles de abordar. Desde retomar controles médicos y ordenar sus rutinas hasta recuperar relaciones personales y volver a participar en actividades comunitarias.

En ese proceso, las salidas recreativas también tienen un lugar. Poder conocer nuevos espacios, compartir con otras personas y disfrutar del tiempo libre son experiencias que muchas veces se pierden después de años de vivir en la calle.
La visita al desierto florido, posible gracias a la colaboración de Minera Pucobre, fue una oportunidad para recuperar parte de esas experiencias. Y también para recordar que contar con un techo es fundamental, pero tener una vida digna supone bastante más que disponer de un lugar donde dormir.