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Arturo Celedón: “Chile privatizó la crianza”

“Están naciendo menos niños: mejoremos el estándar”, plantea también el director ejecutivo de Fundación Colunga, quien advierte que Chile tiene una oportunidad inédita para invertir más y mejor en la primera infancia, pero sigue destinando menos del 3,2% del gasto público a esta etapa decisiva.
Por Ximena Torres Cautivo
Septiembre 26, 2026

Siete de cada 10 niños de 0 a 2 años no asisten a sala cuna o jardín infantil en Chile. ¿Es un problema de oferta, de acceso o de valoración de la sala cuna?

Con esa pregunta partimos la conversación con el psicólogo y máster en sociología Arturo Celedón (46), quien desde hace una década es el director ejecutivo de Fundación Colunga. Creada por la familia Cueto, fundadores de la empresa LATAM, la oenegé lleva el nombre del pueblo asturiano de donde provienen los ancestros de los Cueto. Y se ocupa del bienestar de la niñez en Chile y de empujar iniciativas que lo favorezcan.

Recientemente, Colunga presentó su informe “Agenda primera infancia”, que detalla brechas y propuestas para fortalecer las políticas públicas en Chile. Sobre la base de ese estudio, conversamos en el programa “Ojos que sí ven”, que hacemos en radio Cooperativa.

Como muchos entrevistados, Arturo Celedón, de Colunga, celebró el nombre del programa que hacemos en Cooperativa: Ojos que sí ven. Hay que ver a los niños en pobreza es su llamado.

Arturo Celedón parte señalando:

-Si en este momento uno tuviera que decir: “Le quiero regalar a Chile un salto adelante”, yo diría que el sistema de protección integral se amplíe y el país le pueda garantizar a cada niño una sala cuna y acceso a la educación parvularia. Hoy tenemos muchos menos niños que antes, sin embargo, siguen creciendo las listas de espera para salas cuna y jardines infantiles. Ahí hay una tarea gigantesca para el gobierno, para las autoridades que tenemos hoy.

-Es bien llamativo que haya tanta demanda, cuando por otro lado se habla de alta inasistencia y de familias, sobre todo en los estratos más populares, que no creen en los beneficios de la educación inicial.

-Post pandemia sucedió algo: la gente sintió que no pasaba nada si el niño se quedaba en la casa. Existe un problema cultural respecto de la importancia que le asignamos a esta etapa de aprendizaje. Creemos que los niños van a jugar al jardín. Entonces, que jueguen en el jardín infantil o en su casa, a las familias les parece es igual. Pero una cosa no tiene no tiene nada que ver con la otra.

NIÑOS DE PRIMERA Y DE SEGUNDA CLASE

Como psicólogo que es, Arturo Celedón hace notar que es en el jardín infantil donde los niños pequeños van a desarrollar sus habilidades sociales, estimular sus conexiones cerebrales, incrementar el lenguaje, aprender a superar la frustración… “Todo eso se produce en un contexto enriquecido, cuidado y desafiado por la interacción. En la casa puede que el niño esté más seguro, pero ciertamente va a estar menos estimulado”, concluye.

-Existe además un problema de organización de la oferta. A veces uno se topa con explicaciones del tipo: “Hay plazas disponibles en estos jardines, pero se ocupan dos veces”. Excusas administrativas absurdas, cuando lo concreto es que en Chile son 50.000 los niños que cuando van a buscar un jardín infantil, no encuentran cupo. Y el Estado les dice: “Haga la fila, espérese que se desocupe un espacio”. O te asignan un jardín a una distancia imposible de donde vives.

Es clave, sostiene, que se amplíe y organice de mejor manera la oferta.

El jardín Infantil San José es uno de los 35 que tiene Hogar de Cristo. Percibe una subvención por niño menor a los administrados por el Estado. ¿Qué explica esta injusta diferencia? AGENCIA BLACKOUT

Pero hay otro tema complejo, que el Hogar de Cristo, que cuenta y opera con 35 jardines infantiles y salas cuna instalados quirúrgicamente en sectores vulnerables a lo largo de Chile conoce y padece: el financiamiento desigual.

-A qué atribuyes que el Estado de Chile entregue mucho menor financiamiento por niño a los establecimientos que no son de Integra, que la red estatal financiada por la JUNJI.

-Esa es una inconsistencia enorme, porque, en el fondo, el Estado asigna un financiamiento distinto a aquellos jardines que son de él, a los que son ejecutados por la sociedad civil. Eso significa es que tenemos niños de primera y segunda categoría en Chile.

-¿A quién se le ocurrió hacer esa distinción? ¿Quién tuvo esa pésima ocurrencia?

-Alguien con un Excel que tenía que hacer cuadrar una cifra y ganarse el bono de rendimiento, seguramente. Que tenía exigencias laborales y no pensó en un niño de un sector vulnerable. El que hizo esa distinción no vio lo que estaba provocando, que, al final, es condenar a los niños con mayores niveles de vulnerabilidad y con más dificultades en la vida a recibir servicios peor financiados y, por lo tanto, de menor calidad.

Arturo Celedón precisa que esto no tiene que ver con la calidad de la ejecución de trabajo educativo, sino con el hecho objetivo de que son establecimientos que cuentan con menos plata por niño. “A mí me gustaría ver qué harían esos programas públicos con el financiamiento con que cuentan los jardines de las organizaciones de la sociedad civil”, desafía.

-Si el diagnóstico está tan claro, ¿por qué no se pone el cascabel al gato y se equiparan los presupuestos de los jardines de la sociedad civil a los de Integra?

