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Bárbara Etcheberry: “Les cuesta creer que esto no sea una estafa”

La ingeniero comercial fundadora de Soy Más que trabaja por la capacitación y la inclusión laboral de madres jóvenes en sectores de alta vulnerabilidad, se apasiona hablando de sus alumnas. Tanto de las mecánicas que hoy trabajan en una minera en Antofagasta como de las expertas en colorimetría, porque en todos los casos no es sólo un oficio rentable y gratificante lo que logran, sino quererse y creer en sí mismas.
Por Ximena Torres Cautivo
Mayo 6, 2026

Si hay una mujer que tiene redes en Chile, esa es Bárbara Etcheberry.

Privilegiada en cuanto a relaciones con el poder y el dinero, la ingeniera comercial de la UC es la hija mayor del exdirector del Servicio de Impuestos Internos, Javier Etcheberry. Hijastra de Cecilia Sommerhoff, viuda de Miguel Kast, hermano mayor del actual presidente de la República. Hermanastra del exsenador Felipe Kast, por este mismo matrimonio de su padre, ocurrido cuando ella tenía 18 años. Además, está casada con el empresario del retail Sandro Solari, con quien tiene seis hijos.

—Eres una privilegiada por donde se te mire. Ahora mismo podrías estar en el spa, haciéndote las uñas, comprándote algo…

—Eso sería estar rodeada de un muro de lata, de aburrimiento —responde, sin complicarse con el tema, la creadora de Soy Más, fundación que se dedica a dar apoyo integral a jóvenes madres. Las ayudan a completar la educación secundaria y capacitarse en un oficio, y les dan acompañamiento en lo psicológico y social durante el año que dura todo el proceso.

Aunque las tasas de nacimientos en Chile han descendido preocupantemente, en el ámbito en que se mueve Bárbara eso no es tema.

En Hora de Conversar, el programa del Hogar de Cristo en alianza con El Mostrador, afirma:

—Las nini hoy en Chile son 135 mil madres que ni estudian ni trabajan; son nini. No lo hacen, básicamente, porque están dedicadas al cuidado de sus guaguas. Marginadas del mundo laboral, lo que hace que no tengan ninguna autonomía económica y estén muchas veces sometidas a violencia de todo tipo.

La hija mayor de Javier Etcheverry, Bárbara, asegura haber heredado de sus padres su conciencia social.

Siguiendo con las cifras, actualmente el desempleo femenino en Chile alcanza cerca del 10%, superando el promedio nacional general y el masculino. Lo peor es que, entre las mujeres jóvenes —las que tienen entre 18 y 24 años—, el desempleo alcanza un 25%.

Este es el segmento con el que trabaja Bárbara.

—Nosotros vemos que hay cerca de un 20% de madres que sí quisieron serlo. En ese grupo siempre se percibe en sus ojos un brillito de esperanza. Otro grupo, menor eso sí y el más complejo, sin duda, siente que su vida no va para ninguna parte.

Por eso, el trabajo de Soy Más no se reduce a apoyar el término de la enseñanza media y ofrecer capacitación en un oficio, sino que se centra en hacerlas creer en sí mismas, en formarlas en hábitos de responsabilidad y convivencia, en mostrarles que la vida puede ser mejor. Para ellas y para sus hijos.

Bárbara lo explica muy bien:

—Desarrollar en ellas toda la parte emocional es mucho más importante que lo académico o lo laboral. Cuando las alumnas pasan por nuestro programa, no salen diciendo: “Soy la mejor en datos o en colorimetría”. Ellas dicen: “Ahora creo en mí. Sé que puedo”.

MECÁNICA EN LA GRAN MINERÍA

Soy Más replica un modelo de intervención social que nació hace años en Colombia, en la fundación Juanfe. A Bárbara Etcheberry fue su hermanastro Felipe Kast quien la vinculó con Catalina Escobar, fundadora de la iniciativa que busca transformar el dolor de jóvenes madres de alta vulnerabilidad en esperanza.

—Fuimos a Colombia a conocerlo y decidimos replicar la idea acá. Partimos en La Pintana, en una escuela de Fundación Súmate del Hogar de Cristo, que ya no existe. Hoy llevamos 15 años trabajando. Hemos ampliado nuestro trabajo, que antes era con mamás de hasta 19 años, a los 29. Y, claro, hemos descubierto que todas las brechas, todas las dificultades de nuestras mamitas tienen mucho más que ver con lo emocional que con lo educacional.

Cuenta que capacitar a una joven madre tiene un costo anual de 7 millones de pesos, por lo que hay que saber elegir para no desperdiciar recursos.

—Me gustó el modelo primero porque apoyaba a mujeres, madres, jóvenes. Y luego por la conexión con las empresas. Es decir, porque no era solo ofrecer formación en un oficio, sino eso más garantizar empleabilidad, autonomía económica.

—Y con oficios menos convencionales. A mí me entristece cuando en lo que más se forma a jóvenes vulnerables es en banquetería, pegar pestañas y teñir el pelo…

Bárbara escucha el comentario y sorprende con su respuesta. Dice:

—Uno quisiera que todo estuviera dado para que las jóvenes madres pudieran encontrar su mayor talento y desarrollarse en él de la mejor manera. Lamentablemente, vivimos en un mundo machista, donde son las propias mujeres a las que no les atrae estudiar gasfitería. El machismo está en las propias chicas, en sus familias, en sus barrios, en la manera en que fueron criadas. Por eso, tenemos una alta demanda por peluquería.

