Hay noticias que llegan como un premio, pero que en realidad son la consecuencia de un camino largo. Cuando Lisseth Inga recibió el llamado que le anunciaba que había sido seleccionada para representar a Fe y Alegría Internacional en Naciones Unidas, no pensó solo en el viaje que emprenderá a fines de agosto rumbo a Suiza. Pensó en todo lo que había recorrido para llegar hasta ahí.
Pensó en el Colegio Betania de Fundación Súmate de Hogar de Cristo, donde terminó su enseñanza media. En los desafíos que enfrentó para no abandonar sus estudios. En las puertas que se fueron abriendo gracias a la educación. Y también en los cientos de jóvenes que, como ella alguna vez, todavía esperan una oportunidad para seguir aprendiendo.

Siempre disponible a colaborar. Lisseth fue rostro de la campaña de Hogar de Cristo el año 2025.
Entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre, Lisseth participará en la segunda sesión del Grupo de Trabajo Intergubernamental de Naciones Unidas, en Ginebra. En la instancia representantes de gobiernos, organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil y corporaciones juveniles discutirán la elaboración de un Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño destinado a fortalecer el derecho a una educación pública y gratuita. En especial en los niveles inicial y secundario.
No irá solamente como una joven chilena. Hablará en nombre de Fe y Alegría Internacional, uno de los mayores movimientos de educación popular del mundo, presente en más de veinte países.
Y llevará consigo una historia que comenzó mucho antes de recibir la invitación.
A sus 27 años, Lisseth siente que los últimos meses han estado marcados por buenas noticias.
Primero obtuvo el título de Técnico en Turismo en Inacap Puente Alto. Luego llegó una invitación que jamás imaginó.
“Desde que terminé mis estudios de enseñanza media en el colegio Betania, me han pasado muchas cosas hermosas. Hace un mes me titulé de la carrera Técnico en Turismo en el Inacap de Puente Alto, un paso más hacia adelante en mis sueños y ahora este viaje que fue algo totalmente inesperado”, cuenta emocionada.
Para ella, viajar a Ginebra será mucho más que abordar un avión por primera vez rumbo a Europa. Será la posibilidad de sentarse en una mesa donde se debatirá el futuro de millones de niños, niñas y adolescentes cuyo derecho a la educación todavía no está plenamente garantizado.

Paulina Andrés, directora ejecutiva subrogante de Hogar de Cristo, toma la selfie junto a Lisseth Inga y Patricio Lobo (primero a la derecha).
Allí compartirá escenario con autoridades, expertos y representantes de distintos países, pero también con otro joven que, al igual que ella, fue elegido por su liderazgo: Kiweny Rosado Montero, sociólogo en formación y referente nacional de juventudes de Fe y Alegría República Dominicana.
Durante semanas ambos han sostenido reuniones de preparación junto al equipo internacional de Fe y Alegría, afinando los mensajes que llevarán hasta Naciones Unidas.
“Hemos estado conversando y tenemos muchas cosas en común”, comenta Lisseth.
No se trata de preparar un discurso solamente. También han profundizado en los temas que serán discutidos durante la reunión y en la manera de transmitir, desde sus propias experiencias, por qué la educación cambia vidas.
La invitación a Ginebra fue el resultado de un proceso de liderazgo que Lisseth ha construido durante años, incluso después de titularse en el Colegio Betania.
Al terminar cuarto medio se integró a la Red de Egresados de Súmate, espacio donde comenzó a participar voluntariamente en distintas actividades. Con el tiempo asumió nuevas responsabilidades hasta convertirse en presidenta de la Red.