-Estamos peleando fuertemente desde Colunga por eso. La Agenda de la Niñez tiene todo un capítulo dedicado a lo del financiamiento. Existe desde una red que se llama Educación Inicial 2030, que están haciendo un trabajo fenomenal para visibilizar esa injusticia, que contribuye a profundizar las desigualdades de cuna de este país. Hay que decirlo con nombre y apellido: esa es una decisión de política pública que debe corregirse.

NACEN MENOS NIÑOS, AHORREMOS EN AJUARES

La desigualdad que se impone desde la cuna no se queda solo en el dispar financiamiento de la crucial educación inicial. Hay números grandes aún más elocuentes.

-No existe ningún fundamento técnico que permita entender por qué dentro del presupuesto nacional la primera infancia, que representa poco más del 5% de la población del país, reciba menos del 3.2% del gasto público. La etapa que tenemos que apalancar, apoyar, ayudar a las familias es cuando están criando niños pequeños. Ahí hay que poner las fichas.

-“El futuro de los niños es hoy”, como decía por algo Gabriela Mistral. Hoy, no mañana.

-Gabriela Mistral también decía: “El único lujo que puede darse una sociedad decente es una infancia abundantemente servida”. Todo el resto es superfluo. Pero los niños no marchan, los niños no votan, los niños no se acuerdan de ese político que les dio sus recursos para el jardín infantil, entonces los incentivos están mal puestos y eso lo tenemos que transformar como sociedad completa.

Leer las historias de estas jóvenes mamás hace aún más luz sobre lo que describe el psicólogo Arturo Celedón de Colunga.

Si tuviera que poner tres prioridades sobre la mesa para el actual gobierno, Arturo Celedón no duda. La primera es terminar con la desigualdad en el financiamiento de la educación inicial. La segunda, ampliar la cobertura, sacando adelante de una vez la ley de sala cuna. Y la tercera, fortalecer las habilidades parentales.

“Las familias están muy estresadas, muy demandadas. Necesitamos generar apoyos económicos, subsidios, pero también acompañamiento a esas familias que están teniendo que criar en un contexto muy demandante”, plantea.

La baja natalidad abre además una oportunidad que Chile no debería leer como una posibilidad de recortar recursos, sino justo al revés. “Van a ser alrededor de 300 mil niños menos. Eso equivale casi a la población completa de la Región de Atacama. ¿Qué significa? Que tenemos la oportunidad de subir el estándar de las prestaciones”.

Este año, producto del recorte presupuestario, se redujo la cantidad de ajuares que reciben los recién nacidos. “No debería ser: ‘Están naciendo menos niños, puedo ahorrar en ajuares’. Debería ser: ‘Están naciendo menos niños, mejoremos el ajuar’”.

LOS NIÑOS NO SE CRÍAN SOLOS

-¿Cuánto cuesta no invertir hoy en estos niños y niñas?

El director ejecutivo advierte que Chile no tiene ese cálculo, pero sí existen estimaciones en otros países, como España y Estados Unidos, donde el costo de no intervenir en la primera infancia bordea el 5% del PIB.

En Chile, en cambio, bastaría con una política relativamente acotada para producir un cambio significativo. Si se tomara a todos los niños menores de cinco años que viven en situación de pobreza y se entregara a sus familias un subsidio capaz de sacarlas de esa condición, el costo sería del orden del 0,5% del PIB.

“Ni siquiera un punto del producto interno bruto. No es una gran inversión. Podemos hacerlo”, afirma. “Pero nos cuesta de cabeza, nos cuesta de bolsillo, nos cuesta de corazón y nos cuesta tomar estas conversaciones en serio”.

No existe político que no repita que hay que poner a los niños primeros en la fila, pero ya vimos cómo, por ejemplo, el gobierno pasado puso cantidades ingentes de plata en la educación superior y lo mínimo en la inicial.

Arturo Celedón cree que falta traducir esa frase de los niños primero en decisiones concretas.

-Hoy los niños que tenían ocho años cuando murió Lissette Villa tienen 18. Están postulando a la gratuidad. ¿Qué pasó con ellos? ¿Aprendieron a leer o, mejor, entienden lo que leen? ¿Tienen regulación de impulsos? ¿Han podido desarrollar una vida con propósito que se ponga al servicio de la sociedad? Si no es así, claramente, hemos perdido diez años.

El psicólogo describe claramente un logro que sí tenemos: “Chile cuenta con un sistema capaz de detectar tempranamente muchas de las dificultades que enfrentan los niños, pero no siempre logra responder a ellas. No hemos logrado la musculatura necesaria para desarrollar un sistema de respuesta”.

Según explica, el sistema consigue responder solo al 60% de las alertas, y cuando se trata de alertas psicosociales la cobertura es aún menor. El riesgo está en que una dificultad que no se atiende a tiempo se transforma en otra mayor. “Las alertas tienen que ver con un niño que dejó de ir al colegio, o que su papá cayó preso, o que no ha ido al control de niño sano. Tenemos el diagnóstico, pero no la solución”.

Para Celedón, resolverlo es, en buena medida, un asunto de gestión y financiamiento. También de coordinación entre los distintos organismos del Estado y de uso inteligente de la información.

Y de fondo, una convicción central: los niños no se crían solos y el bienestar de una infancia no puede ser considerado un asunto privado de la familia que la trae al mundo. No entenderlo así explica en gran parte la baja natalidad actual.

Chile ha terminado privatizando una responsabilidad que es colectiva. “Creemos que los problemas de los niños son responsabilidad de la familia que los tuvo, cuando es una responsabilidad y una labor colectiva”.