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El secreto mejor guardado de las personas en situación de calle

Advertencia: si vas a leer esto, prepárate. Aleja de ti cualquier prejuicio. Para describirlo, basta decir que detrás de cada persona, hay otra escondida.

Por Matías Concha

Contrario al imaginario, vivir en situación de calle puede resultar estresante.

“Uno vive preocupado de que no te echen, de que no se lleven tus cosas, de que no te asalten, de que no te peguen… Por ejemplo, hoy día desperté con carabineros, abrieron mi carpa, no me saludaron, nada, solo me dijeron: “Pásanos tu carnet”. Es triste que te traten así por pobre”.

Vivir en la calle pasa por una elección despreocupada, por una búsqueda de libertad.

“Todos los de la calle vivimos así por alguna razón, algo pasó, no es porque sea rico o bonito, o porque nos guste el hueveo, no. En mi caso, quedé cesante, perdí la custodia de mi hijo, mi casa, todo”.

Agustín (31) no quiere que su hijo sepa cómo vive. Por respeto a su persona, mantendremos su verdadero nombre en el anonimato. “Estoy durmiendo en una carpa, igual es fuerte, el frío es fuerte. Tengo un hijo, por él estoy tratando de salir adelante. Por él lavo y cuido autos, tengo un triciclo, de todo. Y si vivo hoy en la calle es porque no tengo donde más estar, porque como se dice, me tocó “bailar con la fea”.

¿El consumo problemático de alcohol y otras drogas es un deterioro moral?

“Cuando he tomado, que no han sido muchas veces, ha sido para salir de este mundo un rato, porque igual te desconecta, te saca del olor que hay en la calle, te libera de la mierda indigna que estás viviendo, de la nube negra”.

Matías Morales (25) se fue a la calle cuando sintió que ya no había espacio para él en su familia. Desde hace tres meses pasa las noches en una carpa instalada a un lado de Plaza Italia. “En mi casa estaba la cagada, en plena separación. Como mi papá está sin pega y mi mamá les paga la carrera a mis hermanos, no había nada en la casa. Hasta un pedazo de pan era tema de peleas, nos sacábamos todo en cara. Ahí me di cuenta que yo era el que estaba sobrando, entonces me fui con lo puesto”.

La frase “El ocio es la madre de todos los vicios”, ¿aplica en contextos de exclusión social?

“Yo tomo sólo en las noches, en el día cocino, trabajo, cuido autos, junto cachureos, hago aseo. Me gusta tomar más que nada por el frío, así uno lo aguanta más”.

¿Las personas que están en la calle son sujetos inmorales y viciosos?

“A mi papá no lo conocí, fue exiliado el 73 y nunca más lo volvimos a ver. Mi mamá era profesora pero quedó internada, con depresión. Entonces empecé a trabajar a los 13 años en una obra de la construcción. Ahí los viejos me invitaron mi primer copete”.

Freddy Cornejo (48) está en situación de calle desde los 8 años.

“Me acuesto como a las cinco de la mañana, después me levanto como a las ocho, ahí voy comprar verduras para cocinar, me baño y a darle con la pega, no soy ningún flojo”.

La invitación, entonces, es a valorar sus experiencias de vida y dejar a un lado los discursos moralistas y cuestionadores. Las personas con problemas de consumo lo hacen como una medida de autocuidado frente a experiencias traumáticas: a Freddy lo abandonó su padre, a Matías lo excluyó su familia, como nos dijo Agustín; a los tres les tocó bailar con la fea.

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