Lisseth fue presidenta de la Red Suma y Sigue que aúna a los egresados de las escuelas de Súmate.
Ese compromiso llamó la atención de Fe y Alegría Internacional.
Desde hace un año participa en la iniciativa Juventudes, una instancia que reúne a jóvenes de distintos países para reflexionar sobre participación, derechos y ciudadanía.
Cada sábado se conecta con representantes de América Latina para intercambiar experiencias, planificar acciones y construir propuestas comunes.
Fue precisamente esa participación permanente, activa y comprometida la que hizo que la Federación Internacional la escogiera entre decenas de jóvenes para representar a todo el movimiento junto a Kiweny Rosado.
Detrás del viaje de Lisseth a Ginebra hay muchas horas de conversación, reflexión y trabajo colectivo. No fue una postulación ni un concurso. Fue el reconocimiento a una joven que, durante meses, demostró con hechos que quería seguir participando y aportando para que otros no vivieran las mismas dificultades que ella enfrentó para terminar sus estudios.
Carola Gana, directora de la Fundación Súmate, señala: “Emociona especialmente que sea una egresada de nuestras escuelas quien hoy lleve esa experiencia hasta Naciones Unidas. No hablará solo de su historia. Hablará de un derecho que todavía millones de niños y jóvenes ven interrumpido. Y recordará que las políticas públicas son más sólidas cuando incorporan la voz de quienes conocen esa realidad desde la experiencia”.
Para la directora, hay un simbolismo que no deja de conmover: “José María Vélaz, fundador de Fe y Alegría, soñó hace casi setenta años con “una escuela donde termina el asfalto”, una escuela capaz de llegar a quienes el resto del sistema dejaba atrás. Ese sueño cruzó fronteras, llegó a Chile y hoy sigue vivo en cada estudiante que encuentra una nueva oportunidad para aprender”, agrega.

Lisseth ha participado en charlas y seminarios, siempre dando su testimonio desde Fundación Súmate.
Patricio Lobo, coordinador de Gestión de Comunidad de Hogar de Cristo y representante de la Iniciativa Juventudes de Chile ante la Federación Internacional de Fe y Alegría, ha acompañado ese proceso desde sus inicios.
Explica que la elección de Lisseth responde a un trabajo sostenido y no a una decisión circunstancial.
“Fui profesor en Súmate y participé en la formación de la Red de Egresados. Recuerdo que invité a Lisseth a formar parte y de inmediato me dijo que sí. Después, su compromiso la llevó a asumir la presidencia de esa red”.
Para él la participación de Lisseth en Ginebra “es el resultado también de un proceso de formación y liderazgo que ha desarrollado durante todo el año en la iniciativa Juventudes de la Federación Internacional de Fe y Alegría”.
Ese trabajo permanente hizo que la Federación Internacional pusiera sus ojos en ella.
Desde su propia historia, Lisseth expondrá cómo un proceso de reingreso educativo puede cambiar el rumbo de una persona, pero también insistirá en que ningún niño o joven debería quedar fuera de la escuela por razones económicas, familiares o sociales.
Ese será el mensaje que llevará desde Fundación Súmate y Hogar de Cristo a uno de los espacios de diálogo internacional más importantes sobre derechos de la niñez.
Porque, como ella misma ha aprendido, una oportunidad educativa no transforma solo una vida. Puede cambiar también la de quienes vienen detrás.
Mientras se prepara para viajar a Ginebra, Lisseth también sigue construyendo su futuro. Hace apenas un mes obtuvo el título de Técnico en Turismo en Inacap Puente Alto, postula para cumplir su sueño de convertirse en auxiliar de vuelo y apoya el emprendimiento familiar de banquetería.
Pero hoy su mayor desafío será representar a miles de jóvenes que, como ella, encontraron en la educación una segunda oportunidad.

“Para mi familia, tanto en Chile como en Perú, es un orgullo grande esto que me ha pasado. No solo el haberme titulado sino ahora ser la portadora de las voces que quieren una educación digna y, especialmente, que se respete el derecho a la educación, de manera que cuando un joven enfrenta problemas, el Estado le ayude y no le ponga tantos obstáculos”, afirma.
Su intervención en Naciones Unidas pondrá el foco en el derecho al aprendizaje, la continuidad de los estudios y la necesidad de que ningún niño, niña o joven quede excluido del sistema educativo.
Para Lisseth, este viaje también tiene un significado personal.
“Este viaje es importante para mí, no solo porque será la primera vez que cruce el océano Atlántico, sino porque es una oportunidad de luchar por aquellos que vienen detrás de mí, para que tengan mejores opciones a las que yo pude tener”, dice.
En Ginebra no hablará solo por ella. Llevará la experiencia de quienes encontraron en una escuela de reingreso la posibilidad de cambiar su historia y demostrará que, cuando existen oportunidades reales, los sueños también pueden cruzar fronteras.