Fundación Soy Más actualmente ofrece cuatro oficios: Peluquería y Belleza; Gastronomía; Análisis de Datos; y Administración de Empresas. En Antofagasta, la fundación tiene a 20 jóvenes madres trabajando en una gran minera, luego de capacitarlas durante un año en Mecánica y Mantenimiento. Hoy son mecánicas en la gran minería, satisfaciendo una necesidad que surgió de la empresa y ofreciéndoles a ellas un tremendo horizonte laboral y económico.

—La experiencia en Antofagasta ha resultado genial. La región es la que tiene los peores números de empleo femenino, por eso ha sido emocionante que las hayan contratado a todas. Quizás porque en la cultura antofagastina está muy presente la minería y todos, mujeres y hombres, han aspirado a trabajar en las mineras.

MADRES ADOLESCENTES HIJAS DE MADRES ADOLESCENTES

Otra cuestión interesante es que los oficios que se ofrecen permiten el trabajo a distancia o híbrido, que combina lo presencial con lo telemático.

—El trabajo femenino en Chile es escaso y muchas veces informal. Cuando nuestras mamás logran entrar a una empresa, a diferencia de otras mujeres con más recursos, no cuentan con redes de apoyo. Son responsables y tienen potencial, pero sus dificultades son enormes. Por eso, poder trabajar desde sus casas, cerca de sus hijos, es una posibilidad maravillosa.

El perfil de las mamás que llegan a Soy Más tiene una característica llamativa: el 44% de las alumnas son hijas de madres adolescentes.  AGENCIA BLACKOUT

—¿Cómo se encuentra la fundación con las jóvenes a las que asiste? ¿Cómo las reclutan?

—Nosotros partimos originalmente con que los CESFAM nos daban las listas de las embarazadas jóvenes y nosotros las llamábamos y las invitábamos. Inicialmente eran muy jóvenes. Ahora extendimos la edad hasta los 29 años. Las muy jóvenes muchas veces abandonaban, desaprovechando una oportunidad que es de alto costo. Ellas no pagan nada. Apenas una matrícula de 30 mil pesos, que les devolvemos al final del proceso con intereses, como un símbolo más de su logro.

—Describe cuál es el perfil de las participantes en Soy Más.

—El promedio de edad hoy es 25 años. Es realmente un desafío que estudien todo un año, porque hay mucha necesidad económica, mucha presión por trabajar y, además, son cortoplacistas. Si mañana les sale una pega, aunque sea mala, desertan. Muchas dejaron el sistema escolar no una, sino dos o tres veces. Entonces, si mañana aparece una pega, aunque no sea muy buena y necesiten ingresos ahora, desertan. Es un grupo al que le cuesta ponerse metas a futuro, porque vive el precario día a día. Es un grupo que está muy a la deriva.

En números concretos, el 78% no tiene ingresos propios; el 22% proviene de hogares sin ninguna fuente de ingresos; la edad promedio del primer embarazo es de 19,4 años; y el 44% es hija de una madre adolescente.

—Si a su madre le pegaban, para ella está bien que le peguen. Ellas normalizan las vulneraciones. Nosotros tratamos de que tomen conciencia y puedan ir rompiendo los círculos viciosos en que están sumidas. Lo otro que hemos hecho, con un grupo de investigación de la Universidad Católica, es estudiar los traumas que arrastran.

FILATROPÍA SIN PUDORES

Las cifras impresionan: el 90% ha tenido al menos un trauma y más del 60% cuatro o más traumas, lo que es mucho. Y trauma significa violencia física y psicológica, abandono, negligencia parental, abuso de drogas, familiares privados de libertad, familias disfuncionales. En suma, se trata de mujeres expuestas a demasiado daño, a mucho dolor, donde tener un oficio no necesariamente es lo más importante.

—Ellas deben trabajar sus emociones, aprender a regular la rabia, la frustración. El éxito de nuestro programa es ese: la transformación emocional y psicosocial que hace que logren conocerse, descubrir sus potencialidades y finalmente insertarse en el mundo del trabajo.

Sigrid Navarrete es un caso de éxito de Soy Más. De sus múltiples traumas, de vender ropa usada en la feria, de domir en la calle, pasó a ser expertas en datos de una gran empresa. A criar a su hija sola, a tener autonompia y sueños. Lean su historia,

A Bárbara la emociona contar que muchas de ellas al comienzo piensan que algo turbio hay detrás de todo esto, que Soy Más tiene que ser una estafa. “Les cuesta creer que se trata de una oportunidad real y desinteresada”.

—Hay quienes critican a las familias ricas que hacen trabajo social. Lo ven como un pago de culpas más que sensibilidad. ¿Te da rabia esa mirada? ¿Te pica?

—¿Cómo te explicas la desconfianza en los empresarios, en las fundaciones, en el trabajo que tú misma haces?

—Me da lata porque siento que hay mucho desconocimiento y prejuicio. Creo también que hay culpa de los empresarios, que por muchos años no mostraban lo que hacían. Uno ve cómo en Estados Unidos no hay vergüenza de hacer filantropía. En cambio, en Chile, el predicamento es que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Yo no soy así. Yo muestro con orgullo lo que hacemos en Soy Más. Uso Instagram para contar todo lo que hacemos y logramos.