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Claudia Cepeda:

"La calle está más machista y violenta que nunca"

La directora de Acción Calle trabaja por las personas trans que viven a la intemperie en Recoleta y Santiago. Una población expuesta a la violencia, con altos niveles de consumo de pasta base y de suicidio, problemas severos de salud, como VIH y tuberculosis, y una lucha cada vez más encarnizada por el espacio, copado por migrantes, los que en muchos casos las miran como “fenómenos”.

Por Ximena Torres Cautivo/ Publicado por El Dínamo

Establecer una “Hora Queer” para acceder al baño en una hospedería y ducharse, fue significativo para el grupo que hasta 2019 lideraba la licenciada en artes visuales Niki Raveau (45).

Ella se lo contó así al capellán del Hogar de Cristo, el sacerdote jesuita Jose Francisco Yuraszeck, su ex compañero de curso en el Colegio Verbo Divino, en los años en que Niki se llamaba Nicolás y legalmente era hombre.

“Decidimos bautizar ese piloto de baño sin género en el Hogar de Cristo como ´Hora Queer´, aludiendo a esa salida de norma mediante una palabra que en la calle es desconocida y que a nosotras nos pareció interesante usar. Hicimos el afiche en papel con plumón negro y lo pegamos con cinta adhesiva en la puerta del baño de mujeres del centro de día. Nadie se atrevió a retirarlo. A las dos semanas, cayó con la lluvia”.

Esta anécdota da cuenta de los pequeños grandes logros de Acción Calle, la fundación que creó la activista trans Niki Raveau en marzo de 2017 y dirigió hasta 2019. Hoy, con su fundadora radicada en Chiloé pero siempre involucrada en la causa, es dirigida por la trabajadora social, heterosexual, emparejada y madre de una hija, Claudia Cepeda (44). ¿Su objetivo? Velar por la protección de los derechos humanos básicos del grupo de personas más vulnerables entre los vulnerables: las personas de género diverso que no tienen dónde vivir.

Acción Calle centra su quehacer en las comunas de Recoleta y Santiago, de la región Metropolitana. Principalmente, en torno a la Vega Central, “un centro económico muy bullente y de ubicación estratégica. Allí ellas, como dicen, ´pueden tirar el paño´ y vender lo que sea en la vereda, desde ropa usada que alguien les regala hasta golosinas.

-La Vega les facilita la alimentación, el que les regalen comida. Toda la Ruta de la Cuchara, que es un circuito de voluntariado que recorre los puntos donde se concentra la gente de calle entregando comida caliente, recibe donaciones ahí y, aunque nosotros somos críticos de la Ruta de la Cuchara, porque es una iniciativa que perpetúa la situación de calle y es asistencialista, entendemos que responde a una necesidad real. Nosotros no queremos hacer más de lo mismo, aunque igual recibimos donaciones. Ahora nos llegaron 50 kits de higiene del Ministerio de Desarrollo Social, pero no los repartimos en la calle. ´Las chiquillas´, como les digo con cariño, que quieran su kit tienen que ir a recogerlo a la oficina que nos cedió el Hogar de Cristo en Conchalí.

-¿Cómo son?, ¿quiénes son?, ¿por qué llegaron a la calle ´las chiquillas´, como las llamas?

-Son unas 45 personas, entre trans y mujeres, más mujeres. Ese es nuestro listado en Acción Calle, porque tampoco existe un catastro de cuántas son en total en la Región Metropolitana, menos en el resto del país. Lo que sabemos es que arrastran historias de puro dolor y exclusión; la mayoría son exiliadas de sus propias familias. Nos encantaría tener recursos y, a través de los dispositivos de calles, hacer una encuesta y cuantificar este universo, porque hoy son invisibles para las políticas sociales, que no consideran la perspectiva de género ni a los grupos divergentes.

Las escasas cifras existentes son desoladoras: en Chile, el 95% de las mujeres trans ejerce el trabajo sexual; viven en promedio 45 años y el 56% declara haber intentado suicidarse. Sólo el 25% concluye sus estudios secundarios.

Un único dato alentador, pero que no toca a las mujeres es que el 84,7% de hombres trans que declararon estar estudiando considera que el trato entre pares y con docentes mejoró con la ley de identidad de género. En materia laboral, el panorama en la región no es mejor: en Costa Rica, el ciento por ciento de las personas trans manifiestan haber sufrido algún tipo de discriminación en el trabajo. Y en Ecuador, el 67,4% de las personas trans empleadas han vivido discriminación, exclusión o violencia en el ámbito laboral.

