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En Ancud:

Murió la dulce Agnes

Estuvimos en Chiloé, en la víspera del matrimonio de esta amorosa mujer niña, que se casó en 2022 con Choñito, su amor durante dos décadas. Hoy el viudo la llora, tal como hace toda la comunidad ancudatina que la quiso y la ayudó a reconstruir su casa. Este es un sencillo homenaje que le hacen quienes la conocieron, disfrutaron con su ser ingenuo, su capacidad para declamar poesías y su infinita ternura.

Por Ximena Torres Cautivo

5 Enero 2024 a las 21:00

No alcanzaron a estar dos años casados, la Agnes y el Choño.

Agnes Thorlacius Nielsen –que nuncase había “matrimoneado”– se convirtió en esposa a los 77 años en abril de 2022. Nosotros la conocimos un mes antes del matrimonio, pero nos perdimos los sones de las cumbias y las guarachas con que celebraron el enlace en el Registro Civil de Ancud. Entonces nos contó que ella y Antonio Díaz (59) tenían dos décadas de vida en común, pese a los 18 años de diferencia.

Ahora, Agnes está muerta. Murió este fin de semana pasado y el Choño, como buen viudo, la llora.

En ese encuentro que tuvimos, todo era felicidad: habían reconstruido su casa en una población de la ciudad, gracias a un activo grupo de voluntarios –Acción Solidaria de Ancud–. Ellos movilizaron a la comunidad, a algunos empresarios locales e hicieron todo tipo de actividades para recolectar fondos. La vivienda original, que no tenía servicios básicos, se llovía entera y literalmente se caía a pedazos. Pero fue rehecha en tiempo récord.

Juntos, casándose en abril de 2020.  Menos de dos años después, Agnes murió en Ancud.

A Agnes y al Choñito los alojaron en una mediagua durante los pocos meses que duró la construcción en una operación logística que se sostiene gracias a la solidaridad ancuditana, fielmente encarnada en esta organización de voluntariado notable.

La casa de Agnes quedó mucho mejor que una vivienda básica, ahí, en la calle Río Pudeto sin número. Toda forrada en lata, resplandecía por fuera y nos acogió con tibieza por dentro. Adentro, había un baño, un dormitorio de buen tamaño y un amplio estar con la cocina incorporada. Se apreciaba la mano y la voluntad solidaria de quienes ayudaron a esta adulta mayor sorprendente, tanto por su memoria como por su desmemoria.

“La primera casa estaba muy viejita. Me goteaba. Caía agua y humedecía mi cama. Cuando vino la Paulita, me explicó que me iban a  arreglar mi casita viejita y nos llevaron a vivir a otro parte. En mayo del año pasado, un día, a las cinco de la tarde, me la entregaron nuevita. Cuando volvimos con el Choñito a recibirla, estaba lleno de gente afuera, que nos aplaudía. Ahora estoy contenta, feliz. Yo a mi Choñito lo quiero ir como si fuera mi papá. Choñito, ven –le dice al hombre moreno, flaco, menudo, que le responde a gritos, porque entre muchos males, Agnes no escucha por el oído izquierdo y ve casi nada por el ojo derecho, a causa de las cataratas.

Él se acerca y ella le dice con solemnidad en su hablar lleno de diminutivos: “Yo te quiero mucho, hermanito, por eso ahora nos vamos a casar. Tenemos todo listo, hermanito. Ya tienes tu trajecito, solo nos faltan tus zapatitos nuevos. Dame un besito ahora, así somos nosotros, cariñositos”.

Agnes disfrutó de su casa por más de dos años y de condición de casada por poco menos de dos.

LOS PINGÜINOS QUEDARON PENDIENTES

Ruth Caicheo, trabajadora social a cargo del Programa de Atención Domiciliaria para Adultos Mayores (PADAM) del Hogar de Cristo en Ancud, y la técnico social que trabaja con ella, Fanny Torres, hace un par de semanas comentaron que, “con altos y bajos”, Agnes estaba bien.

