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Anne Traub: “Nada reemplaza el afecto de un adulto significativo”

La fundadora de Familias Primero sostiene que el futuro de un niño depende mucho más de la calidad de sus vínculos que de cualquier intervención pública. Por eso defiende fortalecer a las familias, ampliar el acceso a la educación inicial y reconstruir las redes comunitarias.
Por Ximena Torres Cautivo
Agosto 15, 2026

Tres millones 340 mil mujeres en Chile son jefas de hogar. Mujeres solas que crían a sus hijos como pueden. Haciendo equilibrismo con presupuestos estrechísimos. En porcentaje, esto representa casi la mitad de los hogares de Chile. Un 47.7%.

Los hijos de esas mujeres agobiadas por la sobrevivencia son los que preocupan a la abogada fundadora de Familias Primero, que originalmente se llamaba Niños Primero, Anne Traub Mödinger. Formada en el Ministerio de Desarrollo Social en los tiempos en que Felipe Kast era el ministro, hoy es la presidenta de la Asociación de Empresas Familiares. Una agrupación de 101 familias que practican la filantropía, movidas por el sentido social que domina a esta mujer rubia, menuda y empilada.

Lo primero que hace es celebrar el nombre del programa que sale al aire los sábados por la mañana en Cooperativa en alianza con el Hogar de Cristo. No es la primera en hacerlo. Pero quizás sea la más elocuente y entusiasta. Dice: “Quiero felicitarlos por el nombre del programa: “Ojos que Sí Ven. Creo que hoy más que nunca en Chile necesitamos abrir la mirada y tener los ojos muy abiertos. Me hace total sentido cómo le pusieron al espacio y estoy feliz de que me hayan invitado”.

Dicho eso, precisa que Familias Primero no promueve ni suscribe ningún modelo de familia específico. “No tenemos una definición de familia. Yendo bien al grano no estamos enmarcados ni por temas valóricos ni políticos. Hablamos de familia porque estamos convencidos que la existencia de al menos un referente emocional, uno que les propicie a los niños un colchón de afectos, que los haga volar lo más lejos que sus sueños los lleven, tiene que ver con que exista una persona. Una que les dé certezas, les dé amor, les raye la cancha”.

Anne Traub Mödinger es abogada, trabajó en el Ministerio de Desarrollo Social, luego creó Familias Primero y hoy es la primera mujer e presidir la Asociación de Empresas Familiares.

UN FUTURO ADULTO SANO

Y esa suele ser la mamá. Esa jefa de hogar superada y abrumada de la que hablábamos al inicio.

—Qué hace Familias Primero por esos niños y esas mamás.

—Nosotros nos dimos cuenta de que por más inversión que se haga sobre un niño, si no va acompañada del desarrollo de habilidades parentales para fortalecer lo más importante que necesitan los niños en los seis primeros años de vida, que son los vínculos, los afectos, no se llega a ninguna parte.

Habilidades “marentales”, digo yo, porque lo habitual es que sea una mamá sola la que se queda a cargo. Anne, que tiene gemelas, por su lado, afirma:

—No existe ninguna organización, ni Mejor Niñez, ni oenegé, ni municipio, que pueda dar el afecto necesario para que un niño sea la mejor versión de sí mismo al crecer que una madre, una buela, un padre. Una figura significativa en su crianza.

—Una mamá, en definitiva. Dado que la mitad de los hogares en Chile están liderados por una mujer.

—Sí. Y, ojo, que ese 47,7% es un promedio, porque si nos vamos a los dos primeros quintiles ese porcentaje es mucho mayor. En los dos primeros quintiles, donde se ubican los hogares más pobres y vulnerables, la mono parentalidad se dispara.

