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José Tomás Vicuña: “Cada duelo es el peor de todos”

El exsacerdote jesuita al que le tocó liderar el SJM en momentos en que la migración se multiplicaba en Chile, creó el método DUELAR para acompañar las pérdidas. “El duelo no tiene fecha de nacimiento”, dice. Su apuesta es aprender a integrar la muerte de un ser querido y recuperar el futuro que se siente perdido. Ahora está por lanzar un libro sobre cómo hacer algo tan difícil que ja generado gran interés.
Por Ximena Torres Cautivo
Octubre 3, 2026

La muerte: no hay tema que abordemos peor. O peor aún, que no abordemos, porque no sabemos cómo hacerlo. Lo eludimos, lo minimizamos, lo dulcificamos, lo llenamos de eufemismos y frases hechas.

El exsacerdote jesuita José Tomás Vicuña (44) hace todo lo contrario.

Quizás porque ha tenido pérdidas, duelos, donde el “colgar la sotana” es uno relevante, lo mismo que la separación de sus padres, hoy está convertido en un competente coach para acompañar a toda suerte de deudos en su dolor.

Este 17 de octubre presentará “Sobrevivir el duelo. Un camino para integrar la pérdida y reencontrar el sentido”, libro que recoge el método que ha desarrollado para asumir ese complejo trance. Duelar es el nombre de método. Verbo inventado y acrónimo al mismo tiempo, donde cada letra esconde una clave: D es describir la pérdida. U, ubicar las emociones y poder reconocerlas. E, explorar alternativas. L, liberar los juicios. Y R, ritualizar.

Sencillo y pedagógico al leerlo, pero complejo y durísimo en su aplicación cotidiana, que es lo que José Tomás, el “Chumi”, post dejar los hábitos, ha emprendido para ayudar a los que lo sufren con muy buenos resultados.

José Tomás Vicuña, el Chumi, estuvo en Ojos que sí ven, el programa que hacemos en Cooperativa. Y parafraseó el nombre del espacio para explicar su quehacer: “Lo mío sería Orejas que sí escuchan”.

En su libro escribe: “He dedicado los últimos 20 años de mi vida a escuchar personas y a trabajar con ellas, buscando aliviar el dolor de aquellos que viven en contexto de pobreza, quienes padecen un dolor social, como suelo llamarlo, pero también me ha tocado acompañar el dolor humano, aquel que no distingue clase social, edad o profesión y que vive cada persona en su vida cotidiana”.

En “Ojos que sí ven”, el programa que hacemos en radio Cooperativa cada sábado por la mañana, parte respondiendo así.

-Gracias por la invitación a estos Ojos que sí ven, porque estamos emparentados. A mí me toca Orejas que sí escuchan, porque eso es lo que me he dedicado a hacer toda mi vida profesional y sacerdotal. Qué importante es sentirnos escuchados en este tema que es universal, porque lamento decirlo aquí y ahora: nosotros y todos los que nos están escuchando nos vamos a morir. Vamos a enfrentar la muerte y hay que saber hacerlo.

Un primer consejo que aparece rápidamente es la importancia de no soltar. Todo lo contrario de lo que solemos escuchar. El Chumi afirma: “El amor no se suelta”.

EL DUELO NO TIENE FECHA DE NACIMIENTO

José Tomás Vicuña Undurraga es el hijo menor de una familia que para él parecía perfecta, pero que terminó en divorcio. Su papá es un destacado científico -doctor en biología molecular- y su mamá una competente profesional de las finanzas. Ese quiebre fue su primera gran pérdida.

Después encontró en la Compañía de Jesús y en la inspiración del jesuita Pablo Walker su lugar en el mundo. Era ingeniero comercial, estudió teología y terminó convertido en el director ejecutivo del Servicio Jesuita al Migrante, quizás en la etapa más álgida del fenómeno migratorio. Ahí, en el SJM, conoció a su mujer. Michelle Viques es psicóloga costarricense y asumió la dirección social de la fundación. La entrevistamos en 2020. En 2021, José Tomás y Michelle se casaron, después de que él se le declaró comiendo una chorrillana, una de las cosas que ella encuentra, junto con el metro, “lo mejor de Chile”.

Dejar el sacerdocio representó para el Chumi, otro duelo, que fue enriqueciendo su sensibilidad frente al tema.

 —Para la gente que está escuchando, ¿qué es esto de “duelar”?

—Yo he acompañado el dolor toda mi vida. Hay dolores que pasan: perdí un trabajo, una enfermedad, distintos tipos de dolor. Pero el duelo no tiene fecha de nacimiento. Lo que no quiere decir que voy a estar mal el resto de la vida, sino que quiero estar mejor y puedo integrar esta pérdida. Hablaba con una persona que me dijo: “Quiero superar esto”. Le respondí: “¿Segura que quieres superarlo?”. Ella lo pensó y dijo: “Bueno, no, en verdad no lo quiero dejar atrás. Quiero aprender a llevarlo”. Y ahí fuimos viendo el proceso del acompañamiento.

