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Rodolfo Alcaíno:

“Hay mucho individualismo e insensibilidad en Chile”

Este administrador público de 59 años acaba de cumplir 10 dedicado a la causa del padre Hurtado. “El acompañamiento es fundamental entre las personas en situación de vulnerabilidad y exclusión”, afirma el actual colaborador de la Hospedería de Mujeres de Estación Central.

Por Mauricio Bascuñán

 

Llegó al voluntariado simplemente a través del sitio web de Hogar de Cristo. “Un fin de semana, frente a computador decidí darle un sentido social a mi vida. Como los programas sociales de la fundación están muy cerca de mi casa, di el paso. Creo que una sabiduría universal que me trajo acá. Hay mucho individualismo e insensibilidad en el país, debemos pensar en los otros”.

Después de postular a través de internet, lo llamaron para que se informara sobre las líneas temáticas en las que podría aportar. Rodolfo lo tenía bien claro: adultos mayores y personas en situación de calle. Dice que son los más abandonadas y excluidos por la sociedad. Los mayores de 65, en pocos años más en Chile duplicarán su número, y una gran parte lo hará con ingresos bajísimos. Y en el caso de los que viven a la intemperie, aislados y abandonados, es donde hay mayor sufrimiento y vulneración de derechos fundamentales, así es que su opción era obvia.

Así llegó a la hospedería Álvaro Lavín, de Santiago Centro. Alexis Valenzuela, actual jefe del programa, le explicó cómo ser voluntario, porque, aunque tenía muchas ganas de aprender, “no sabía cómo serlo”. Trabajó cuatro años en esa hospedería, acompañando a los acogidos, conociendo sus realidades y ayudando también cuando más de alguno tuvo un problema de salud o alguna rencilla personal con un compañero. Dice que compartir y tener una relación directa con el otro, que muchas veces está dañado, lo marcó. “En esos primeros años iba casi todos los días después del trabajo. No por obligación, sino porque estaba en un proceso de aprendizaje y me sentía como en casa. Ellos son muy sabios porque todos han pasado durante su vida por muchísimas dificultades. Esto no enriquece el bolsillo, pero sí la parte espiritual. Aquí vivimos otra dinámica, otra energía”.

Cuenta que los participantes de los programas sociales de la fundación, a veces, creen que el voluntario es distinto porque ha pasado por cosas diferentes, o simplemente porque vive en otra comuna. “Con el tiempo se van soltando cuando uno los escucha activamente. Debemos hacer que se sientan importantes. A veces simplemente ayudo a servir la comida, a celebrar un cumpleaños o sólo converso con ellos”.

Hace tres años, luego de compartir intensamente con los adultos de la hospedería Álvaro Lavín, decidió expandir su trabajo no remunerado y asistir a la de mujeres de Estación Central. En el cambio aprendió aún más. Con jóvenes, mamás con sus hijos pequeños y adultas mayores comparte espacios de conversación, juegos y pequeños talleres que pueden ayudar a las acogidas a conocer más sobre números o el cine, su gran pasión.

Antes de despedirse, reflexiona: “Debemos pensar más con el corazón que con la razón. El Hogar de Cristo me dado muchas herramientas para mejorar mi trabajo, aunque la vocación de ayudar a los demás no se aprende en ninguna parte”.

Sobre el impacto que ha generado el caso Poblete, opina que es necesario separar aguas: “Lo que pasó es gravísimo, pero yo vengo por el servicio que se hace con las personas en situación de vulnerabilidad; que ellas sigan recibiendo atención y herramientas para salir adelante es lo que importa”.

 

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