¿Qué necesita una persona que vive en la calle cuando las temperaturas bajan a niveles extremos? ¿Cómo protegerse del frío, resguardar las pertenencias o facilitar el acceso a una ruta de atención? ¿Y qué soluciones hay para amainar los efectos del calor extremo?
Esas fueron algunas de las preguntas que movilizaron durante este año a más de 100 estudiantes de segundo año de Diseño de la Pontificia Universidad Católica, en el marco del Taller de Diseño Integral, una experiencia académica que, junto a Hogar de Cristo, aborda desde 2024 distintas problemáticas vinculadas a la vida en calle.
La iniciativa, bautizada simbólicamente como “Taller Calle”, busca que el diseño no se limite a resolver problemas desde una sala de clases, sino que se encuentre con las personas y sus experiencias. Durante los tres años de trabajo conjunto, los estudiantes han abordado temas como género, privacidad, emergencia y las distintas formas en que las personas en situación de calle habitan y sobreviven en el espacio público.

Este año, el taller de Diseño Integral de la Universidad Católica se enfocó en el Código Azul y Alerta Roja. Frío y calor para quienes viven en situación de calle.
Este 2026, el desafío estuvo puesto en dos situaciones especialmente críticas: el Código Azul, asociado a condiciones de frío extremo, y la Alerta Roja, implementada ante episodios de calor extremo. Frente a estos escenarios, los estudiantes debieron detectar necesidades y oportunidades y, desde ahí, desarrollar propuestas concretas.
La experiencia fue desarrollada por el equipo docente integrado por Francisco Rebolledo, Zinnia Silva, Álvaro Hinojosa, Patricia Campos, Gabriela Sandoval y Javier Carrasco.
“Nosotros siempre le ponemos desafío y cuando trabajamos con el Hogar de Cristo desde el inicio, les decimos: ‘Éste es un taller de diseño integral’. Por tanto, no necesitamos, por ejemplo, que nos diseñen una campaña de comunicación”, explica Álvaro Hinojosa, diseñador industrial, magíster en Diseño Avanzado de la Escuela de Diseño UC y uno de los docentes del taller.
Cada grupo escogió un problema específico y desarrolló una solución desde el diseño. El resultado fue una diversidad de prototipos que incluyen productos, servicios y sistemas: propuestas para mejorar la implementación de la Alerta Roja, soluciones vinculadas al abrigo y la comunicación de las Rutas Calle, además de nuevas formas de reutilizar ropa para crear indumentaria destinada a enfrentar el frío.
Cada propuesta nació del contacto directo con personas en situación de calle. “Los estudiantes salieron a la calle y les preguntaron qué era lo que más necesitaban. Unos decían: tráiganme una chaqueta, un gorro, un guante’”, relata el académico.
Para Hinojosa, uno de los principales aprendizajes del proceso ocurre justamente cuando el usuario deja de ser una categoría abstracta y se convierte en una persona con nombre, historia y vínculo. “Muchos de los grupos terminan muy comprometidos con su propio proyecto y algunos formando lazos con las mismas personas que ayudan”, dice.

Prototipos elaborador por los estudiantes del “Taller Calle”, como bautizaron al curso de Diseño Integral de la Universidad Católica
Milenko Ávalos, arquitecto de Hogar de Cristo, quien ha estado presente en estos tres años de convenio con la Escuela de Diseño de la UC, destaca que lo social también se aborde desde el diseño.
Dice: “Estos desafíos no pertenecen a una disciplina en particular. Interpelan al diseño, a las ciencias sociales, a las políticas públicas y, en definitiva, a cualquiera que busque comprender la realidad humana”.
Este año, agrega Ávalos, el foco en el Código Azul y la Alerta Roja llevó la reflexión a una necesidad esencial: proteger la vida.
“Este 2026, a través del Código Azul y la Alerta Roja, la reflexión se situó en uno de los aspectos más básicos de la existencia: la protección de la vida. Pero también permitió comprender que detrás de cada ruco, de cada solución improvisada y de cada forma de habitar el espacio público, existe mucho más que precariedad. Existe ingenio, capacidad de adaptación, conocimiento del entorno y una permanente búsqueda de protección frente a condiciones extremas. Y, por sobre todo, existe una persona.”
Por otra parte, para Carmen Gloria Nievas, subdirectora de Alianzas y Compromiso Público de Hogar de Cristo, el valor de esta alianza con la universidad va más allá de los resultados concretos de los prototipos. El objetivo también es que los futuros profesionales modifiquen su manera de mirar la pobreza y la exclusión.

Los jóvenes salieron a la calle y conocieron de primera fuente la realidad de las personas que viven a la intemperie.
“Nos vinculamos con las universidades porque queremos que ellos cambien su mirada con respecto a la pobreza. Estas modalidades A+S son maravillosas, porque aprenden vinculándose con la realidad y no solo aplican la técnica y el diseño, sino que comprenden una realidad que para ellos es muy distante u oculta.”
La experiencia, dice, busca que los estudiantes puedan mostrar no solo aquello que diseñaron, sino también aquello que les ocurrió durante el proceso. “Entonces nuestro objetivo es transformar la mirada mientras aprenden… y se logra. Escuchar cómo les cambió la mirada es maravilloso”.
Los prototipos desarrollados por los estudiantes serán presentados en una exposición abierta al público entre el 25 y 28 de agosto. Estarán en el hall del Centro de Innovación de la Universidad Católica, en San Joaquín.
La muestra permitirá conocer las soluciones diseñadas frente a los desafíos del Código Azul y la Alerta Roja, pero también acercarse al proceso que hubo detrás de cada propuesta: la investigación, el contacto con personas en situación de calle, la identificación de necesidades y el ejercicio de diseñar desde una realidad concreta.