En 2021 dejó la Compañía de Jesús a la que agradece su enorme aprendizaje viviendo la pobreza, el dolor social, afirma.

Desde su experiencia, “el duelo es movimiento: días buenos, días malos, distintas emociones. Por eso le puse un verbo para nombrarlo. En inglés está grieving, pero en español no existe algo así. Además, le quise poner un enfoque, porque el duelo no tiene cinco etapas. No es lineal”.

Y no se reduce a una persona. “Cuando muere la mamá, el papá, la pareja, cambia el mundo.

Entonces hay muchas pérdidas: no solo perdí a una persona, también me perdí algo mío. Cuando muere alguien, también muere una parte de uno”.

El Chumi insiste en el significado del acrónimo DUELAR. Y se detiene en la R, la letra final.

—La R es ritualizar. Los ritos, finalmente —soy aprendiz de ritos desde de mi época de sacerdote—, nos ayudan a transformar momentos. Yo el hecho no lo puedo cambiar: murió alguien. Pero sí puedo preguntarme cómo transformar los vínculos. He trabajado muchos ritos distintos. Hay de todo: personas que han hecho libros con fotos, con videos, con códigos QR; mamás que se ponen la ropa del hijo o el perfume del marido. Entonces, bueno, la pregunta es ¿qué ritos me pueden ayudar?

HERRAMIENTAS PARA ATRAVESAR EL DOLOR

El método no se limita a una sesión de acompañamiento. El coach ha ido construyendo un programa con distintas herramientas: sesiones individuales, talleres grupales, un manual, videos, un curso y un grupo de WhatsApp en el que él comparte contenidos. La idea, explica, es que el duelo no aparece una vez a la semana o cada dos semanas, cuando se va a una terapia. Está presente siempre. No descansa entre una sesión y la otra.

—¿Esto es accesible para cualquiera? Porque te quería preguntar justamente eso. ¿Es distinto el dolor de los pobres, el duelo de los pobres, al de las personas que tienen recursos?

—Yo tengo personas de muy distintas situaciones socioeconómicas, de distintos países, edades y pérdidas. Como es un programa, también es modular. Hay personas que están solo en los talleres grupales. Yo, en la medida que pueda, acojo a la persona, pero siempre cobro algo. Le digo: “Dime cuál es tu presupuesto y yo veo cómo te puedo ayudar de la mejor forma”. Por otro lado, cuando hay más sesiones uno a uno, videos, manuales, voy jugando con los módulos. Y subo mucho contenido gratis a YouTube y a Instagram, con herramientas bien prácticas. Ahora también está el libro.

—Tú conociste la pobreza por tu tarea de sacerdote, ese dolor social, como lo llamas. La gente que vive en pobreza, que vive sobreviviendo, ¿puede permitirse el lujo de sobrevivir al duelo bien?

—Ayudo a personas que viven en campamentos y a gente que viaja por el mundo a todo trapo. Como digo en el libro, el duelo es un dolor humano que no distingue clase social, edad o profesión y cada persona experimenta de manera distinta. El dolor no está supeditado a si tengo más o menos plata. La exigencia y la urgencia de sobrevivir no hacen que una pérdida se asuma más rápidamente o se deje pasar.

Hace notar que en estas circunstancias lo primordial es la red de apoyo, ya sea familiar o más amplia, y también las propias creencias sobre el duelo. En su texto insiste sobre la imposición de que al año hay que estar bien, por ejemplo. “Una exigencia cultural que no sé quién la puso. Todas las personas queremos estar mejor. En mi experiencia, todas buscan ayuda. Los recursos están. Hoy, con las redes sociales, uno puede acceder a muchas herramientas de manera gratuita y buenos recursos. El punto es con qué mentalidad quiero llevar este dolor”.

Este 17 de octubre será el lanzamiento del libro que ya está en librerías y que ha generado enorme interés. “Sobrevivir el duelo” es el título.

—¿Te refieres a las creencias? ¿A lo religioso o espiritual?

—Sí. Si uno generaliza, podría suponer que una persona de situación socioeconómica media alta podría ser más religiosa, podría ser católica. Y, a veces, el catolicismo podría tapar el dolor. “Tranquila, esto es el plan de Dios”. Pero ¿cómo va a ser el plan de Dios que se muere un hijo? ¿Cómo va a ser esa la voluntad de Dios? “Ahora tienes un angelito en el cielo”, le dicen a una mamá que lo único que quiere es tener a su hijo acá en la tierra. Entonces y paradójicamente, teniendo los recursos para poder acceder a un acompañamiento, esa persona podría tener ciertas creencias que le impidan procesar el dolor.