Anne, que sabe que es una privilegiada, describe la realidad de las madres a las que apoyan. “Esa mujer que se saca la cresta, que sale temprano y llega tarde a su casa del trabajo, porque se demora dos horas de ida y dos de vuelta, que está cansada y llega mal genio. A ella nosotros no le pedimos que sea buena madre, le inculcamos que ella es la primera educadora de sus hijos y la acompañamos en esa tarea”.

La intervención que hace Familias Primero dura un año completo. “Trabajamos juntos con ella y su hijo, instalando competencias parentales que se basan en la modelación. O sea, cada mamá con su hijo tiene una tutora y esa tutora es personalizada. Está disponible 24/7 para cualquier emergencia. Trabajamos con libros y juguetes con propósitos educativos, los que quedan de regalo para la familia”.

Simpática, extravertida, gran conversadora, Anne Traub es portovarina, aunque vive en Santiago. Mamá de gemelas, cree firmemente en la importancia de contar con “un colchón de afecto” en la infancia temprana.

—¿Qué efecto tienen esos encuentros?

—La tutora se conecta con madre e hijo y va haciendo cada vez más y mejores preguntas, por decirlo así. La mamá también se va motivando, porque ve que su niño despierta, que acepta límites, que la familia se va ordenando. Al final, todo es consecuencia de establecer hábitos, rutinas. Eso genera una paz, una calma que en esos ambientes estresados por la pobreza, es una bendición. Poner límites representa certezas, seguridades, preocupación, afecto.

Es el encuentro lo que salva. La construcción del vínculo. “La tutora modela, pero es el encuentro del niño con la madre lo que mejora la relación, la convivencia, la vida. También se ve qué habilidades desarrollar o reforzar en los niños: comunicación, motricidad gruesa o fina, habilidades sociales”.

—Pero lo principal es fortalecer la relación madre e hijo.

—Tal cual. Se produce un lugar de encuentro que es sagrado para ellos. Y ese espacio va generando a la larga una familia más fortalecida. Por eso que yo no defiendo un tipo de familia, sino el que un niño crezca apoyado por una o varias personas significativas que lo quieren, lo cuidan y lo protegen incondicionalmente. Ahí está la base de un futuro adulto sano.

HINCHA DE LA SALA CUNA Y EL JARDÍN

Para Anne Traub, la clave está en la parentalidad. “Puede ser una abuela, una tía o, en un contexto social más favorecido, incluso una nana. Lo importante es que exista una persona que entregue seguridad. Esa seguridad es la base para las trayectorias educativas y para el futuro”.

—También insistes mucho en la importancia de la educación inicial, la de la sala cuna y el jardín infantil…

—Sí. En Familias Primero, y también a título personal, estoy convencida de que la educación inicial es fundamental. Lo es por el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños; por su trayectoria educativa futura; por el fortalecimiento de las familias y también por las oportunidades que abre para las madres.

Anne cambia de sombrero y pasa de la intervención social a la política pública.

—Apoyo con fuerza el proyecto que busca reemplazar el artículo 203 del Código del Trabajo por un sistema universal de sala cuna. Hoy existe una enorme barrera para el empleo femenino. Cuando una empresa contrata, a partir de la vigésima trabajadora debe financiar la sala cuna. Al final, eso termina funcionando como un impuesto a la contratación de mujeres.

La consecuencia, afirma, es evidente.

—Tenemos una brecha importante entre el desempleo masculino y femenino, especialmente entre las mujeres jóvenes. Y en los sectores más vulnerables esto es todavía más grave. Ojalá todas pudieran generar sus propios ingresos, porque eso les da libertad, seguridad y la posibilidad de tomar decisiones sobre sus propias vidas.

No habla solo de autonomía económica.

—Cuando una mujer depende completamente de quien provee los recursos, pierde libertad. Si además está viviendo violencia o abuso emocional, esa dependencia la deja atrapada. Tener ingresos propios es un verdadero pasaporte a la libertad.

