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Detrás de la construcción de la nueva hospedería para personas en situación de calle del Hogar de Cristo, en Concepción, se esconde este reconocido empresario y filántropo penquista, quien además de donar sus recursos, es el responsable de la educación y rehabilitación de jóvenes y niños con discapacidad física en la región del Biobío.

Por Matías Concha P.

Fotografías de Ruber Osoria

Una tarde, hace tres años, un hombre tocó la puerta de las oficinas de Hogar de Cristo, en calle Serrano 1375, Concepción. “Así empezó todo, como cualquier persona, toqué y dije que quería ayudar. Con el tiempo fuimos avanzando, me explicaron la necesidad de construir una nueva hospedería, entonces yo dije que me ponía con todo, pero siempre que me permitieran supervisar el proyecto. Creo que uno tiene que ser parte de lo que construye”.

Ahora, luego del estallido social y en medio de la pandemia de COVID-19,  Armando Balotta (68) explica que la nueva Hospedería estará lista en marzo de 2022, para lo cual ha invertido de su bolsillo más de 900 millones de pesos. “Muchos me han preguntado ¿por qué hago esto? Yo les respondo con una frase que me identifica mucho. Es de John Kennedy. Dice así: No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

Balotta, que es nacido en Capitán Pastene, pequeña ciudad ubicada al suroeste de la provincia de Malleco, en la Región de la Araucanía. Fue hasta hace pocos años el dueño de la reconocida Maestranza Arbal, una empresa que se dedica al rectificado de motocicletas, barcos o aviones. Hoy dice que solo está a cargo de las inversiones de la empresa. Esto porque “hace tiempo preferí traspasar la empresa a los trabajadores y, si bien aún firmo algunos documentos, la empresa ahora es de ellos, les pertenece a los trabajadores de la maestranza”.

-¿De dónde vienen tantas ganas de ayudar?

-Yo creo que de mi ciudad natal, de Capitán Pastene. En ese lugar, todos los colonos italianos se ayudaban, si un vecino tenía un problema era responsabilidad de todos buscar una solución. En esa ciudad o en esa época, nadie se andaba salvando solo, como sucede tanto hoy en día. ¿Has visto las noticias? Qué vergüenza los empresarios de hoy en día.

-¿No te consideras empresario?

-No, a mí me da vergüenza que me digan empresario, mira lo que está pasando con Délano, con Piñera y con todo el escándalo de los paraísos fiscales, hablamos de delincuentes, quizás de los más peligrosos de hoy.

Armando Balotta es un hombre hecho a sí mismo. A lo largo de su vida se graduó de tres carreras universitarias: Administración de Empresas, Diseño industrial e Ingeniería Mecánica. En los años 80, fundó Maestranza Arbal, donde afianzó sus negocios. “Llegué a tener más de 4 mil clientes, 4 maestranzas, pero mi objetivo nunca fue tener dinero, siempre fue hacer bien la pega, ser honesto, pagar sueldos justos; en el fondo, lo que siempre quise fue conservar los valores que me enseñó mi padre”.

-¿Qué valores?

Él me dijo: “Armando, olvídate de los 10 mandamientos. Yo te los voy a cambiar por cuatro que te serán útiles toda la vida. Primero, hay que ser honrado; segundo, puntual; tercero, servicial; y cuarto, hay que ser un buen servidor”. A mí esos consejos nunca se me olvidaron, especialmente lo último.

-¿Por qué?

-Porque para recibir antes hay que dar, amigo. A lo largo de mi vida tuve la oportunidad de ayudar a muchos niños de la Teletón, les compraba sus implementos de rehabilitación, patrocinaba sus estudios. Aún hoy me llaman muchachos que ayudé para que pudieran sacar la universidad. ¿Qué más puedo pedir? Si tú eres una persona empática y te pones en el lugar del otro, te vas a adelantar a los problemas de cualquier persona. Esto que suena como “bonito” es bien práctico, especialmente cuando trabajas con clientes, atendiendo personas, haciendo servicios, donde lo que más importa es dar un “buen servicio”.

UN NUEVO HOGAR

La semana pasada, con un sencillo y emotivo acto, se dio el vamos a la construcción del nuevo edificio que reemplazará a la antigua hospedería del Hogar de Cristo para personas en situación de calle, una cruda realidad social que afecta a la región del Biobío, donde casi 2 mil personas viven a la intemperie. Los asistentes se reunieron en los terrenos donde se levantará la nueva hospedería, que se ubica a un costado de la actual, en Manuel Rodríguez 50, Concepción.

Ahí, diversas autoridades, trabajadoras y acogidos del Hogar de Cristo, agradecieron la extraordinaria solidaridad de Armando. Uno de ellos, José Marín (48), participante de la Hospedería de Hogar de Cristo, dijo emocionado: “He estado casi toda mi vida en la calle, me han golpeado, me he enfermado, he caminado noches enteras para no morir de frío, pero gracias a un hombre podré seguir viviendo donde me siento seguro, gracias don Armando”.

-¿Qué sentiste, Armando, al escuchar las palabras de José Marín?

-Me vino un recuerdo. Hace unos años me encontré con una profesora, imagínate cuántos años tendría ella, me dijo: “Armandito, cuánto tiempo que no te veía, pero no creas que no sé de ti, me siento orgullosa de todo lo que estás haciendo. Por favor, te pido que lo sigas haciendo, aunque pueda ser novedoso para algunos, tu ayuda es lo que deberíamos hacer todos”.

Si te importa que se garanticen los derechos de las personas en situación de calle…

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