LAS PÉRDIDAS DEL CHUMI

—Me llama la atención que te hayas abocado a este tema. fuiste jesuita, director ejecutivo del Servicio Jesuita al Migrante en un momento muy complejo y después colgaste la sotana. Esos son duelos también. ¿Te llevaron esos dolores a convertirte en coach para acompañar el dolor de la muerte?

—Yo dejé el sacerdocio en enero de 2021. Después trabajé en una consultora de recursos humanos, me casé y trabajé en el Ministerio de Desarrollo Social. O sea, seguí ligado siempre al mundo de la pobreza. En el Ministerio de Desarrollo Social hice grandes amistades, pero también me di cuenta de dos cosas. La política no es lo mío. Ahí sí que sufro. No, eso no era lo mío. Por otro lado, quería volver a acompañar uno a uno, que era algo que no me tocaba, porque yo gestionaba proyectos sociales.

Siempre se sintió cómodo acompañando el dolor. Usando una frase fúnebre y antigua, “ayudando a sentir”.

—La gente generalmente se acerca porque perdió algo. Perdió un sueño, perdió una casa. Yo trabajé mucho en campamentos, estuve 15 años apoyando a población migrante. En psicología hay una gran rama que es el duelo migratorio, porque quien migra pierde mucho: estatus, relaciones, comida, clima, amistades, costumbres, referentes, familia. Yo empecé por ahí. Dije: “Claro, acá están los duelos”. Desde esa perspectiva amplia, fui avanzando.

José Tomás Vicuña, coach para abordar la pérdida, es un agradecido. “Soy quién soy por mi familia, por los jesuitas y por quienes he acompañado. O sea, yo soy gracias a otros”.

Cita a sus muertos más queridos: su padrino y el nieto de su padrino, que partieron con una semana de diferencia. “Lloré mucho, lo pasé mal. Y ahí también vi algo que lo certifico hasta el día de hoy: los duelos están dados por el vínculo, no por el parentesco”.

Hoy considera que la muerte es “el dolor más profundo, más humano, más universal”. Y hace una referencia demográfica:

—En Chile, en 2028 va a haber más muertes que nacimientos. No significa que vaya a morir más gente que antes, pero sí va a haber más muertes que nacimientos. Y esto es un tema tan universal que hay que hablarlo, hay que acompañarlo, porque la cantidad de gente que sufre en silencio sus duelos es muy grande.

 

“CADA DUELO ES EL PEOR DE TODOS”

—¿Estás contento con lo que estás haciendo? ¿Te proyectas en esto?

—Sí, creo que es muy necesario. Yo cambié de lugar, pero no de vocación. Mi vocación sigue siendo acompañar y aliviar el dolor humano. Mucha gente se acerca a mí justamente porque no soy psicólogo. Porque dicen: “Yo quiero algo más espiritual. Yo no quiero pastillas”. Yo no tengo nada contra las pastillas. Hay gente a la que le ayudan y hay gente que no las quiere. Yo jamás le voy a decir a alguien que no tome una pastilla, porque no soy médico ni hago  diagnósticos. No me voy a ir a su infancia, porque la gente no quiere irse a su infancia; quiere tener un futuro.

El Chumi es bueno para inventar conceptos —DUELAR— y para reacomodar las palabras. Lo hace con vulnerabilidad y la separa y le agrega una letra muda pero elocuente: vulner-habilidad.

—Explícame el concepto.

—Esta semana, una mujer que ingresó al programa me dijo: “Le tengo susto a la vulnerabilidad, Me cuesta ser vulnerable”. Llevábamos media hora conversando y le dije aue ella había sido vulnerable conmigo, porque se había mostrado. La vulnerabilidad es la capacidad de mostrarse como uno es. Las personas en duelo sufren porque no pueden mostrar cómo están, porque se les exige estar de determinada forma.

La vulner-habilidad es la habilidad de mostrarse tal cual uno es y se siente. Y eso en un proceso de duelo absolutamente positivo, dice José Tomás, quien se gratifica contando que en sus sesiones las personas declaran: “Acá puedo llorar, puedo estar tal cual, porque tú no me juzgas”.

—¿Cuál ha sido la historia que quieras compartir con nosotros que más te ha conmovido?

—Yo tengo una respuesta clara para esa pregunta: todos los duelos son distintos, pero cada duelo es el peor. Hay hechos muy duros que me ha tocado ver, sobre todo muertes inesperadas: suicidios, accidentes, muertes anticipadas por enfermedades fulminantes, pero para quien vive el duelo es suyo siempre será el peor.

Al Chumi la historia que finalmente más lo conmueve es la de la persona que logra integrar la pérdida y reencontrar el sentido a la vida. “Que consigue seguir viviendo integrando la muerte de su ser querido, porque las personas vienen a DUELAR a recuperar el futuro que a causa de esa muerte sintieron perdido”.