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La casa donde vivo

A mis 68 años no tuve la suerte de conocer al Padre Hurtado, pero sí he podido descubrir su obra gracias a los muchachos de la Fundación, que me buscaron y me ofrecieron lo que hoy en día considero mi casa.

Luego de enfermarme del pie, los médicos me diagnosticaron una artrosis muy avanzada y no pude seguir trabajando. Quedé sin nada y en la calle. Entonces fui a la Hospedería del Hogar de Cristo, allí hice cursos de carpintería y estuve más o menos un año. Tiempo después mi hija pudo recibirme en su casa, y me fui a vivir con ella y su familia, pero ella ya tenía cuatro hijos y muchísimos gastos, por eso tomé la decisión de irme… Yo no quería ser una carga para nadie.

Cuando me fui de la casa de mi hija, volví a al barrio donde mis amigos me preguntaron ¿Qué vas hacer? ¿Vas a volver al Hogar? yo les respondía con la verdad, que me daba vergüenza. Un amigo me consiguió frazadas y almohadas, otro un colchón, y me instalé en la calle. Ellos me acompañaban hasta que me quedaba dormido.

Una noche pasó un furgón, y se bajó un muchacho que se puso a conversar conmigo. Me preguntó si conocía el Hogar, yo le respondí que sí, que ya había estado ahí hace años. El furgón era del Hogar de Cristo, y el joven que me hablaba era un voluntario de la Fundación que enviado por el Hogar venía a buscarme.

El Padre Hurtado nos enseñó que además de mirar hacia adelante, debemos mirar para el lado y hacia atrás, ya que no se sabe quién te puede estar necesitando. En noviembre cumplo 69 años y no tuve la suerte de conocer al Padre Hurtado, pero sí he conocido su obra, que es para mí, la casa  donde vivo.

Pedro Daniel Guerrero Moya
Casa de Acogida Padre Josse van Der Rest – Hogar de Cristo

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