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Felipe Muñoz: “Cuando a todo le llamamos crimen organizado, nada es crimen organizado”

El alcalde de Estación Central dice que se sacó el número premiado: su comuna tiene muchos de los estigmas vinculados a los grandes problemas sociales en boga: migración irregular, usura inmobiliaria, comercio irregular, personas en situación de calle y presencia de bandas criminales. En medio de esa compleja mezcla, ¿hay cohesión y sentido de comunidad en sus barrios, entre sus vecinos? De eso conversamos con un alcaldesociólogo que no cae en recursos populistas y que exige seriedad para hablar de ciertas cosas.
Por Ximena Torres Cautivo
Septiembre 9, 2026

Está buenmozo el alcalde, dicen las vecinas. Ha adelgazado. Ha sido papá por tercera vez. De Adela. Y ha aprendido a hablar golpeado y a apelar también al humor y a la ironía. Así lo hace como presentador del libro “Cartografía Social de Chile 2025”, que fue lanzado hace unas semanas en la Universidad Alberto Hurtado. “Sé que vengo en lugar del alcalde que escribió el prólogo, que aquí soy ‘El reemplazante’”, bromea el sociólogo Felipe Muñoz, alcalde relecto de Estación Central, aludiendo a Tomás Vodanovic, de Maipú, prologuista de la publicación, junto a Carol Bown, alcaldesa de San Miguel.

Se presentó en la Casa Central de la Universidad Alberto Hurtado la segunda edición de la “Cartografía Social de Chile”. En la actividad, los alcaldes Felipe Muñoz, de Estación Central, y Carol Bown, de San Miguel, debatieron sobre convivencia social. AGENCIA BLACKOUT

Pero también habla en serio, fuerte y claro, cuando precisa, lo mismo que nos dijo en “Hora de Conversar”, respecto de la iniciativa de sancionar las “incivilidades” de las personas en situación de calle.

-Cuando a todo lo llamamos crimen organizado, nada es crimen organizado. Seamos serios. Justo cuando asistimos a la Cámara de Diputados para revisar este tema, muchos alcaldes con bastante ligereza decían que las personas en situación de calle eran parte del crimen organizado. En ese mismo momento, me llegó un video al WhatsApp donde estaban torturando a un comerciante de Estación Central. Cortándole la oreja, porque no había pagado “servicios de seguridad” a una banda que lo extorsionaba.

El hecho se dio en el sector de Toro Mazote, conocido como la “pequeña Caracas”, y revela cómo bandas derechamente criminales hacen nata en algunos territorios, intimidando a comerciantes y a la comunidad completa. “No hay que perder la seriedad para abordar estos temas. Lo que se requiere es inteligencia, serenidad y eficiencia”, dice quien hoy lidera el viejo Chuchunco.

—¿Cómo lo haces tú puntualmente con el tema de las personas en situación de calle?

-Nuestra comuna tiene una tradición de convivencia con personas en situación de calle a partir de la presencia del Hogar de Cristo en el corazón del territorio. Eso es algo de lo que nos sentimos orgullosos. También están los terminales de buses, donde hay duchas, baños, los que son ocupados por personas que circulan por el barrio o derechamente mendigan. Ahora, la situación de calle es un fenómeno que está cambiando. Nosotros distinguimos ocho tipologías distintas.

Dentro de esas distinciones hay un dramático factor común: “la patología dual”, dice Felipe Muñoz. “Son personas que tienen consumo problemático de droga y a la vez esquizofrenia o algún trastorno psiquiátrico complejo”.

El alcalde Felipe Muñoz con la plaza que está frente a la casa matriz del Hogar de Cristo y donde muchas veces descansan parte de los 600 hombres y mujeres en situación de calle que contabilizan en la comuna.

Alude a las performances en redes sociales de algunas autoridades intimidando a quienes viven en la calle, que pueden ser “mediáticamente bombásticas, pero que no apuntan al problema de fondo, la salud mental”. Reconoce que en su comuna también desalojan rucos, que gastan mucho en eso y que el resultado es inútil, porque las personas sólo se cambian de lugar.

-Los vecinos no quieren tener a una persona en situación de calle fuera de su casa. Uno eso lo entiende. Hay suciedad, personas que muchas veces tienen relaciones sexuales en la calle, que orinan y defecan en la vereda. Eso naturalmente despierta rechazo. Y nosotros debemos hacer esas operaciones de despeje, aunque sabemos que frente a un fenómeno tan complejo se requiere de una intervención distinta.