Ambas eran un soporte clave en la vida de esta participante del programa desde el año 2017.

Ruth Caicheo, Agnes y Fanny Torres. Un trío que se quería y se entendía. La trabajadora social y la técnico del Programa de Atención Domiciliaria para Adultos Mayores de Ancud eran una ayuda invaluable para la dulce Agnes, quien murió en Ancud este fin de semana.

Ruth dice: “Yo entré a trabajar al PADAM ese año. Entonces en nuestras instalaciones funcionaba el Comedor Fraterno, y Agnes y Antonio acudían a almorzar a diario. Así fue como ella se hizo usuaria de nuestro programa, empezamos a visitarla y conocimos las condiciones precarias en que vivía y el abandono de su grupo familiar más cercano. Ella entonces tenía un hermano en un hogar de ancianos en Castro, mucho mayor que ella, que murió hace un par de años. También tiene un hijo, un hombre que vive en Puerto Natales con el que no mantiene ningún vínculo. Ella habla muy poco de su familia y desconocemos muchos detalles de su vida anterior”.

El PADAM es acompañamiento y atención domiciliaria, sobre todo en situaciones complejas. Ruth y Fanny apoyan a 30 adultos mayores vulnerables, llevándoles alimentación, leña, útiles de aseo, pañales, además de acompañarlos en trámites y necesidades específicas. Lo clave es el acompañamiento, ayudarlos a paliar su soledad e integrarlos.

Agnes asiente y comenta: “Yo quiero mucho a la tía Ruti; es como una hermanita para mí. Ella una vez me dijo: ´Agnes, ¿quieres ir al Hogar de Cristo a hacer cositas lindas para Navidad?´. Entonces hicimos muchos adornitos bonitos. También me acuerdo cuando fuimos de paseo a los Saltos del Petrohue y otra vez que nos subimos todos en un barco grande para ir a las pingüineras, pero el Choñito no pudo acompañarnos. Me gustaría que fuera un día a ver a todos esos pingüinos que yo conocí”.

Las encargadas del PADAM desconocieron detalles claves de su biografía, pero sabían todo de su realidad, como que recibía una pensión básica solidaria, que, antes de la reconstrucción de la casa, tenía cortado el suministro de agua por una deuda impaga con la empresa Essal; que no contaba con ninguna posibilidad de ahorro para la vivienda; y que la intervención de Acción Solidaria fue “como si a Agnes y Choño les hubiera caído del cielo la ayuda de un grupo de super héroes o de ángeles… Y ahora se vienen más cosas lindas para ellos”, dice Ruth.

Agnes, quien murió repentinamente en Ancud, era una recitadora inspirada. Tierna, a ratos parecía una niñita.

Agnes murió repentinamente este fin de semana en Ancud, pero se sabía que estaba débil y tenía varios problemas de salud. Se partida resulta algo tan natural como insalvable que le impidió el sueño de llevar al Choñito de paseo a las pingüineras, como nos dijo esa vez que conversamos. Ahora Choñito, Ruth, Fanny, los líderes de Acción Solidaria de la ciudad y toda la comunidad ancudita lloran a esta mujer niña, niña mujer, nacida y criada en pobreza rural, que al final de sus días armó una familia sui generis.

 -Yo ya no tengo a nadie, a nadie, a ninguno de mi familia. Están todos muertos, principalmente muerto está mi hermano mayor, el Lufo. Tenía más de 109 años y se murió hace poco, entonces me quedé sola. Tengo otra familiar en Castro, pero no le hago caso, porque esa hermana mía siempre fue muy mañosa conmigo. Ella me clavó un palo de escoba aquí abajo, en la guatita. Era mala, mala. De más joven tuve un hijo, pero está en Puerto Natales. Hace muchos años que no lo veo. Él sabrá lo que hace; ya es mayor de edad. Yo no lo necesito, porque ahora tengo mi hogar propio, mi casa nueva, mi familia propia.

Si te conmueve la historia de Agnes, ayúdanos a ayudar a otros adultos mayores de Ancud y de todos Chile, aquí. 

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