Jardín Infantil San José, perteneciente a Fundación Hogar de Cristo. Matricular, pero sobre todo llevar a los niños al jardín infantil es clave tanto para los niños como las madres de sectores vulnerables. AGENCIA BLACKOUT

En ese escenario, el jardín infantil cumple un papel mucho más amplio que el cuidado de los niños.

—Permite que la madre trabaje, pero además instala rutinas, favorece el desarrollo infantil y mejora las trayectorias educativas. No basta con matricular a los niños: hay que lograr que asistan de manera sistemática. La asistencia es un predictor muy importante de cómo les irá después en el colegio.

La pandemia, reconoce, dejó una huella profunda.

—Muchos padres terminaron pensando que no era tan necesario llevar a sus hijos al jardín. Según la encuesta CASEN, la mayoría de quienes no envían a sus hijos entre dos y tres años dice que no lo considera necesario o que están mejor cuidados en la casa.

Y ese es, a su juicio, una percepción errada.

—Después de los dos años existe evidencia de que asistir a un jardín infantil, especialmente en contextos vulnerables, favorece el desarrollo de los niños. Además, un ingreso adicional puede sacar a una familia de la pobreza. Por donde se mire, el beneficio es enorme.

Lo que aún falta, cree, es generar confianza.

—No basta con ofrecer un cupo. Muchas familias tienen dificultades con los traslados o no conocen realmente lo que ocurre dentro de un jardín. Hay que entender que no es una guardería: es un espacio donde los niños desarrollan sus capacidades y descubren los talentos con los que llegaron al mundo.

MADRES Y LÍDERES VECINALES

A Anne le encantó el nombre del programa que hace Hogar de Cristo con Cooperativa: Ojos que Sí Ven. “Ver al otro, eso es lo que necesitamos”, dijo, alentando los encuentros comunitarios.

 

—La otra vez que conversamos decías que, además de apoyar a las madres, te interesa que ellas construyan redes, participen de la comunidad y se transformen en líderes de sus barrios. ¿Por qué?

—Ahí está uno de los grandes desafíos de los próximos diez años. Primero nos llamamos Niños Primero; después entendimos que lo importante eran las familias y los adultos significativos. Hoy creo que el siguiente paso es ayudar a reconstruir la comunidad. El tejido social en Chile está muy dañado.

—¿En qué lo ves?

—Nos fuimos encerrando en nuestras casas. Ya no conocemos a los vecinos, no confiamos en quienes viven cerca, los niños dejaron de jugar en la calle porque hay miedo: al tránsito, a la delincuencia, al narcotráfico. Cuando uno no tiene recursos para resolver los problemas por sí solo, esas redes cercanas son fundamentales. Son las que permiten salir a trabajar, ir al supermercado o simplemente saber que alguien puede ayudarte si lo necesitas.

Anne hace una distinción.

—Muchas personas creen que tienen una red de apoyo porque cuentan con un familiar que vive lejos. Pero una cosa es una red afectiva y otra muy distinta una red de apoyo cotidiana. Lo que necesitamos es volver a encontrarnos con quienes viven cerca, recuperar la confianza y reconstruir comunidad.

Resume así su convicción: “Cuando el tejido social se rompe empiezan a imponerse formas menos humanas de relacionarnos. Impera la ley del más fuerte, del más vivo. Por eso creo que volver a construir comunidad es una tarea urgente”.

—Al final, Familias Primero es mucho más que un programa de apoyo a la crianza.

—Así lo entendemos. Queremos niños que crezcan protegidos, madres con herramientas y autonomía para decidir sobre sus vidas, familias fortalecidas y comunidades capaces de sostenerse unas a otras.

Familias Primero cumple este año once años de trabajo y hoy está presente en doce regiones del país.

—¿Dónde se puede conocer más sobre su trabajo?

—En familiasprimero.cl y en nuestro Instagram, @familiasprimero. Ahí contamos cómo trabajamos y compartimos los resultados de un programa que es mucho más amplio de lo que normalmente se alcanza a ver.