—Como municipio, ¿abordan de alguna manera la salud mental de estas personas?

En Estación Central hay unas 600 personas en situación de calle y nosotros en nuestro albergue municipal tenemos capacidad para 50 personas. Ahí intentamos hacer el trabajo largo de re vinculación con las familias, con las redes de salud, con la desintoxicación, pero no es fácil. No siempre se logra.

LA QUINTA OLA DE MIGRANTES

—¿Qué pasa con los vecinos cuando una comuna está muy asociada a delitos, a comercio informal, a usura inmobiliaria, que son algunos de los problemas de Estación Central?

Muchas veces cuando uno solicita intervenciones policiales, el caso termina convertido en una intervención mediática que no ayuda nada. Sólo estigmatiza. Nosotros de ser la comuna del transporte, con una estación de trenes, cuatro terminales de buses, varias estaciones de metro, una tremenda conectividad que nos enorgullece, pasamos a generar el interés de las inmobiliarias. Hoy contamos con más de 100 torres de departamentos masivas.

—Los tristemente célebres guetos verticales…

—Esa es una forma de denominarlos que produce estigmatización. De estas torres, el 70% corresponde a inversionistas; solo el 30% son propietarios. Eso lo denunciamos con las organizaciones sociales de nuestra comuna hace años, cuando yo era concejal, porque veíamos cómo iba avanzando esta situación, asociada además al fenómeno migrante.

El alcalde reveló la gravedad de las acciones del crimen organizado en su comuna contando sobre un video que le llegó a su WhatsApp. 
AGENCIA BLACKOUT

La migración es uno de los fenómenos que más ha tensionado a Estación Central en los últimos años.

—Estamos ya como en una quinta oleada migratoria —explica—. Los migrantes que llegaron primero a Chile, que lo hicieron con visa para profesionales, llegaron también con un pequeño capital. Esa gente ya no está viviendo en Estación Central; directamente se está yendo a comunas de alta renta.

La quinta oleada, dice, es otra cosa. Son personas que han llegado al país por pasos inhabilitados, que muchas veces no tienen RUT ni Registro Social de Hogares y que, por lo tanto, no son sujetos de política pública. “Ellos tienen que hacer toda su vida social en la calle, porque estos departamentos son muy pequeños”.

Habla de viviendas de 17, 21 o 24 metros cuadrados donde llegan a vivir hasta cinco o seis personas. Colocan colchones para dormir y el resto de la vida transcurre afuera. Comen en la calle, tienen carritos de comida. Cuando quieren conversar o socializar, lo hacen en la calle, tomando una cerveza, mientras los niños juegan, ponen música. Y eso va generando una situación bien compleja con los vecinos más antiguos. Hay un shock cultural evidente.

—¿Eso cohesiona o separa?

—Eso separa —responde, tajante.

La consecuencia es una distancia creciente entre vecinos antiguos y nuevos, acompañada de hastío y la sensación de estar frente a “un otro”. Así, el municipio ha debido destinar recursos para algo tan básico como enseñar normas de convivencia.

—Por ejemplo, para extraer la basura. En algunos sectores de la comuna, en el casco histórico, el servicio pasa todos los días, pero la basura hay que sacarla en la noche. Si la sacas durante el día, queda todo tirado en la calle. Parece algo básico, pero hay que explicarlo.

Lo hacen a través de capacitaciones y de un despliegue territorial que incluye la Oficina de Inmigrantes y la Oficina de Comunidades Verticales, dependiente del trabajo de organizaciones comunitarias, que permite entrar a los llamados megaedificios. “Ha sido muy bueno. Sin embargo, hay cosas que todavía nos cuestan. Por ejemplo, decirle al vecino nuevo, muchas veces migrante, que las motos no pueden andar por la vereda. O que el disco pare es para parar. Que cuando el semáforo está en rojo hay que detenerse”.

El asunto de fondo es quién y cómo ocupa el espacio público.

—No puedes ocuparlo como a ti se te ocurre, independiente de la necesidad que tengas. Es un espacio que nos corresponde a todos. No puedes ejercer cualquier tipo de comercio.

Reconoce que ahí la municipalidad libra una pelea cotidiana. Retiran carros de comida, despejan espacios y, muchas veces, esos mismos carros vuelven a aparecer. Entendemos la necesidad que ellos tienen. Pero nosotros también tenemos la obligación de mantener el espacio público despejado.