Houssing First para los LGBTIQ+

Claudia Cepeda es sencilla. No se las da de nada, así es que cuando advierte que fue la única trabajadora social que aceptó y se ha mantenido trabajando con Acción Calle desde que la llamaron, uno le cree y la valora. Como ella misma dice: “Me reclutaron dos mujeres trans muy distintas. Una la Niki Raveau y la Paris López, a quien conocía de antes en Fundación Emplea. Se trataba de ayudarlas a hacer lobby con el Ministerio de Desarrollo Social para lograr el acceso y bienestar de las poblaciones trans en los albergues públicos y en el programa Noche Digna. La idea era empujar esa política pública”.

La trabajadora social inició su carrera profesional en Emplea, fundación que se dedica a la inclusión laboral de los marginados del mercado del trabajo. “Pero pronto me di cuenta de que la mejor escuela para el trabajo social es la temática de calle. Lo digo muy humildemente, pero después de conocer la realidad de las personas en situación de calle, ningún tema de pobreza te queda grande”, comenta Claudia.

-¿Por qué la fundación no lograba apoyo profesional?

-Porque la pobreza extrema en calle asusta. Se trata de personas deprivadas en todos los sentidos. No tienen acceso a los derechos básicos, partiendo por la vivienda, el abrigo, agua potable, alimentación, salud, empleo. Carecen de todo, por lo tanto es mucha la intervención que necesitan. Recién ahora se está haciendo trabajo social con enfoque de género para las personas de calle, pero no hay estudios ni mucha gente especializada. Las trabajadoras sociales se asustaban y se iban. No volvían, porque abruma la temática. Yo soy más de actos que de palabras… así es que acepté y aquí estoy.

Esto pasó en 2018, antes del estallido y de la pandemia, en que estos temas empezaron a hacerse más presentes. La visibilización de la población LGBTQ+ en las protestas, por ejemplo, ayudó, lo mismo que acciones como el Día del Orgullo Gay que ya viene, el 28 de junio. Pero “las chiquillas” desconfían, creen poco.

“Hace un tiempo un grupo de investigadores de la Universidad de Chile me pidieron entrevistar a nuestras participantes porque estaban levantando un estudio con enfoque de género. Yo se los planteé a ellas y no quisieron ser parte. Lisa y llanamente, me dijeron que estaban cansadas de que otros se llevaran los galardones gracias a ellas, que siempre resultaban perdedoras. A mí me parece razonable, porque son discriminadas en todos los ámbitos, en especial en el laboral, y están cansadas. Por su condición trans, siempre quedan fuera de todo. Todo lo que no sea binario es discriminado socialmente”.

La directora de Acción Calle entiende las adicciones, la prostitución, el suicidio, la violencia en que viven las personas trans en calle como estrategias de sobrevivencia, propias de su precariedad extrema. No juzga y ahora batalla porque sean consideradas en el revolucionario programa Houssing First –Vivienda Primero– que en Chile se aplica desde 2018 en varias regiones de Chile.

El dispositivo consiste en dar una casa sin condiciones a las personas que llevan más de 5 años de vida en calle, con apoyo psicosocial especializado durante tres años. Los que no lo hemos vivido difícilmente imaginamos lo que es la soledad e invisibilidad de la calle. Como dijo el creador de esta política, el estadounidense Sam Stemberis:

“Lo más útil de este programa es la rapidez con la que se pasa del modo supervivencia al de vida. Ocurre de la noche a la mañana. Alguien entra en un departamento con sus bolsas y al día siguiente se ha duchado y ha dormido en una cama, tiene una llave en la mano y es como cualquiera de ese edificio. Los demás no te miran cuando eres un sin techo. Aunque te sientas muy expuesto, eres invisible para el resto. Y de pronto vives en un apartamento y tus vecinos te saludan con un buenos días, ¿qué tal?”.

Menstruar en calle

“Julio López es el nombre que figura en su carnet, documento que odia, porque nada de lo que dice la representa, por eso se hace llamar Paris, que es femenino o masculino. Puede ser un príncipe troyano o una socialité a la que admira y cree que se parece. Acá está la desmesurada vida de una persona que vive en la calle desde los 10 años, es trans, padece VIH y se declara anarquista”, así presenté en 2018 a Paris. Fue en una entrevista a Paris en revista Paula. Paris es una persona trans clave en el grupo Acción Calle.

La pandemia la ha tenido por las cuerdas dadas sus enfermedades, ya que al VIH se agrega la tuberculosis. “Y ahora está sumida en el consumo de pasta base, lo que agrava sus problemas de salud, aunque su cabeza conserva la lucidez de siempre. Yo a Paris le tengo un cariño y una admiración enormes”, declara Claudia.

-¿Por qué tanta admiración?

