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Voluntariado telefónico: La importancia de escuchar en tiempos de crisis

Un grupo de voluntarios del Hogar de Cristo llama por teléfono a adultos mayores en situación de pobreza que no cuentan con redes de apoyo y los acompaña para ayudarlos a entender y enfrentar informados y más tranquilos la crisis sanitaria que afecta al país y los tiene a ellos como el grupo de mayor riesgo frente al Covid-19.

Por Daniela Calderón P.

-¿Aló, Don Carlos? ¿Cómo está hoy? Lo llamo porque quería pedirle que se cuide mucho al ir a cobrar su pensión. Por favor, póngase guantes y use mascarilla… si no tiene mascarilla use un paño en la boca y después lo echa a lavar- dice Pilar Yáñez (40).

-Sí, señorita, no se preocupe, si ya tengo las manos transparentes de tanto lavármelas –responde, con humor, Carlos Calquín (84) a través del teléfono.

Esta conversación corresponde a una nueva modalidad de voluntariado: los llamados telefónicos de acompañamiento que se implementó hace dos semanas, en un Programa de Atención Domiciliaria para Adulto Mayor (Padam), que Hogar de Cristo mantiene en Estación Central. La intención es dar continuidad a la asistencia social, económica y espiritual que 60 adultos mayores en situación de pobreza y vulnerabilidad reciben diariamente en el Padam y que ahora, a causa de la pandemia por coronavirus, han sido suspendidas.

Este nuevo sistema de trabajo ha reclutado a 10 voluntarios, que están encargados de llamar por teléfono a 2 adultos mayores cada uno a diario. Todos con la intención clara de recopilar información sobre el estado de la persona, además de acompañarla y contenerla en estos momentos, donde la incertidumbre, la soledad y el miedo se hacen presentes, más cuando por todos lados se advierte que son el grupo de mayor riesgo.

“Esta experiencia ha sido muy positiva para nosotros como equipo, para los voluntarios, que se han sentido más involucrados en la intervención y, obviamente, para los adultos mayores que han manifestado su agradecimiento por la escucha y la preocupación permanentes. Creemos que esta iniciativa no debe perderse, y que si bien, nació en tiempo de crisis, debe permanecer en el tiempo”, dice, satisfecha con los resultados, Viviana Aedo, jefa del Padam de Estación Central.

La idea de continuar con este sistema de acompañamiento telefónico es compartida por Pilar, voluntaria presencial en el Padam de Hogar de Cristo desde hace un año y que ahora, desde su casa en Ñuñoa, acompaña telefónicamente a dos adultos mayores vecinos de Estación Central con los que mantiene una estrecha relación de cariño y amistad.
“Lo que hago es contactarme con ellos, saber cómo están, pero escucharlos sobre todo, escuchar cómo se sienten y cómo están viviendo esta situación. Los adultos mayores con los que hablo sienten miedo, ansiedad al no saber si pueden salir o no. Hay mucha desinformación, por eso lo que hago es hacer mucho hincapié en los cuidados sanitarios mínimos, que, por muy obvios que parezcan, son súper necesarios, como no salir si no es necesario y la importancia del cuidado higiénico. La idea es apoyarlos porque ellos sienten mucha incertidumbre sobre qué va a pasar”, relata, feliz, de poder ayudar en el cuidado de estos adultos mayores, muchos de ellos, sin redes familiares que los apoyen. “Es tanta la cercanía que hemos logrado con don Carlos que incluso mis hijos lo tratan de abuelito. Él ya es parte de mi familia, por eso es un alivio cuando me contacto con él y sé que está bien”.

 

La misma sensación invade a Isaura Villagra (75), voluntaria desde hace 5 años en Hogar de Cristo y que hoy está encargada de llamar a dos mujeres adultas mayores en situación de pobreza. “Cuando me lo pidieron lo encontré una idea genial. Por mi edad, apenas empezó lo del coronavirus, desde el trabajo me mandaron al tiro para la casa. Así es que llevo cuatro semanas en la casa y me encantó poder ayudarlas de esta forma”, dice al otro lado del teléfono.

A pesar de que solo se conocen a través del auricular desde hace 2 semanas, Isaura ha establecido una estrecha relación con Eloína González (70), una de las mujeres a las que debe llamar. Tal es la cercanía que Eloína reconoce la voz de Isaura apenas levanta el teléfono. “Hablamos de cosas cotidianas, me cuenta lo que hizo en el día. Si fue a la feria, cómo estaban los precios de las verduras o que se encontró con una vecina. Cada vez que la llamo y antes que me presente, me reconoce y dice que soy la señora de la voz dulce”, cuenta Isaura. “Para mí es como llamar a una amiga. Por eso, lo hago a distintas horas porque uno a las amigas no les pone horarios. Es tanta la cercanía que hemos logrado con Eloína que el otro día me dijo que esperaba que, cuando pasara todo esto, nos conociéramos y nos fuéramos a tomar un cafecito”, concluye, emocionada, anotando en su agenda su primera reunión social apenas termine la cuarentena.

 

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