Agrega un elemento que complejiza aún más el problema: el crimen organizado. “Muchas veces estas personas terminan siendo captadas por el crimen organizado, que les pasa los carros, les dice dónde colocarse, les entrega la mercadería y, muchas veces, les brinda protección”.

PARTICIPACIÓN Y DEMOCRACIA

Hoy más de un tercio de los habitantes de Estación Central son migrantes, afirma el alcalde. La comuna tiene una larga tradición de recibir población extranjera. Hace unos 15 años, contaba con una importante colonia peruana, “la segunda más grande de toda la región. Son migrantes que ya están absolutamente consolidados, integrados dentro de nuestra comunidad. Sin embargo, hoy tenemos la colonia más grande de venezolanos de toda la Región Metropolitana”.

Son cerca de 28 mil, asegura. La población haitiana, que también llegó a ser muy significativa, ha disminuido, aunque sigue teniendo presencia en establecimientos educacionales de la comuna. Para Muñoz, trabajar con los migrantes es indispensable si se quiere hablar seriamente de cohesión social. Y advierte que no todas las comunidades enfrentan los mismos desafíos. “No es lo mismo integrar a un haitiano, por el tema del idioma, que integrar a un venezolano”.

Los venezolanos de esta quinta oleada son, mayoritariamente, mujeres. Y aquí aparece otro dato que le interesa destacar: las mujeres no solo tienen una presencia importante entre los migrantes, sino también en las organizaciones sociales de Estación Central. “En las organizaciones sociales de nuestra comuna, desde las pastorales sociales hasta las juntas de vecinos, la mayor cantidad de personas que colaboran y que forman parte de los equipos directivos son mujeres. Y, casualmente, quien asume la presidencia en la mayoría de los casos son hombres. Algo bien extraño”.

—Bien machista.

Se ríe.

—Pero las mujeres son gran parte de nuestras dirigentes. Son precisamente ellas las que se encargan de gestionar las cosas que van en beneficio de su territorio.

La alcaldesa de San Miguel, Carol Bown, prologuista de la “Cartografía Social de Chile 2025”, planteó que la cohesión social parecía fracturada, entre otras cosas, porque cada vez cuesta más encontrar personas dispuestas a asumir dirigencias y renovar las juntas de vecinos.

—¿Ves lo mismo en Estación Central?

Muñoz discrepa.

—Yo creo que no.

Durante la dictadura, dice, disminuyó fuertemente la dirigencia social y, después del retorno a la democracia, la organización comunitaria todavía era incipiente, incluso si se la compara con otros países de Latinoamérica, Norteamérica o Europa. “Existía el ánimo, pero no la capacidad de la gente de poder organizarse”. Hoy, sostiene, el fenómeno es diferente. La participación ciudadana se ha vuelto “altamente instrumental. La gente se organiza con un interés específico”. Las juntas de vecinos siguen siendo una suerte de “organización madre”, pero junto a ellas han proliferado comités de seguridad, clubes de adultos mayores, centros de madres, organizaciones laborales y otras agrupaciones.

—Las personas se van organizando conforme a intereses particulares. Eso hace aumentar la cantidad de organizaciones y para nosotros también es fundamental como modelo de trabajo desde la municipalidad.

La estrategia municipal ha sido modificar, incluso, la lógica de las subvenciones. En vez de hacer competir a las organizaciones por un fondo concursable, el municipio financia los proyectos que resulten admisibles.

—Eso estimula que las personas conversen. Pueden aumentar el monto conforme se van poniendo de acuerdo con otras organizaciones del sector. Nosotros necesitamos que haya diálogo, que la comunidad se ponga de acuerdo. Con esa acta, ellos presentan el proyecto a la municipalidad y tienen la certeza de que lo vamos a financiar. Pero tienen que conversar antes.

Ignacio Irarrázabal, uno de los autores de la Cartografía Social, advierte justamente que la existencia de muchas organizaciones de la sociedad civil no garantiza, por sí sola, una mayor participación ni una mayor cohesión social. ¿No ocurre algo de eso cuando cada grupo se organiza únicamente para conseguir un objetivo particular?

Muñoz concede el punto, pero insiste en la importancia de la participación ciudadana, especialmente desde los municipios.

La participación ciudadana, plantea, tiene dos dimensiones. Una es sustantiva: profundiza la democracia. La otra es instrumental: permite mejorar las políticas públicas.

—Cuando consultas a la comunidad y ellos te entregan ciertos insumos que muchas veces uno desde el escritorio no puede contemplar, hace que haya mayor conformidad respecto de lo que se va a implementar. También adquiere mayor legitimidad y tienes una política pública mejor hecha.

