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Manuel Muñoz de Rostros Nuevos “La enfermedad no nos impide nada; nosotros somos los que nos limitamos”

“Mi enfermedad, aunque yo no la llamo enfermedad, consiste en que tengo un 50 por ciento de capacidad mental. Pero eso no me afecta en nada, me tiro a los leones y trato de salir adelante siempre. La enfermedad a mí no me limita, yo la limito a ella”, cuenta Manuel Muñoz (40 años), participante del programa Centro de Preparación para el Trabajo de fundación Rostros Nuevos, del Hogar de Cristo.

Manuel es el menor de tres hermanos, padre de un hijo veinteañero y todo un emprendedor. Tiene su propio negocio de pan, el que prepara y vende muy temprano por las mañanas. Es una herencia de su madre, quien salía junto a sus dos hermanos mayores a vender en las micros. Helados en verano y dulces en invierno. Cree que de ahí proviene su capacidad comercial. Tenía 26 años cuando sus padres fallecieron. Primero su papá, el 6 de agosto, de una bronconeumonía fulminante, y al año siguiente, el mismo día, su mamá, de un paro cardíaco. “Justo el Día del Niño”, dice Isaac, el hermano mayor de Manuel, que también presenta discapacidad mental. Y Manuel acota: “Mi papá nos dijo ‘se las dejo un año y después me la llevo’. Y así lo hizo”.

Manuel e Isaac participan desde el año 2015 en el centro de Rostros Nuevos. Su hermano Reinaldo, el del medio, es el que se preocupa de ellos. Fue él quien buscó el programa para que sus hermanos pudieran capacitarse. Actualmente viven los tres juntos, más el hijo de Manuel.

Manuel e Isaac participan, además, en el Coffee Break de Rostros Nuevos, un exitoso emprendimiento gastronómico de la fundación. Son unos de los integrantes más antiguos. Preparan los tapaditos, el café, los jugos, las mesas, todo para que los comensales disfruten de un exquisito tentempié durante reuniones y seminarios. “No ingresamos al tiro, nos fueron evaluando y viendo si estábamos capacitados para trabajar en este tema. La primera vez que fuimos al Coffee nos llevaron al Hogar de Cristo. Bueno, el Isaac ya había ido a otro en Entel, a mí me invitaron después porque soy más reacio a lo público. Pero fue bonita la experiencia porque aprendimos cosas que no sabíamos. Saqué más personalidad de la que ya tengo, porque me atreví a hablar con las personas, a hacerles bromas, que me las respondieran y así fui tomando un poco más de confianza”, cuenta Manuel.

-¿Hay nerviosismo antes, durante, el coffee?

-Al principio, cuando vamos llegando, queremos que salga todo rápido y bien. Nos estresamos un rato, pero cuando vemos la mesa lista nos relajamos y que vengan a servirse no más.

-¿Por qué alguien o una empresa debería contratar los servicios del coffee de Rostros Nuevos?

-Porque son muy ricas las cosas que se preparan acá. El pollo, el jugo… Los tapaditos, por ejemplo, llevan tomate, lechuga con mayonesa, ave mayo o carne mayo. Todo es rico. Todo se hace acá, en el Centro de Preparación Laboral.

-¿Cómo nace la idea de un emprendimiento propio?

-Cuando era chico iba a vender a la feria. Todo lo que tengo en las manos, lo vendo. Desde niño que me gusta andar emprendiendo cosas. Antes de tener el horno, empecé a trabajar con una churrasquería acá en mi casa, con una pequeña que tengo y empecé a venderle churrascos a los vecinos. Me compran todo, porque son buenos para comer. Además, los olores y la buena atención llaman a la gente. Hay que tener siempre una sonrisa para el cliente. Para el emprendimiento de ahora nos inscribimos en un curso de Fosis y ahí nos dieron 160 mil pesos. Mi sueño siempre fue tener un horno para trabajarlo en la casa y dije, aquí está la mía. Es un horno semi industrial, de 60 por 60. Me caben 25 panes por lata y son dos. Vendo el pan en la calle. Isaac me acompaña para que dé vuelto y se atreva también a tratar con las personas, a cobrarles. Vamos a los supermercados, hay gente que nos conoce y nos hace pedidos a la casa. Hacemos reparto a domicilio en bicicleta o en el triciclo de Isaac.

-¿Qué has aprendido en Rostros Nuevos?

-En general, a llevarme mejor con las personas, porque antes era bien reacio. Ahora soy uno más del montón, lo paso bien con los chiquillos, me entretengo.

-Ahora eres líder, un ejemplo…

-Sí -dice entre risas-. Tratamos de hacer lo mejor que se pueda para los chiquillos, para que se den cuenta que pueden hacer cosas y lograrlas. Que no se queden estancados con ‘que mi enfermedad me lo impide’. La enfermedad no les impide nada, nosotros somos los que nos limitamos a las cosas.

-¿De dónde te viene este espíritu de que nada te limita?

-Siempre ha sido mío, digo nada me limita y que todo lo puedo. Siempre he sido así y he podido. Y si me limito a algo, trato de sacarlo igual. Hay cosas que sí me frustran pero las hago igual. He tenido malas experiencias, pero no las cuento porque hay que pasarlas.

Los tres hermanos Vásquez tienen un almacén, bazar, paquetería y mini amasandería. Un minimarket. “Todos tenemos ese lado comerciante. Y mi hijo Guillermo, igual. Lleva dulces para venderlos en la escuela”, cuenta Manuel, con orgullo.

-¿Qué esperas hacer con tu negocio a futuro?

-Poder llevar compañeros para que vean que se puede y trabajemos todos en equipo. Y motivarlos para que saquen su propia pyme y tiren para arriba solos. Así como nosotros, que con ayuda fuimos independientes. Y lo mismo quiero hacer yo, darles un poco de ayuda a los chiquillos, el empujón para que también salgan adelante. Tengan su carrito de completo, lo que se les ocurra.

 

 

 

 

 

 

 

 

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