-Porque viene de una familia muy pobre, es hija de una madre alcohólica con muchos niños. Ella me ha contado de su niñez en “una caleta” famosa en los años 80, la Chuck Norris, que existía a la orilla del río Mapocho, al poniente de Santiago. En esos tiempos se llamaba “caleta” a un grupo de niños y jóvenes abandonados que se buscaban la vida como fuera. Para pasar el frío, el hambre, la pena se volaban con neoprén. Eran los niños neopreneros de esos años, capaces de impresionantes actos de solidaridad entre ellos, como ir a meterse a una comisaría en tiempos peludos, de dictadura, a preguntar por una chica de la calle desaparecida. ¡Imagínate: la fueron a reclamar!, liderados por la Paris, que siempre ha tenido una tremenda conciencia política. Siempre ha sido consciente y muy luchadora.

-¿Cómo está ahora?

-Se atiende en el Hospital Salvador; ahí le entregan su terapia y el Ensure. Yo estoy en permanente contacto con ella a través de una amiga que tiene un puesto en La Vega.

Niki, la fundadora, está apartada del mundanal ruido en Chiloé, pero sigue trabajando de manera remota por la causa de la inclusión y el respeto de los derechos de las personas trabs. “La Niki nunca ha estado en situación de calle. Ella es profesora, académica, investigadora del arte”.

Niki, incluso intentó ser concejala por Santiago como independiente con apoyo del Partido Ecologista, lo que la convirtió en la primera candidata trans a un cargo político electoral por Santiago. También fue directora y co-fundadora de la Fundación Transitar, primera comunidad dedicada a la infancia y juventud trans en Chile, de la que surgió la Fundación Selenna. En esos afanes, publicó un libro, “Señales” con fotografías de Paz Errázuriz, la Premio Nacional de Arte 2017, de personas trans de lo más diversas. Y fue pareja de la emblemática actriz trans Daniela Vega.

Era poco diplomática, Niki en sus tiempos de activismo. En una carta abierta de hace 5 años atrás, explica el trato que le daban los servicios de salud de Providencia a su amiga Paris López, leemos:

Existe un mapa de personas trans y travestis en calle en pésimas condiciones de salud. Por ejemplo, a las trans en calle que han ´feminizado´ su cuerpo pero mantienen carnet masculino, no las reciben en los albergues cristianos. Algunas estamos cansadas, pero para otrxs ha sido un fin de año realmente duro y cruel. Mañana, Paris López cumple 41 años de edad. Mañana, es Día Internacional de la Lucha contra el VIH y SIDA.

“Vivimos en un contexto de falta de políticas públicas en VIH, en un contexto de crisis, sumado al silencio de los colectivos gays más preocupados del matrimonio igualitario y de las campañas electorales que de otra cosa. ¿Quién se preocupa, moviliza e inquieta por las ´cuerpas´ más vulnerables? ¿Qué pasa con la salud trans/travesti?”.

 Hoy son los tiempos de una mujer hetero que batalla por las personas trans. “Hoy nos interesa combatir el flagelo de la exclusión laboral. Lo que queremos enfocar a ´las chiquillas´ a lo ocupacional, para darles herramientas y que ellas puedan generar sus propios emprendimientos, con sus propios recursos, porque cuesta muchos hacerlas encajar en empresas o entidades públicas. Ellas quieren hacer joyería, vestuario, artesanía, venta de productos”.

-¿Ha cambiado la calle post estallido de 2019?

-La calle está muy violenta. Más peligrosa. Y es muy machista. Existe mucha tensión, porque hay mucha más gente en calle. Muchos de ellos vienen de culturas aún más patriarcales y violentas que la nuestra. Y la pelea por los espacios es feroz. A “las chiquillas” las ven como fenómenos. “Ustedes no son personas normales”, les dicen y las han corrido a golpes. Yo misma he presenciado peleas a linchazos.

-¿Hay esperanza?

-Tenemos esperanza, querida, por el enfoque de género que el gobierno le quiere dar a la política de calle. Hay otras ayudas, como la del Hogar de Cristo y la de Francisco Román, de la Fundación Gente de la Calle, que siempre nos ha apoyado. Fue así con la campaña “Menstruar en calle”. Nadie imagina cómo es menstruar sin un baño a mano, sin la mínima higiene, sin una toalla o un tampón. Organizamos con la ayuda de matronas voluntarias charlas en puntos de calle para informar sobre cuestiones básicas de higiene y cuidado sexual, porque la población trans es muy promiscua. Ahora hay mesas de trabajo oficiales sobre salud con perspectiva de género. Esos son avances, porque no existen personas más discriminadas e invisibilizadas que estas y, pese a toda la violencia que viven, aún creen en el amor romántico. Eso a mí me conmueve. Por eso mi llamado es a los abiertos de cabeza que empatizan con el dolor humano: ayúdennos. Invito a desarrollar la comprensión y a entender desde el amor a las personas trans en calle. Ayúdennos.

Si te importan las personas en situación de calle, involúcrate. 

 

 

 

 

 

 

 

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