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Luis Caballero, un chileno en situación de calle: “¡Eres un cuadrapléjico espiritual!”

Al llegar a la esquina de Cumming con San Pablo, un hombre mayor y un tanto andrajoso, de tanto en tanto, les grita a los choferes de las grandes camionetas y autos de lujo que lo miran con desdén, frases como esa. Desde que se quemó su casa en ese mismo barrio, optó por la calle.

En una improvisada vivienda, hecha de plásticos, cartones, ropa colgada y palos, vive desde hace 10 años este hombre de 74 años, melómano, educado, informado, idealista, amante de sus cuatro perros y dueño de una sencillez que cautiva a cualquiera.

A Luis Caballero, que así se llama, lo apodan “don Sata” por su mal carácter y por su personalidad impetuosa, pero con nosotros se muestra como un ser amable, cálido y gentil. Lo primero que nos comenta es lo feliz que es su vida con sus compañeros de ruta: sus cuatro perros (los que tienen un aspecto intimidante; son perros bravos, sobre todo “Chocolate”, el doberman), y viviendo en el sector céntrico de la capital, en el que ha permanecido toda su vida, ya que los vecinos lo cuidan y ayudan de forma incondicional. “Acá en Cumming, mi barrio, me siento protegido, porque hay personas de buen corazón. Ellos se preocupan de darme agüita caliente, de conversar conmigo, de compartir aunque sea unos minutos. Más que mis vecinos son mis amigos, mi familia. No como esos que pasan en camionetas grandes, apoteósicas de marcas lujosas, que me miran con desdén, pero yo me paro y les digo: “Tu camioneta es grande, pero tu corazón es pequeño. Eres un cuadripléjico espiritual. Sólo los que tiene buen corazón me ven. El resto pasa  de largo”.

Hace dos años, el Hogar de Cristo lo recibió en su sala de enfermos terminales luego de una operación de hernia, de la cual no quedó bien. Desde ese momento señala que la obra de San Alberto Hurtado se puede ver en él, porque se mejoró a pesar de haber estado muy enfermo. Recuerda que: “Cuando estuve hospitalizado en el Hogar de Cristo y ya me sentía mejor, les tocaba la guitarra  a los enfermos. Aprendí a saber, sólo con mirarlos, qué canciones querían escuchar y se las tocaba. Amo la música, desde que era pequeño. Y esa era mi forma de agradecer todo lo que  me habían entregado en el Hogar”.

La  melomanía se evidencia en su pequeña radio a pilas, que siempre está con él. Con su música de fondo y compartiendo un cafecito, cuenta qué lo llevó a vivir en situación de calle:” ¡Son cosas de la vida! Se me quemó mi casa y perdí todo, esa que está al frente de este ruco, a  menos de 10 metros… Esa era  mi casa. No se pudo hacer nada, fue pérdida total, pero lo importante es que estoy bien.  Aunque no lo creas para mí vivir en la calle es una opción. Antes del incendio, tenía un buen pasar, una  vida acomodada, ahora podría vender el terreno donde se quemó mi casa y tener dinero para vivir los últimos días que me quedan, pero para qué. Dios me da todo lo que necesito: amigos, comida, aire y sol. ¡Ahora soy más rico! Antes tenía riqueza material, ahora soy rico de espíritu”.

“Soy  un  sobreviviente. No me lo merezco, pero estoy seguro que Dios me premió con una gota de sabiduría, pero esa pizca me hace ver la vida de una  manera muy  hermosa. Me ven pobre, pero soy muy rico”, sentencia, sonriendo.

 

Si te conmueve la historia de Luis Caballero, #Involúcrate con las personas en situación de calle

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