LARGO PLAZO CONTRA CORTOPLACISMO

—Hay temas que, sin duda, requieren políticas de Estado, como el de las personas en situación de calle. Eso significa que hay muchos que no se van a poder solucionar en cuatro años ni en ocho. Algunos requieren 20 años. En general, hay pocos alcaldes que van a trabajar para 20 años más. Veinte años más ya no va a ser alcalde.

El problema, sostiene, es que la política tiende al cortoplacismo.

—Las políticas que se realizan son muy cortoplacistas, con el ánimo de poder ir cortando cintas rápidamente. Hay gestiones que se demoran muchos años, pero se empieza a hacer todo de manera muy rápida para poder tener cosas que mostrar.

También entiende la impaciencia ciudadana. La gente quiere resultados y los quiere ahora. Lo mismo ocurre, dice, con los gobiernos que llegan con grandes expectativas para resolver problemas como la migración o la delincuencia. Pero las señales comunicacionales no reemplazan las políticas de fondo.

—No porque vayas tres días con helicóptero y con presencia de un ministerio en un sector de la comuna significa que ya solucionaste el tema. Se necesita trabajo constante, planificado, con recursos. Claramente, no se soluciona en dos o tres meses.

Migración, seguridad, personas en situación de calle: todos requieren políticas de largo plazo, insiste. “Políticas que sean intensas, con planificación, que permitan que, independiente de la persona que llegue al gobierno y de los énfasis que vaya a poner cada uno, haya políticas que aborden los problemas más profundos”.

—¿Cuál es, entonces, la principal fractura que amenaza la cohesión social de Estación Central?

La particularidad de su comuna es que muchos de los problemas de convivencia tienen su origen en el enorme aumento de población y en la situación migratoria de personas que no pueden acceder al trabajo formal porque no cuentan con visa de trabajo. Y pone un ejemplo especialmente sensible: los jardines infantiles. Sostiene que existe una idea muy instalada, plantea, de que a los migrantes “se les da todo”. Pero eso no es así. “No se puede acceder a beneficios sociales si no se cuenta con Registro Social de Hogares y, si no tienes cédula de ciudadanía, no puedes tener Registro Social de Hogares”.

Sin embargo, para acceder a jardines infantiles opera otra lógica, asociada a los derechos de los niños.

Eso genera, en algunos casos, situaciones difíciles de administrar.

—Nos pasa muchas veces que hay mujeres migrantes que van cambiando de comuna, incluso se van del país, y quedan tomados los cupos. Y tampoco pueden trabajar formalmente. Tú tienes ahí a los niños ocupando esos cupos y a mujeres chilenas que no pueden trabajar porque no tienen el cupo porque está ocupado.

En algunos establecimientos, afirma, la matrícula de migrantes llega al 90%. “Evidentemente eso va generando una situación de fractura, una situación que se percibe como injusta”.

A eso se suma la inseguridad. Muñoz cree que buena parte de la gente ha dejado de participar en la vida comunitaria por temor. La percepción, sostiene, además se amplifica por los medios y las redes sociales, que muestran permanentemente homicidios, robos y hechos violentos ocurridos en distintos puntos de la Región Metropolitana y del país. “Pero,  aunque tú no lo creas, hemos ido bajando considerablemente los delitos de alta connotación pública.

El problema que todavía no logran contener son los “lanzazos” en sectores de alta concentración de personas. Lo trabajan con Carabineros y la PDI, además de cámaras de seguridad. “Los detenemos, salen nuevamente. Entonces hay un problema también que tiene que ver con Fiscalía.

—Pensemos positivo: vienen las Fiestas Patrias. ¿Pueden ser una oportunidad de cohesión social?

—Sí. Siempre es lindo el clima de las Fiestas Patrias. Nos podemos juntar, podemos pasarlo bien. Para el santiaguino las Fiestas Patrias tienen ese carácter. Ese es el día en que no importa si uno es de izquierda o de derecha, si es del Colo-Colo o de la U, si es mayor o chico. Realmente somos un solo país.

También los migrantes, dice, se han integrado rápidamente a las celebraciones y tradiciones dieciocheras. “Somos un solo país. Y eso es algo muy lindo que nos permite integrarnos, cohesionarnos y olvidarnos muchas veces de cómo está el clima”.

—¿Cuál clima?

—El clima político y el clima social. Ambos están un poquito tóxicos.