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Fernanda Padilla: Tres hijos pequeños y el sueño de un trabajo estable

Sin una red familiar que la apoye en la crianza, encontró en el jardín infantil y sala cuna Pilar Ruiseñor de Hogar de Cristo, en Rancagua, mucho más que un lugar donde dejar a sus tres hijos pequeños. El lugar es un apoyo fundamental para organizar su vida y buscar oportunidades para salir adelante. Por esa razón, ella aceptó gustosa ser parte de la campaña #Tequierover.
Por María Teresa Villafrade
Octubre 23, 2026

“Prácticamente tengo trillizos”, dice Fernanda Padilla Lizana (28), cuando habla de Christopher, de 4 años, y las mellizas Rose y Dasme, de 3. Con apenas un año de diferencia entre ellos, los tres requieren cuidados y atención permanentes. Fernanda terminó la enseñanza media y se tituló como técnico en educación parvularia, pero desde que fue mamá no ha podido acceder a un trabajo formal. No le faltan ganas de trabajar. Le falta algo esencial para hacerlo: una red familiar que la ayude con sus hijos.

Su esposo es maestro soldador y trabaja a tiempo completo. Ella debe ingeniárselas para generar ingresos sin descuidar la crianza. Por eso, encontrar un jardín infantil y sala cuna donde sus pequeños estuvieran bien cuidados era una necesidad urgente.

Hace tres años, cuando las mellizas todavía eran guaguas, conoció el jardín infantil y sala cuna Pilar Ruiseñor de Hogar de Cristo, en Rancagua. Aunque quedaba lejos de su casa, el lugar le transmitió confianza desde el primer momento.

Las mellizas Rose y Dasme llegaron de guaguas a la sala cuna del jardín infantil Pilar Ruiseñor. Hoy tienen tres años.

“Quería estar segura de que ellos pudieran adaptarse y el jardín me pareció hermoso, con mucho verde, árboles y súper familiar”, recuerda.

Fue a conocerlo con sus tres pequeños y quedó en lista de espera. Le dijeron que la llamarían si había un cupo disponible. La llamada llegó. Christopher ingresó a medio menor y las mellizas a sala cuna. La experiencia fue tan importante para la familia que, tiempo después, se mudaron a la población San Francisco para vivir cerca del establecimiento. 

ORGANIZAR HORARIOS

Para Fernanda, el Pilar Ruiseñor ha sido mucho más que un lugar seguro donde sus hijos pasan parte del día. El jardín le entrega la tranquilidad de saber que están en un entorno acogedor, acompañados mientras aprenden y se desarrollan. Ese respaldo también le permite organizar sus jornadas y buscar alternativas para aportar económicamente al hogar.

Su rutina, sin embargo, exige ingenio. Como los horarios de atención cambian durante la semana, Fernanda combina el comercio informal con trabajos de aseo en casas particulares. Ella debe ajustarse al horario del jardín: de lunes a miércoles de 8:30 a 16:30 horas, los jueves de 8:30 a 15:30 horas y los viernes, de 8:30 a 12:30 horas.

“Vendo ropa que voy a comprar a Santiago en las ferias de las pulgas. También hago aseo en casas particulares. Me las arreglo como mejor puedo”, cuenta.

Fernanda y sus mellizas Rose y Dasme, en el jardín infantil Pilar Ruiseñor de Hogar de Cristo en Rancagua.

Le gustaría conseguir un empleo estable, ganar más y ejercer una actividad que le permita aprovechar su formación. Pero para dar ese paso necesita una solución de cuidado compatible con las necesidades de sus hijos.

“Quisiera tener un trabajo estable para ganar más, pero yo no tengo apoyo familiar en la crianza más que el que me da el jardín”, explica.

Sus palabras reflejan una realidad que viven muchas madres: la dificultad de incorporarse al mundo laboral cuando no cuentan con familiares que puedan cuidar a sus niños. En ese escenario, el acceso a la educación parvularia cumple un papel decisivo. No solo favorece el aprendizaje y desarrollo de los pequeños; también entrega a sus familias un apoyo concreto para enfrentar el día a día.

UN ESPACIO DE CONFIANZA

Hoy Christopher ya ingresó a prekínder en un colegio, mientras Rose y Dasme continúan en el Pilar Ruiseñor.

Fernanda considera providencial haber encontrado este jardín de Hogar de Cristo, que se convirtió en un aliado en la crianza de sus tres hijos.

Para una mamá que debe resolver prácticamente sola las exigencias de la vida familiar, contar con un espacio de confianza hace una diferencia enorme. Le permite trabajar por cuenta propia, organizar sus tiempos y mantener vivo el anhelo de encontrar un empleo estable.

“Estoy muy contenta, porque puedo trabajar al menos dos mañanas a la semana de manera fija y cuidar de mis hijos y de mi casa”, concluye.

La experiencia de Fernanda muestra que el aporte de un jardín infantil va mucho más allá de sus salas y patios. Cuando ofrece educación, cuidado y confianza, también sostiene a las familias, abre posibilidades para las madres y contribuye a que niños y niñas crezcan en un entorno protegido y estimulante.